
Fuente: DW
Cuando el Gobierno alemán culpó públicamente a Rusia el 1 de septiembre por el fallido ataque con drones al aeropuerto de Leipzig, anunció una serie de medidas de represalia y una postura más firme contra la denominada flota fanstama rusa.
Julian Pavlak, experto en seguridad marítima del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP) en Berlín, dijo a DW que no es fácil constatar que se trata de buques ilegales: «El transporte de estas mercancías por alta mar no es ilegal en sí. A eso se suma que parte de esta flota fantasma está vinculada a las llamadas actividades híbridas, es decir, a actos de sabotaje, espionaje, posiblemente a ataques con drones y a las disrupciones consiguientes».
Según Sara Nanni, experta en política de seguridad de Los Verdes, Alemania ha hecho muy poco para combatir este problema: «Los rusos financian su guerra contra Ucrania y su comportamiento agresivo hacia Europa mediante su flota fantasma». Hay que tomar medidas contra ellos, recalca, porque «esa es la única manera de persuadir a Rusia para que vuelva a la mesa de negociaciones».
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Además, critica la inacción del Gobierno alemán: «Otras naciones lo hacen en el mar Báltico, pero Alemania no. Escucho del ministro del Interior que esto es técnicamente o legalmente difícil. Pero creo que no hacerlo es una decisión política, y considero que es un error».
Finlandia, a la vanguardia en el combate a la flota fantasma
Con «otras naciones», se refiere Nanni, por ejemplo, a Finlandia. A finales de 2024, cuando el petrolero Eagle S. arrastró un ancla por el lecho marino en el Golfo de Finlandia, dañando el cable submarino Estlink 2, la guardia fronteriza finlandesa confiscó el buque. Después, un tribunal finlandés desestimó la demanda por daños materiales graves.
El experto en seguridad Sönke Marahrens, de la Universidad de Kiel, elogia esa estrategia finlandesa en entrevista con DW: «Enviaron un mensaje claro a la otra parte: ¡Sabemos lo que están haciendo y vamos a detenerlos! Y se pudo ver que, tras este mensaje contundente, la otra parte lo entendió y modificó su comportamiento».
Además de Finlandia, también Gran Bretaña, Francia y Suecia están tomando medidas rigurosas contra los buques sospechosos, inspeccionando los navíos y controlando sus documentos.
¿Son las amenazas de Rusia infundadas?
Es probable que el Gobierno alemán, con su actitud moderada, quiera evitar una escalada con Rusia, más aún tras la victoria en el estado de Sajonia-Anhalt del partido de ultraderecha AfD, que busca mejorar las relaciones germano-rusas. Según las encuestas, el temor a una guerra en Europa también fue un factor decisivo en esos comicios regionales. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, incluso calificó las acusaciones alemanas contra Moscú por el incidente con los drones en Leipzig como «el comienzo de una guerra real».
Sin embargo, Johannes Peters, del Instituto de Política de Seguridad de Kiel, considera que «otros Estados europeos están adoptando una postura más firme, y contrariamente a los temores y a la retórica rusa, en realidad, no está ocurriendo nada. Rusia no está intensificando la situación, sino que la está evitando por completo. Estamos viendo que, en particular los petroleros con cargamentos muy valiosos, están evitando actualmente las aguas suecas, porque los suecos han detenido a más buques».
Tripulaciones rusas armadas a bordo
Las inspecciones de barcos rusos sospechosos no están exentas de riesgos, afirma Julian Pavlak. Estonia, por ejemplo, tuvo serios problemas con el buque petrolero Jaguar. En mayo de 2025, las autoridades estonias intentaron detener e inspeccionar un buque sospechoso en aguas territoriales del país. Rusia entonces desplegó un avión de combate, y los estonios permitieron al petrolero continuar su viaje.
Esa región es, desde luego, un aspecto relevante. «En el mar Báltico, Rusia está geográficamente mucho más cerca y tiene otras opciones, incluido el despliegue de unidades militares de apoyo», señala Pavlak.

Controles aumentarían costos para Rusia
Otro experto en seguridad, Johannes Peters, advierte, además, que «estos controles no acabarán con este sistema; más bien, solo buscan sobrecargar a Rusia con riesgos, incertidumbres y aumento de sus costos».
Y para corroborarlo pone un ejemplo numérico: «Si solo un barco puede navegar por día en lugar de tres, eso se traduce en pérdidas de ingresos de decenas o cientos de millones diarios. Si el tránsito no dura x días, sino x más cuatro, todo esto reduce los ingresos rusos. Y los ingresos por exportaciones de petróleo son vitales para la economía de guerra rusa».
(rmr/cp)