La Ley 700, que establece mecanismos de protección de los animales contra actos de crueldad y maltrato, deja fuera de la figura penal de biocidio a la fauna silvestre, una exclusión que, según Susana del Carpio, de Animales SOS, impide que la muerte masiva de animales provocada por incendios forestales y chaqueos pueda ser sancionada bajo ese delito.

Fuente: ANF
Del Carpio sostuvo que la normativa fue redactada de manera restrictiva y que el delito de biocidio alcanza a animales domésticos, pero no a las especies silvestres. A su criterio, esta exclusión no fue un simple vacío legal, sino una decisión política adoptada durante la elaboración de la norma.
“Fue una decisión política”, afirmó la activista a ANF, quien cuestionó que la discusión de la ley se haya realizado “a puertas cerradas”. Según su interpretación, incorporar a la fauna silvestre dentro de la figura penal habría tenido consecuencias para quienes realizan quemas destinadas a habilitar terrenos para actividades agrícolas y ganaderas.
Del Carpio consideró que el chaqueo y las quemas provocadas pueden ocasionar una muerte masiva de animales. Mencionó, entre otras especies, a los monos que quedan atrapados o afectados por el fuego cuando los incendios destruyen los bosques. Desde la perspectiva de la protección animal, sostuvo que estas muertes constituyen un biocidio, aunque jurídicamente no puedan ser perseguidas bajo la Ley 700 debido a la exclusión de la fauna silvestre.
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“Si se hubiera incluido a la fauna silvestre en la Ley 700, el chaqueo habría sido catalogado inmediatamente como delito de biocidio”, sostuvo Del Carpio. En su criterio, esto habría generado responsabilidades penales para quienes provocan quemas y destruyen hábitats naturales.
La magnitud de esa mortalidad ha sido objeto de investigaciones científicas. Un estudio publicado en 2021 en Ecología en Bolivia, titulado “Muerte de mamíferos por los incendios de 2019 en la Chiquitania”, estimó que el fuego provocó la muerte directa de aproximadamente 5,9 millones de mamíferos en más de dos millones de hectáreas de bosque chiquitano.

La investigación, realizada por Luis Pacheco y otros autores, calculó la mortalidad para 48 especies y estableció diferencias que iban desde cuatro jaguares hasta más de 3,6 millones de roedores. Los investigadores también estimaron, mediante muestreos de campo, la muerte de 3.060 individuos pertenecientes a cinco especies de mamíferos y de 6.220 taitetús.
Los autores aclararon que se trataba de una estimación de la mortalidad directa ocasionada por el fuego y que no incluía los animales que pudieron morir posteriormente debido a la pérdida de alimento, refugio y territorio. El trabajo fue presentado como una primera aproximación a la magnitud del impacto de los incendios sobre los mamíferos.
La dimensión del problema volvió a evidenciarse en 2024. El biólogo Vincent Vos estimó que más de 10 millones de animales, entre mamíferos, aves, anfibios y reptiles, murieron como consecuencia de los incendios, principalmente en Santa Cruz y Beni. Se trata de una estimación científica y no de un censo oficial.
El impacto, además, no se limita a los animales que mueren durante las llamas. Una investigación publicada en la revista Fire, que analizó incendios ocurridos entre 2001 y 2020 en 58 Áreas Clave para la Biodiversidad de Bolivia, determinó que el fuego afectó la distribución de 54 especies de aves amenazadas y 15 especies endémicas. El estudio advierte que los animales que logran escapar pueden enfrentar posteriormente hambre, depredación y pérdida de hábitat.
Para Rocío Picaneré, líder del pueblo ayoreo, las consecuencias de los incendios también alcanzan directamente a las comunidades indígenas cuya subsistencia depende del bosque.
Picaneré señaló que los incendios de 2019 y 2024 afectaron territorios indígenas como las TCO Sapocó y Tobit, destruyendo áreas utilizadas tradicionalmente para la caza y la recolección. “El bosque es nuestro sustento de vida”, sostuvo la dirigente a ANF al explicar la importancia de estos territorios para las familias ayoreas.
La pérdida del bosque implica también la desaparición de frutos, semillas y animales silvestres que forman parte de la alimentación y subsistencia de las comunidades. “Ya no hay los animales ni los frutos que antes encontrábamos en nuestro territorio”, señaló Picaneré al describir las consecuencias de los incendios.

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