No soy especialista en hidrocarburos. Soy simplemente un ciudadano, como muchos, preocupado por el destino de los recursos de Bolivia.
Por eso me hago una pregunta que considero fundamental:
Si nuestras dos refinerías tienen una capacidad de diseño de 63.750 barriles diarios, pero actualmente procesan solo alrededor de 24.000, apenas 38% de su capacidad de diseño ¿no deberíamos analizar seriamente la posibilidad de importar crudo para utilizar esa capacidad ociosa, en lugar de importar directamente gasolina y diésel?
Aquí es donde, como ciudadanos, nos cuesta entender una aparente contradicción. Mientras tenemos una importante capacidad industrial instalada y ociosa, seguimos dependiendo en un alto porcentaje de la importación de combustibles terminados.
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De forma inexplicable recién en estos días el Gobierno ha planteado importar inicialmente 10.000 barriles diarios de crudo, con el argumento de que permitiría aumentar la producción nacional de gasolina del 27% al 40% y la de diésel del 5% al 8%. El Gobierno estima un ahorro de aproximadamente US$49 millones anuales por la reducción de importaciones de combustibles.
La pregunta ciudadana es sencilla:
¿Cuánto nos cuesta realmente cada alternativa?
¿Cuánto pagamos por importar un litro de combustible terminado?
¿Cuánto costaría importar el crudo, transportarlo, refinarlo y distribuir sus derivados en Bolivia?
Los bolivianos necesitamos tener una información totalmente transparente, conocer la cuenta completa.
Si refinar en Bolivia resulta más barato, naturalmente debemos hacerlo. Si no resulta conveniente, también debemos saber por qué.
Durante demasiado tiempo hemos aceptado que Bolivia tenga que importar cada vez más combustibles como si fuera un destino inevitable. Tal vez llegó el momento de preguntarnos si, además de buscar nuevos mercados y nuevas fuentes de hidrocarburos, podemos aprovechar mucho mejor la infraestructura que ya tenemos.
¿Estamos utilizando de la manera más eficiente los recursos de Bolivia? En una época de escasez de divisas, cada dólar cuenta.
Porque cuando hablamos de cientos o miles de millones de dólares, no estamos hablando de dinero del Gobierno: estamos hablando del dinero de todos los bolivianos.
Por esa justa razón, mi cordial invitación no es solamente al Gobierno Nacional, es también a los ingenieros, economistas, empresarios, trabajadores petroleros, universidades, instituciones y ciudadanos. Abramos el debate a nivel nacional.
Pero que sean los números, y no las consignas, los que tengan la última palabra.
Fernando Crespo Lijerón
