2066


 

 



Es el año 2066. Festejamos el 14 de septiembre dándonos un baño en la laguna Alalay. Nuestros nietos hicieron un torneo de bote sin motor en el río Rocha. Y los que pudieron, decidieron zambullirse en sus aguas cristalinas. Después paseamos por los inmensos bosques urbanos. Fueron momentos memorables. Vimos picaflores, horneros, y palomas volando libres y sin temor.

¿Utopía o realidad?

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La cochabambina Rebeca Galetovic Schoengut, actriz de teatro, preguntó en Facebook: «¿Sabían que el agua de muchos lagos, ríos y fontanas en Suiza está tan limpia que incluso puedes tomarla?  Mis amigos suizos apreciaban mi alma aventurera y mis ganas de disfrutar; es increíble cómo cambia la perspectiva con las diferentes realidades. Lo que para ellos puede ser normal, para mí era increíble, extraordinario y luego de vivir y conocer esto, debo admitir que me deprimí muchísimo al llegar a Cocha y ver el río Rocha y la laguna Alalay tan pero tan descuidados… y eso para nosotros es normal. Mi perspectiva también cambió. Sueño con poder nadar en ríos y lagos en Cocha, poder disfrutar de la naturaleza en medio de la ciudad y sentir que también podemos estar orgullosos.”

Cierra su publicación diciendo: «¿Qué creen que deberíamos cambiar para que algún día esto también sea posible en Cocha? ¿Serán nuestras autoridades, nuestras costumbres, nuestra educación… o un poco de todo? ¿Qué creen que deberíamos cambiar para mejorar?”

Me animo a responderle y decirle que Bolivia podría ser la Suiza de Sudamérica, pero no al “modo Tilín”, cuando cacareaba sus absurdas cifras, haciéndonos creer que todo iba bien, cuando en verdad, nos íbamos directo al fondo del precipicio. Podríamos ser la Suiza donde nos bañemos en ríos de agua sin mercurio, si las autoridades hicieran cumplir la ley.

Ahí está la diferencia. En Suiza no juegas con los policías. No los sobornas. No te pasas el semáforo en rojo. En Suiza se toman las leyes y especialmente, las formas de hacerlas cumplir. Allá, cuando hay un juicio, no se busca corromper al juez. En Bolivia, desde hace tres años se busca castigar a los culpables de haber torturado y asesinado a un oso Jucumari en Chuquisaca.  Las organizaciones Alas Chiquitanas y Senda Verde piden a las autoridades y al sistema de justicia: “Cumplan con su deber. Actúen con transparencia y rigor. Que los responsables de este crimen reciban la PENA MÁXIMA que permita el marco legal aplicable”.

¿Cómo es posible que hayan pasado tres años y los culpables no hayan recibido su merecido? Ellos difundieron su hazaña en las redes sociales. Han sido completamente identificados, pero la justicia de Plurilandia es una broma. Es fácilmente corrompible y los culpables salen libres.

Quizá por eso, en 2066, nuestros nietos puedan bañarse en el Rocha y la Alalay sin traje de astronauta, mientras los picaflores regresan a los bosques urbanos y los ríos dejan de ser depósitos de basura, mercurio y promesas electorales. No será magia. Será el resultado de haber entendido, cuarenta años antes, que una ley sirve para algo más que adornar una Gaceta Oficial.

Porque el futuro no se construye con discursos, cifras maquilladas ni autoridades que llegan para administrar el desastre. Se construye haciendo hoy, lo que en Suiza parece tan aburridamente normal: cumplir la ley, respetar la naturaleza y hacer que quien destruye, contamina o mata responda por sus actos. De lo contrario, en 2066 seguiremos sonriendo a las cámaras, desfilando y mirando una triste bandera, en medio del fétido olor que recibe a los visitantes, con la ironía de que Cochabamba significa “tierra sobre lagunas”.

Mónica Briançon Messinger

La autora es periodista