Agenda bilateral y multilateral alterna, diplomacia y Embajadores
Por Raúl Palza Zeballos
La participación de Bolivia en la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas vuelve a poner sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de un discurso presidencial: ¿está Bolivia realmente preparada para volver al mundo y, al mismo tiempo, para que el mundo vuelva a Bolivia?
La presencia del presidente Rodrigo Paz Pereira en Nueva York y la agenda bilateral y multilateral que acompaña su participación en la Asamblea General constituyen una oportunidad de oro que no debería reducirse a una fotografía, un discurso o una sucesión de reuniones protocolares.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
Dicho esto,los encuentros de alto nivel pueden abrir oportunidades concretas para el país en materia de comercio, inversiones, cooperación y relaciones políticas. De hecho, la agenda desarrollada antes de la intervención ante la ONU ya incluye reuniones bilaterales y contactos orientados a temas económicos y de cooperación.
Con el optimismo que aguardamos esta nueva participación de Bolivia, sería deseable que el discurso del Presidente Rodrigo Paz Pereira cuente con una importante presencia de Jefes de Estado y de Gobierno. No podemos dejar de recordar la experiencia de la anterior participación presidencial boliviana en la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre de 2025, cuando el entonces Presidente Luis Arce Catacora intervino ante la 80.ª Asamblea General.
La experiencia de aquella jornada mostró que la presencia de un mandatario en la tribuna de Naciones Unidas no garantiza, por sí sola, la concurrencia que se espera de otros líderes, como decimos en nuestro lenguaje popular, ni suena ni truena. .
Más allá de las circunstancias políticas de cada momento, esta experiencia debería servirnos para comprender que la diplomacia presidencial requiere una agenda previa, una adecuada preparación y, sobre todo, una red diplomática capaz de generar los contactos y las condiciones necesarias para que la presencia de Bolivia tenga la mayor repercusión internacional posible.
Ahí comienza otra tarea: sostener en el tiempo lo que se negocia en las reuniones de alto nivel.
¿Quién lo hará?
Las Embajadas.
¿Y los Embajadores?
Aquí aparece una pregunta que sigue esperando respuesta: ¿hasta cuándo?
La demora en la designación de representantes diplomáticos contrasta con la necesidad de proyectar una nueva política exterior, no se trata simplemente de llenar espacios, por el contrario se trata de tener presencia efectiva allí donde Bolivia necesita defender sus intereses, abrir mercados, atraer inversiones y fortalecer relaciones políticas y económicas.
Aquí conviene hacer una precisión: nadie cuestiona la facultad constitucional del Presidente Rodrigo Paz Pereira para elegir a sus Embajadores,al constituirse en una potestad y atribución presidencial.
La discusión es otra ¿Puede esa decisión política estar acompañada por una diplomacia profesional, permanente y de carrera? la respuesta institucional debería ser SI, un Embajador puede ser elegido por decisión política del Presidente, pero detrás de él debe existir una Cancillería profesional que conozca la historia de las relaciones bilaterales, los tratados, los organismos internacionales y los intereses permanentes del Estado., lo que salvando contadas excepciones no ha ocurrido en el pasado
No se trata de enfrentar diplomáticos políticos contra diplomáticos de carrera, se trata de que ambos puedan complementarse, porque una cosa es la confianza política y otra la experiencia profesional.
Una cosa es representar al Gobierno y otra es representar al Estado, nuestra Patria necesita recuperar precisamente esa diferencia. La Ley 465 del Servicio Exterior reconoce la carrera del Ministerio de Relaciones Exteriores y establece el escalafón diplomático, esa estructura profesional no debería ser entendida como un privilegio corporativo, sino como una herramienta del Estado, porque los gobiernos pasan,.los intereses nacionales permanecen.
Por eso la diplomacia no debería convertirse en una carrera de designaciones, no a las carreras, a la carrera diplomática.
La diplomacia tampoco significa gasto, significa inversión, cada Embajada puede ser una puerta para la inversión, el comercio, la cooperación, la cultura, la ciencia y la tecnología, pero una puerta cerrada o sin quien la abra difícilmente puede cumplir esa función.
Entonces, mientras Bolivia vuelve a mirar al mundo desde Naciones Unidas, quedan algunas preguntas:
¿Bolivia está preparada para aprovechar esta nueva oportunidad?
¿Cuándo tendremos nuevamente una red diplomática plenamente operativa?
¿Cuándo se restituirá con fuerza la carrera diplomática?
Finalmente: ¿Cómo lograr que Bolivia esté en el mundo y que el mundo encuentre razones para estar en Bolivia? porque el desafío no es solamente pronunciar un buen discurso en Nueva York, el verdadero desafío comienza cuando termina el discurso.
El discurso del Presidente Rodrigo Paz Pereira, deberá necesariamente girar en torno al eje de su politica exterior y de nuestras relaciones internacionales, BOLIVIA EN EL MUNDO, EL MUNDO EN BOLIVIA
El autor es diplomático de carrera y politólogo:
