Cámara Boliviano Paraguaya presenta el Proyecto Ñemopeteï para conectar Bolivia con Brasil, Paraguay y los mercados del Pacífico y el Atlántico


El proyecto propone una ruta internacional de aproximadamente 1.222 kilómetros y una inversión estimada de hasta USD 1.300 millones. Su apuesta es captar parte del enorme flujo agrícola del centro-oeste brasileño y convertir a Bolivia en un nodo estratégico del comercio sudamericano.

La Cámara Binacional de Comercio e Industria Boliviano Paraguaya presentó el Proyecto Ñemopeteï, el cual propone una nueva visión para la infraestructura vial boliviana: conectar Santa Cruz con Brasil y Paraguay y, al mismo tiempo, articular tres grandes corredores bioceánicos de la región para crear una alternativa logística hacia los mercados del Pacífico y el Atlántico. El evento se realizó en las instalaciones de CAINCO con la presencia de los principales ejecutivos de esta institución empresarial.



La iniciativa contempla un corredor internacional de aproximadamente 1.222 kilómetros, de los cuales 616 kilómetros corresponden al departamento de Santa Cruz, estructurado en tres tramos: San Ignacio de Velasco–Marfil, de 148 kilómetros; Roboré–Hito VII, de 129 kilómetros; e Hito VII–Filadelfia, de 365 kilómetros.

Más que una carretera, Ñemopeteï plantea la posibilidad de construir un nuevo eje logístico para el comercio sudamericano, especialmente para la producción agrícola de Brasil, Bolivia y Paraguay con destino a los mercados asiáticos, conectando el Pacífico con el Atlántico.

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“Este es un proyecto ambicioso, que venimos desarrollando hace un año y va a generar un gran impacto no sólo en Bolivia, sino en Brasil, Paraguay, toda la región del Mercosur e inclusive a nivel global en los temas logísticos y económicos, por lo que significa Latinoamérica como granero del mundo. Ñemopeteï, que significa ‘unidad’, uniría todas las carreteras de Brasil, Bolivia y Paraguay”, explicó José Luis Camacho, presidente de la Cámara Binacional Boliviano Paraguaya.

 

Una alternativa frente a las rutas actuales hacia Asia

La principal oportunidad económica identificada por el proyecto está en el transporte de la producción agrícola de Mato Grosso, Mato Grosso do Sul y Rondônia, regiones brasileñas que actualmente utilizan rutas hacia el Atlántico y enfrentan mayores distancias y congestión para llegar a los mercados asiáticos.

De acuerdo con las estimaciones incluidas en el proyecto, determinados flujos podrían reducir su tiempo de transporte desde aproximadamente 58 a 61 días por la ruta del Atlántico/Barcarena hasta unos 43 días mediante una ruta hacia el Pacífico a través de Bolivia. La diferencia potencial sería de entre 15 y 18 días.

Ese diferencial constituye uno de los principales argumentos económicos de Ñemopeteï: ofrecer una alternativa logística capaz de competir por parte del flujo de carga que actualmente utiliza otras rutas.

 

El mercado está en la carga agrícola brasileña

El proyecto parte de una premisa central: existe un volumen significativo de carga potencial que podría utilizar el nuevo corredor.

Para el tramo San Ignacio–Marfil, el estudio considera alrededor de 37,8 millones de toneladas de exportaciones hacia Asia y estima una captación del 66,8% del flujo potencial analizado, equivalente a aproximadamente 888.000 camiones y automóviles al año.

Para el eje Roboré–Hito VII–Filadelfia, la estimación considera 44,7 millones de toneladas de exportaciones a Asia y proyecta cerca de 838.000 vehículos anuales, además del flujo turístico entre Bolivia y Paraguay.

“El costo del proyecto está alrededor de 1.300 millones de dólares. Creemos que una alianza público-privada para desarrollar esta carretera es ahora más necesaria que nunca, uniendo inversiones de Bolivia, Paraguay y Brasil, sin dejar de lado a Chile y Argentina, a quienes también les significa potenciales ingresos a sus puertos y sus comunidades”, indicó el presidente de la Cámara Binacional Boliviano Paraguaya.

“En términos económicos, lo que estamos buscando y proponiendo son distintos cambios a la normativa de la ley, Ley de inversiones, Ley de alianzas público-privadas, para tener posibilidades de concesiones a largo plazo de 30 o 40 años, que permita realmente buscar la inversión privada, la inversión pública, y también de multilaterales internacionales que participen, como el Banco Mundial, CAF, FMI, Fonplata, inclusive algunos fondos privados o algunos bancos privados que también les interesen”, agregó Camacho Miserendino.

Asimismo, remarcó la importancia de que los empresarios bolivianos apuesten por este proyecto, nacido en Santa Cruz, corazón de Bolivia y Sudamérica, “que abre un horizonte de 50 años para las exportaciones nacionales y el desarrollo de la frontera agrícola y ganadera”.

¿Qué puede ganar Bolivia?

Para Bolivia, la propuesta tiene implicaciones que van más allá de la conectividad. El corredor facilitaría la salida de productos bolivianos como soya, algodón, urea y sal hacia Brasil, Paraguay y los puertos del Pacífico y el Atlántico. Al mismo tiempo, la conexión San Ignacio–Marfil es presentada como una infraestructura relevante para incorporar a la Chiquitanía a los grandes circuitos agrícolas regionales.

El proyecto también plantea una transformación en el papel de Bolivia dentro del comercio regional: pasar de ser principalmente un país de tránsito a convertirse en un nodo logístico estratégico entre los grandes polos productivos de Brasil y Paraguay y los puertos del Pacífico y el Atlántico.

A nivel local, el aumento del flujo vehicular podría generar nuevas actividades económicas alrededor de la carretera: estaciones de servicio, restaurantes, hoteles, talleres, comercio, logística, agricultura y ganadería. En el caso de Roboré, el estudio estima un impacto económico anual cercano a USD 50 millones y unos 25.500 empleos, entre actividades productivas y servicios asociados al nuevo flujo vehicular.

 

La apuesta: conectar corredores, no competir con ellos

Uno de los elementos estratégicos de Ñemopeteï es que no plantea competir directamente con los corredores bioceánicos existentes, sino conectarlos.

La propuesta busca articular IIRSA Norte, IIRSA Central e IIRSA Capricornio, generando una conexión transversal entre Brasil, Bolivia, Paraguay, Argentina, Chile y Perú.

Esta perspectiva cambia la escala del proyecto. Su importancia potencial ya no estaría limitada a Santa Cruz o a las zonas fronterizas, sino a su capacidad para integrarse en una red mayor de comercio e infraestructura sudamericana.

“Es muy buena iniciativa que va a beneficiar a tres países para lograr conectividad y nosotros estamos abierto a esto. Es un proyecto que para Paraguay también resultará muy beneficioso por la posibilidad de conexión vial a través de la ruta bioceánica que conecta hasta la Argentina y también hasta Chile, por un lado, y por el otro, hacia Brasil para salir al Atlántico y a través de Argentina y Chile al Pacífico, donde están los mercados asiáticos que son los compradores de oleaginosas y granos que van a beneficiar a nuestros países”, indicó el cónsul de Paraguay en Bolivia, Julio César Echagüe.

En ese sentido, el Proyecto Ñemopeteï plantea una discusión que va más allá de la construcción de infraestructura. Su apuesta es convertir a Santa Cruz y Bolivia en un puente logístico entre el centro-oeste brasileño, Paraguay y los mercados del Pacífico, con la posibilidad de reducir tiempos de transporte y generar una nueva plataforma de integración económica sudamericana.

Ñemopeteï, en última instancia, no se presenta como una carretera, sino como una apuesta por reposicionar a Bolivia dentro del mapa logístico y comercial de Sudamérica.