¿Qué se siente al caminar entre los restos de unas seis millones de personas? Descienda y recorra con RFI las Catacumbas de París, el osario subterráneo más grande del mundo y una cita obligada para los turistas que buscan experiencias realmente diferentes en la capital francesa. Este lugar único está abierto al público desde 1809 y acaba de ser completamente renovado.
Fuente: RFI
El texto corresponde a una parte de la transcripción del reportaje sonoro, cuya versión integral encontrarás en este artículo.
Tuve una vecina, madame Besnard, una señora de 95 años con quien solía conversar sobre su vida parisina. Vivíamos en un edificio de arquitectura típica del siglo XIX. Alguna vez me comentó que los restos de uno de sus ancestros yacían en Las Catacumbas de París. Sin más detalles, ella no tenía más y yo no necesitaba más para despertar mi curiosidad por este osario subterráneo. El más grande del mundo.
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Acompañada por Hélène Furminieux, responsable de comunicación y de mediación con los públicos del sitio, la experiencia comienza bajando 131 peldaños de una escalera de caracol. El cambio es inmediato.
«Efectivamente, aquí se nota que la temperatura ha bajado un poco. Es más o menos constante en todo el recorrido. Es decir, a esta profundidad, estamos alrededor de catorce grados durante todo el año», explica Hélène.
Antes de llegar a los huesos, el camino revela un pasado aún más remoto: un universo de piedra caliza que fue un mar tropical hace 45 millones de años. Una luz azul ondulante en los túneles recuerda ese origen marino antes de que la piedra fuera extraída para construir los edificios y monumentos de París.

El Imperio de la Muerte
Tras caminar casi 800 metros, un letrero tallado en piedra frena en seco al visitante: «¡Para! Es aquí el Imperio de la Muerte».
A partir de 1809, lo que eran simples canteras se acondicionaron como osario debido a que los cementerios de la ciudad ya no podían absorber a más difuntos. Hoy, los muros están construidos con hileras de fémures y tibias que se alternan con cráneos.
«Me da una vibra que me gusta. No pienso mucho en el sentido dramático. Un poco tenebreoso, pero estoy bien. Está chulo», comenta Daniel Rodríguez, un visitante de Sevilla, España que llegó atraído por la historia y por el hecho de la banda de rock estadounidense, Queens of the Stone Age, grabara en 2025 un concierto en este laberinto de cadáveres.

Todos iguales ante el final
Para otros, como la psicóloga escolar Ruth Netzahuatl, el espacio invita al recogimiento y a la reflexión sobre la historia de quienes construyeron la ciudad actual.
«Hay una frase por aquí que dice: ‘Todos somos iguales ante la muerte’. Y creo que este lugar nos lo recuerda. Que todos somos iguales y que no hay distinciones», dice la mexicana afincada en Francia.
Se estima que los restos de 6 millones de individuos descansan aquí. Aunque no hay nombres individuales, están distribuidos según el cementerio o el hospital de origen, conservando un rastro de su existencia.
«Sabemos que todos los habitantes de París que murieron antes del siglo XIX están aquí», precisa Hélène Furminieux.
1,5 km de recorrido bajo el suelo de París
Caminar por las catacumbas es perder la noción del tiempo. No es solo la osamenta: es la profundidad y la oscuridad. Es como si estuvieras frente a la eternidad.
Después de una mañana observando cada hueso que cuenta la historia de los parisinos —donde quizá descanse el ancestro de Madame Besnard— el regreso implica subir 112 peldaños más. Al final del esfuerzo, el premio es recuperar el aliento y reintegrarse nuevamente al «Imperio de la Vida», con su ruido y su movimiento cotidiano.
