Toda reflexión acerca de Lionel Messi en estos días estará inevitablemente teñida por la nostalgia. Si alguno pretendía hacerse el distraído sobre la proximidad del adiós, su anuncio de que no jugará más en el seleccionado argentino le dio la cachetada de realidad necesaria para entender una vez más que, como cantaba Vox Dei, “todo concluye al fin, nada puede escapar”.
Fuente: https://espndeportes.espn.com
Habrá pues que aceptar que, como lo demás, la carrera del 10 no será eterna aunque haya habido momentos -sobre todo en este 2026, pero un poco antes también- en que consiguió generar la impresión de que el tiempo para él no transcurría. Esa permanencia en el más alto nivel, incluso a los 39 años, es uno de los argumentos fundamentales para creer que es el mejor futbolista que se haya visto hasta hoy.
La obsesión por sentarlo a la mesa de los mejores de todos los tiempos acompañó a Leo prácticamente desde su debut oficial en Barcelona en octubre de 2004, cuando tenía 17 años. Todavía adolescente, vio cómo las comparaciones -odiosas- lo ubicaban por debajo de lo que Pelé o Maradona habían hecho a esa edad. Se ponía en duda, sobre todo, que tuviera el temperamento necesario para establecerse en la élite. El tiempo, al cabo, terminó por dejar las cosas en su lugar.
“Yo quiero superarme siempre y no compito con nadie, porque no juego para ser el mejor de la historia, sino para superarme año tras año y seguir ganando”, contó Messi en 2018, cuando todavía le quedaba pendiente la materia de los títulos en mayores con el seleccionado. Quisiera o no, en esa competencia contra sí mismo, consiguió quedar por encima de todo lo que se había visto antes.
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Messi no se va
No tanto tiempo después de que dejara en ridículo a los que menospreciaban su talento, otro fantasma empezó a sobrevolar la carrera de Leo ya cuando andaba por los 30 años. “Está en decadencia y ya no es el de antes”, decían los ansiosos después de alguna actuación puntual que quedaba por debajo de la vara de excelencia a la que acostumbró al mundo.
Ese momento de declinación nunca llegó. De hecho, fue en la cuarta década de su vida cuando consiguió destrabar lo que hasta ese momento había sido la gran asignatura pendiente con Argentina, para los que menospreciaban la medalla dorada en Beijing 2008 y el Mundial Sub-20 en 2005: tenía 34 años en 2021 cuando levantó la Copa América en Brasil, primer título en ese encadenamiento glorioso que incluyó Qatar 2022 y luego otra vez el certamen continental en 2024, ya a los 37.
Pero más allá de los resultados, que en un deporte colectivo no dependen solamente de él, Messi nunca renunció a la excelencia ni a la competitividad. Si faltaba despejar alguna duda lo hizo en el último Mundial, cuando podía creerse que empezaba a resignar su centralidad en la Selección porque su carrera lo había llevado a la MLS, sin el nivel de exigencia de las principales ligas europeas. Con 39 años, una edad en la que la amplísima mayoría de los futbolistas ya se dedica a otra cosa, fue el jugador más determinante en el torneo reservado sólo a los mejores.
En esa constancia, para seguir siendo un 10 con todas las letras después de más de veinte años de carrera, está uno de los fundamentos principales por lo que es el número 1 de todos los tiempos.
En materia de permanencia en la élite, su liderazgo es indiscutible. Como lo definió con maestría Didier Deschamps, por entonces técnico de Francia, durante la última Copa del Mundo “Ya no es solo rendimiento, es la historia del fútbol reescribiéndose ante nuestros ojos”. En esa historia del fútbol, justamente, Leo protagoniza más capítulos que nadie.
Lionel Messi: los números no alcanzan
Explicar la supremacía de Leo sólo desde las impresionantes estadísticas que logró sería, antes que todo, un error. Entre otras cosas porque, como es lógico, no es el líder en todos los rubros. Con 929 goles oficiales en su carrera hasta el 17 de septiembre, está por debajo en ese rubro de Cristiano Ronaldo, que cuenta 979. Es sí el futbolista con más cantidad de títulos al haber obtenido 48, pero hay altas posibilidades de que dentro de no mucho lo supere el brasileño Marquinhos, que a los 32 años y todavía en PSG ya registró 44 coronaciones. Y hasta en los Mundiales quedó en el segundo lugar entre los goleadores detrás de Kylian Mbappé, que muy probablemente amplíe su ventaja en la cima en futuras ediciones.
Como sabe cualquiera que lo vio jugar, aunque los números de Messi sean brillantes, lo suyo va mucho más allá de eso. Es un todo al que aportan su incidencia en todos los equipos que integró, la importancia que tuvo en las consagraciones, su habilidad en velocidad, su capacidad goleadora y, en los últimos años, su don de mando. Todo eso y, a la vez, mucho más que eso.
La «ayuda» a Messi que no tuvieron sus antecesores
Se hace necesario aportar un matiz, como para ser justos con los que vinieron antes. En la película “El quinto set”, sobre un tenista a punto de retirarse, la actriz Kristin Scott Thomas encarna a una nostálgica del tenis de los 70 y, como tal, admiradora de quien dominó el deporte en parte de esa década: el sueco Bjorn Borg. Cuando su hijo le consulta si podría vencer a Novak Djokovic, sin titubear le dice que sí, siempre que tuviera “el equipo que tiene Djokovic”.
El ejemplo es oportuno porque Nole es uno de los deportistas con los que más veces se ha equiparado a Leo, entre otras cosas por lo extenso de su carrera. Y en ese sentido, cabe preguntarse si ambos hubieran podido mantenerse en un nivel tan alto con las posibilidades que tenían los deportistas años atrás. Entre otras cosas, por la cantidad de profesionales abocados a que no descuiden ningún detalle para llegar con la mejor salud posible a la alta competencia.
Con todas las consideraciones que se puedan tener sobre lo injusto de comparar distintas épocas, Messi se ha ganado con creces el concepto de mejor de la historia dentro de las circunstancias con las que le tocó lidiar en su tiempo, como les pasó a Di Stefano, Cruyff, Pelé y Maradona, que fueron sin dudas los más grandes de sus respectivas épocas.
Mientras empieza la pregunta de quién heredará el trono enorme que empieza a dejar vacante, es bueno recordar que todavía están las últimas posibilidades de ver en el campo de juego a un genio sin igual. Y sin olvidarse de que, como también cantaba Vox Dei, “todo tiene un final, todo termina”.
