
A 10 meses de haber accedido al gobierno, la confianza en las acciones gubernamentales se encuentra en mínimos históricos. Si bien la ciudadanía tiene razón al preocuparse por la trayectoria de dicha confianza en la vida pública, este diagnóstico es general y difícil de refutar, dado el amplio espectro de malas funciones que comete el gobierno. En un momento en que el gobierno está experimentando cambios importantes en la forma en que contrata, compra, recopila, organiza y presta servicios, resulta valioso explorar con mayor profundidad la confianza en estas facetas.
El riesgo y las implicaciones de la pérdida de confianza en el sistema y cómo nos estábamos acercando a puntos críticos, los escenarios no solo pretenden servir como advertencia, sino también como base de referencia para planificar futuras acciones, en caso de que la confianza continúe disminuyendo, ya sea de forma general o específica. Desde el gobierno al considerar reformas y mejoras en funciones gubernamentales clave también deberán tener en cuenta si la ciudadanía volverá a creer en un sistema de baja confianza y cómo lo harán. Según la encuesta conocida esta semana más de la mitad de la población no confía en el gobierno. Abre el debate sobre las deficiencias en la gestión pública, por qué estas deficiencias existen y cómo el gobierno puede servir mejor a los ciudadanos.
La gestión pública es un asunto complicado. Necesitamos analizar y hacer un esfuerzo mayor para entender mejor cuáles son los factores que están causando estas deficiencias y cómo podemos encontrar maneras efectivas de solucionarlas, hay que ver cómo la buena gestión pública se ve socavada por la retórica gubernamental acerca de una buena provisión de servicios y la realidad. La desconfianza es una respuesta lógica frente a una economía que funciona para unos pocos y no funciona para la mayoría, cuando el poder político está en manos de pocos, las mayorías desconfiarán del gobierno, las personas pobres son tan inteligentes como las personas ricas, no se puede creer que ellas no pueden ver que el sistema de políticas públicas las perjudica. Desde el gobierno se debe hacer hincapié en la participación ciudadana y en los mecanismos de rendición de cuentas del gobierno, la gente no confía en el gobierno porque prometen de manera excesiva y no cumplen (sus promesas). Pero cuando las personas ven que el alumbrado público funciona y que los baches en las calles son reparados, es más probable que ellas paguen los impuestos, que son los que permiten prestar estos servicios. Esto es un círculo virtuoso.
Los ciudadanos aducen razones válidas para esta disminución de confianza, la respuesta del gobierno ante el desastre de los carburantes, el dólar cada vez más caro, los enfoques sobre transparencia y rendición de cuentas, las profundas desigualdades históricas no atendidas, las diferentes concepciones sobre el papel del gobierno ante las acusaciones de corrupción, pareciera que muchos de los funcionarios gubernamentales no toman en serio estas tendencias. Hay diversas acusaciones que analizan las consecuencias de la baja confianza desde múltiples perspectivas, pero, en resumen, la legitimidad de las democracias se basa en la confianza. Una menor confianza implica una menor participación en las funciones que el gobierno desempeña o impulsa de forma exclusiva, ya sea en la aplicación de medidas en educación, salud, prestaciones o seguridad. Esta menor confianza se traduce en un menor rendimiento de dichas funciones para todos. Esto tiene un efecto en cadena, ya que las instituciones democráticas se debilitan cuando el gobierno no puede, no cumple o no se cree que cumpla con las expectativas de sus ciudadanos.
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La impunidad frente a la corrupción es un factor enorme que influye en la falta de confianza de los ciudadanos con el gobierno. En muchos lugares, la corrupción es muy obvia y la gente la ve, ese tipo de actos de corrupción se deben reducir hasta eliminarlos. La evidencia debe mostrar que la transparencia sirve y mucho. La corrupción a gran escala, es un problema más intrincado y no se nota que se hayan producido algunos avances para combatirla. La confianza es, obviamente, un concepto maleable y flexible, que cambia según el contexto y la experiencia individual. Teniendo esto en cuenta, consideramos muchas señales que podrían indicar que la ruptura de confianza, o las consecuencias negativas derivadas de ella, son cada vez más frecuentes. Estas señales abarcan desde la presidencia y la composición de la fuerza política que acompaña a este hasta las promesas incumplidas, lo que deriva en una hostilidad pública y política muy visible. En conjunto, esperamos se den cuenta de que la relación entre la ciudadanía y el personal gubernamental se está deteriorando.
Cuando las personas tienen oportunidades de participar en proyectos de leyes que las rigen, existen mayores probabilidades que les parezcan más razonables y es más probable que crean que esas leyes son legítimas, es reiterativa la importancia de una participación significativa de los ciudadanos. Cuando las personas se organizan seriamente para enfrentar los problemas, se ven resultados. Una de las características distintivas del extenso aparato de gobierno es su credibilidad. Las instituciones gubernamentales y el propio gobierno dependen de los datos que el gobierno recopila, analiza y publica para la toma de decisiones. El diseño de gobierno debe ser para ayudar a planificar y prepararse, no para predecir el futuro. Lo que debe quedar claro es que la confianza es la base de muchas funciones vitales en el gobierno, y si bien dicha confianza puede resistir la variabilidad, las rupturas de confianza tienen consecuencias. Y, fundamentalmente, si no hay una línea divisoria clara que indique cuándo comienza o termina esa confianza con el gobierno.
Mgr. Fernando Berríos Ayala / Politólogo