Este tercer aniversario de la masacre de Hamás, en el sur de Israel, es el primero sin rehenes israelíes en Gaza. Es, también, el único objetivo cumplido del acuerdo de cese al fuego firmado hace un año, y que fue auspiciado por EE.UU., que logró que todos los cautivos, vivos y muertos, regresaran a casa. Los sobrevivientes intentan reconstruirse, muchos devenidos en figuras públicas. Es el caso del argentino-israelí Luis Har, que encadena viajes y conferencias, y acaba de publicar un libro.

Hace tres años, la vida de Luis Har dio un vuelco. Este argentino-israelí, de 73 años, fue uno de los 251 secuestrados por Hamás y otras facciones armadas, el 7 de octubre de 2023.
Sufrió 129 días de cautiverio en Gaza, hasta que el Ejército lo rescató en febrero de 2024, en una operación que mató a decenas de palestinos, la mayoría de ellos civiles. Desde entonces, se ha enfocado en seguir adelante, como explica a RFI en la cálida ciudad de Eilat. «Viajo mucho por todo el mundo, conozco lugares, conozco gente… (…) Salió de un mal, de una cosa que no tendría que haber pasado, pero por lo menos me cambió la vida para bien. Estar aquí, disfrutar de la vida, ese es nuestro triunfo»
En el cuello, en un colgante, luce la palabra ‘tikvah’; ‘esperanza’, en hebreo. Es lo que, dice, busca transmitir. También ha vuelto a bailar y no ha desistido de vivir en el kibutz Urim, cerca de Gaza, algo que ve como «una misión».
«Si todos decidimos que no podemos estar y que nos vamos, ¿qué queda? Así no podemos controlar nuestro país, y si hay que escuchar bombardeos, se escuchan»
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Se refiere a las bombas israelíes que siguen destruyendo y matando en Gaza, pese a la tregua. Y, aunque proyecta fortaleza, Luis reconoce sus propias secuelas.
«No duermo bien. El doctor me ha dicho que tengo que tomar por lo menos una pastilla por semana, (…) pero yo no puedo apagarme. Porque cada vez que estoy en casa un poquito, empieza todo a volver. Empiezo a sentirme mal, y me duele esto y me duele lo otro. Y no es el Luis que yo quiero ser. Entonces, lo evito»
Parte de su experiencia está recogida hoy en ‘Rescatado’, un libro en español, inglés y hebreo. Es, para él, un «legado» y una forma de dejar retratada una historia que, su mente, como protección, empieza a difuminar.
«Nos olvidamos de muchas cosas. Al escribirlas, eso queda escrito, es para todas las generaciones; también para no olvidar, saber lo que pasó el 7 de octubre en adelante»
Una fecha que modificó su relación con los palestinos.
«A veces me molesta escuchar un poco el árabe; no me molesta hasta el punto de irme o algo así. Me hace saltar, digamos… Yo cambié. Pensaba que se podía vivir en convivencia. Hoy lo tengo mucho más apartado. No tenemos un ‘partner’ para hacer la paz»
Rechaza hablar de política, menos a puertas de las elecciones del 27 de octubre, pero le escuece cada noticia sobre las advertencias tempranas que no atendió Benjamin Netanyahu. Al primer ministro israelí no solo le reprocha que no haya creado aún una comisión independiente para investigar el ataque, sino que podría haber firmado «un año antes» el acuerdo de Donald Trump y no lo hizo.
«Si hubiese sido solo por nuestro Gobierno, todavía estaríamos allí. Tengo resentimiento. Pero no tengo bronca. Yo quiero que haya una investigación, con la que podamos saber exacto qué pasó el 7 de octubre y por qué. No busco culpas. Busco saber y poder estar preparados por si vuelve a pasar otra vez. Estoy seguro de que puede pasar otra vez»
Es un temor compartido en Israel, pese a la devastación que ha causado en Gaza y que es investigada como «genocidio».
