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Cómo Jean Piaget descubrió las etapas ocultas que moldean la manera en que comprendemos el mundo
Introducción
Jean Piaget, uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX, reveló una verdad sorprendente. Todos los seres humanos atravesamos cuatro transformaciones dramáticas en la forma en que comprendemos el mundo. Estas no constituyen meras mejoras menores en la memoria o la inteligencia; se trata de reescrituras fundamentales del modo en que opera nuestra mente. Cada etapa modifica aquello que podemos percibir, imaginar y razonar. Y una vez que se ha transitado a la siguiente etapa, resulta casi imposible pensar del modo en que se hacía anteriormente. Veamos, pues, quién fue Piaget y en qué consisten estas etapas. Al término de este artículo, el lector tendrá una comprensión más clara de cómo ha evolucionado su propio pensamiento y de cómo podría seguir transformándose.
Jean Piaget fue un psicólogo suizo que inició su carrera estudiando biología, pero se sintió fascinado por el razonamiento infantil. Observó que los niños más pequeños solían ofrecer los mismos tipos de respuestas erróneas a ciertas preguntas, no porque carecieran de conocimientos, sino porque su pensamiento seguía una lógica completamente diferente. Piaget comenzó a preguntarse si los niños piensan de manera distinta. ¿Podría la mente humana atravesar realmente etapas predecibles de desarrollo?
Para descubrirlo, dedicó décadas al estudio de cómo piensan y aprenden los niños, a menudo iniciando con su propia familia, con la precisión de un científico y la paciencia de un padre. Lo que descubrió se convirtió en una de las ideas más influyentes de la psicología: la teoría del desarrollo cognitivo, la noción de que nuestro pensamiento evoluciona a través de cuatro etapas universales distintas, cada una de las cuales transforma la manera en que comprendemos el mundo antes de alcanzar su madurez plena.
Etapa uno: El mundo sensoriomotor
La primera etapa comienza en el instante en que entramos al mundo. Para un lactante, la vida se reduce a sensaciones y movimiento. La vista, el sonido, el tacto, el gusto y el olfato constituyen datos en bruto que aguardan ser organizados.
En esta etapa, el bebé aún no comprende que los objetos existen cuando no pueden ser percibidos visualmente. Para un recién nacido, la realidad consiste en una cadena de momentos desconectados. Un sonajero frente a él existe en ese momento y luego desaparece. Para él, deja de existir.
Para nosotros, esto podría parecer obvio, pero para Piaget fue revolucionario porque reveló que incluso la realidad básica no está determinada de forma innata; se construye.
Este concepto, la permanencia del objeto, constituye uno de los descubrimientos más célebres de Piaget.
En sus experimentos, Piaget mostraba a un bebé un objeto pequeño y luego lo cubría. Para los lactantes más pequeños, sus ojos se desviaban hacia otro lugar como si nada hubiera sucedido. Pero a medida que se aproximaban a su primer aniversario, ocurría algo notable: comenzaban a buscar el objeto oculto.
«La mente del niño había construido silenciosamente una nueva regla: que el mundo existe incluso cuando se encuentra fuera de la vista.»
Etapas dos y tres: De la imaginación a la lógica
Alrededor de los dos años de edad, el mundo del niño experimenta un cambio dramático. El lenguaje se desarrolla con rapidez. El juego se torna imaginativo. «Un palo puede transformarse en una espada, una caja de cartón en una nave espacial.»
Sin embargo, aunque la creatividad florece, la lógica se halla todavía en sus fases iniciales. Una de las observaciones clave de Piaget en esta fase es el egocentrismo. No se trata de egoísmo, sino de la suposición de que los demás perciben el mundo exactamente del mismo modo que uno mismo.
Para demostrarlo, Piaget ideó la famosa tarea de las tres montañas. Se presenta a un niño un modelo de tres montañas, cada una con rasgos distintos. El niño observa el modelo desde un lado, mientras se coloca una muñeca en el lado opuesto. Al preguntársele qué ve la muñeca, el niño en etapa preoperacional suele describir su propia perspectiva, sin ser consciente de que la perspectiva puede variar.
Esta etapa también se caracteriza por el pensamiento animista, que consiste en atribuir cualidades humanas a los objetos. El sol podría seguirte a casa. Un oso de peluche podría sentirse triste si se lo abandona solo.
El siguiente salto es la llegada de la lógica, pero no de cualquier lógica: se trata de una lógica que se puede ver, tocar y poner a prueba en el mundo real. En las tareas de conservación de Piaget, un niño que antes insistía en que un vaso más alto contiene más agua ahora se detiene, reflexiona y afirma: «No, es lo mismo».
La mente ya no se deja engañar por las apariencias. Puede imaginar el proceso que subyace a lo que percibe. Los niños en esta etapa pueden clasificar, ordenar y razonar acerca de eventos concretos. Comienzan a comprender la causa y el efecto. Pueden planificar con anticipación. Sin embargo, todavía requieren ejemplos tangibles para reflexionar sobre las cosas.
Etapa cuatro: El surgimiento del pensamiento abstracto
Y en el salto final, la mente se adentra en la abstracción. Ahora el pensamiento ya no está constreñido por aquello que puede verse o demostrarse físicamente. Los adolescentes pueden imaginar posibilidades, razonar mediante hipótesis y debatir cuestiones de moralidad, política o filosofía.
Piaget denominó a esto razonamiento hipotético-deductivo: la capacidad de formular una hipótesis, someterla a prueba mentalmente y deducir la conclusión más lógica sin necesidad de verificarla en el mundo real.
Es también la edad en que el idealismo suele florecer con frecuencia. Un joven podría cuestionar por qué la sociedad funciona de la manera en que lo hace o imaginar futuros radicalmente distintos. Comienzan a percibir no solo lo que es, sino también lo que podría ser.
Esta etapa marca la llegada de la metacognición, es decir, el pensamiento sobre el propio pensamiento. Permite dar un paso atrás, evaluar el razonamiento propio e incluso remodelar la forma de pensar.
El legado de Piaget y por qué sigue siendo relevante
La teoría del desarrollo cognitivo de Piaget ha ejercido una influencia enorme. No obstante, investigaciones posteriores han revelado matices importantes. Algunos estudios muestran que los niños pueden alcanzar ciertos hitos cognitivos antes de lo propuesto por Piaget. Por ejemplo, con tareas simplificadas o materiales familiares, niños más pequeños han demostrado capacidades que en su momento se creía que pertenecían exclusivamente a etapas posteriores.
Otras investigaciones sugieren que el desarrollo cognitivo podría ser más continuo: un fortalecimiento gradual de las habilidades en lugar de cuatro saltos separados. Los contextos culturales y educativos también desempeñan un papel. En comunidades donde los niños asumen responsabilidades adultas de manera temprana, ciertas habilidades lógicas pueden manifestarse antes. En contraste, una exposición limitada a la educación formal puede retrasar aspectos del razonamiento abstracto.
A pesar de estas precisiones, la intuición central de Piaget de que los niños construyen activamente su comprensión mediante la interacción con el mundo sigue constituyendo un pilar fundamental de la psicología del desarrollo. Su trabajo sentó las bases del constructivismo, un enfoque que continúa configurando los métodos de enseñanza modernos y la investigación sobre cómo aprenden los seres humanos.
Las ideas de Piaget no permanecieron confinadas a los manuales de psicología. Transformaron las aulas. En lugar de tratar a los estudiantes como recipientes pasivos que debían llenarse de hechos, su enfoque constructivista fomentó el aprendizaje a través de la exploración, la experimentación y la resolución de problemas. En la educación infantil temprana, esto significa proporcionar a los niños objetos reales para manipular y espacio para formular sus propias preguntas. En la educación secundaria, implica desafiar a los estudiantes con problemas abiertos que exigen razonamiento, no memorización.
La teoría de Piaget nos muestra que el pensamiento no es una habilidad única con la que nacemos. Se trata de un proyecto de construcción a lo largo de toda la vida. Cada etapa no se limita a añadir más conocimiento: modifica el marco mismo que utilizamos para comprender el mundo. La mayoría de nosotros completamos estas etapas durante la infancia, pero ello no significa que el proceso haya concluido. La misma curiosidad, experimentación y disposición a cuestionar suposiciones que impulsan el desarrollo en nuestros primeros años pueden seguir moldeándonos en la edad adulta.
Por consiguiente, tal vez la lección real de Piaget no sea únicamente cómo crecen los niños.
«Es que nunca debemos dejar de reconstruir nuestras mentes.»
