El presidente de la Cámara Forestal de Bolivia denuncia que la destrucción de cargamentos retenidos en Chile continúa pese a los reclamos del sector. Advierte sobre el daño a las exportaciones, la pérdida de mercados internacionales y las consecuencias del conflicto para la relación bilateral.
En una entrevista con el programa Influyentes, de EL DEBER, Colanzi cuestionó las actuaciones de las autoridades chilenas, reclamó mayor respaldo del Estado boliviano y advirtió que el conflicto amenaza con empañar el acercamiento entre ambos países. También reveló que los exportadores están buscando rutas alternativas por Perú y Brasil.
—¿Qué novedades existen sobre la madera boliviana retenida en Chile, mientras ambos gobiernos preparan la visita del presidente Kast?
Lamentablemente, las noticias no son buenas. Mientras el canciller de Bolivia y su equipo estaban tratando en Chile la agenda de la visita presidencial, el juez cautelar dispuso que continuara la quema de los cargamentos.
Eso ocurrió pese a que existía una instrucción de la Fiscalía de Arica para detener la destrucción hasta que todas las empresas pudieran presentar sus descargos.
Algo similar sucedió cuando llegó una comisión del Senado boliviano. Delante de sus integrantes comenzó la quema de madera con una rapidez inusual.
Estamos hablando de especies duras y de alto valor comercial, como almendrillo negro, almendrillo amarillo y tajibo. Eran cargamentos destinados a más de 25 mercados, entre ellos países de Europa, Estados Unidos, Centroamérica y Oceanía.
Es importante aclarar que no estamos hablando de empresas fantasmas. Son compañías conocidas, algunas con 30 o 40 años de trayectoria, que trabajan con compradores internacionales de primer nivel.
Se han presentado estudios técnicos que, según nuestros especialistas, cuestionan la posibilidad de impregnar estas maderas duras con cocaína. También hemos pedido que se realicen nuevos análisis. Lo que queremos es que se esclarezca lo ocurrido antes de destruir la mercadería.
—¿Cuánto ha perdido el sector forestal y qué consecuencias está teniendo este conflicto para las exportaciones?
Se han quemado más de 15 millones de dólares en madera. Pero el problema es mucho mayor que el valor de los cargamentos.
Hay empresas que pueden quebrar y un daño reputacional enorme. Hasta ahora se han perdido casi 20.000 empleos de los aproximadamente 200.000 que genera el sector forestal.
El daño a nuestra imagen internacional es muy difícil de calcular. Sus consecuencias las vamos a conocer durante los próximos años.
El problema se extendió a otros países. También hubo retenciones y cuestionamientos en Brasil y Bolivia. En Brasil, según los antecedentes que tenemos, las autoridades terminaron reconociendo que no había droga. En Bolivia se realizaron más de 20 allanamientos y hubo empresas cerradas.
La incertidumbre continúa afectando al sector. Las navieras y las empresas de transporte terrestre tienen temor de trasladar madera porque sus cargamentos pueden quedar retenidos.
Hace dos meses que no enviamos un solo contenedor de madera por el puerto de Arica. No está saliendo absolutamente nada por esa vía.
—¿Qué riesgos representa este caso para el comercio boliviano con Chile y para otros sectores exportadores?
El problema es muy serio porque Arica es una salida natural para buena parte de nuestras exportaciones.
Bolivia tiene acuerdos y derechos de tránsito que deben respetarse. Consideramos que en este procedimiento no se han observado las garantías que correspondían, incluida la participación de representantes bolivianos.
Hoy está afectado el sector forestal, pero mañana podría suceder algo parecido con la minería, la soya u otra actividad económica que dependa de los puertos chilenos.
¿Qué pasaría si un sector con mayor peso en las exportaciones bolivianas enfrentara una situación semejante? Las consecuencias podrían ser mucho más graves.
Por eso creemos que este conflicto no debe verse únicamente como un problema de los empresarios madereros. Está en juego la seguridad del comercio exterior boliviano.
—¿El sector forestal se ha sentido acompañado por el Gobierno boliviano durante este conflicto?
No podemos negar que hubo presencia de autoridades bolivianas desde el inicio. Cuando surgió la denuncia, el viceministro de Comercio Exterior estuvo en Chile acompañado por representantes del sector.
Sin embargo, creo que se pudo haber hecho un trabajo mucho más intenso desde el principio. Era necesario explicar con mayor claridad a las autoridades chilenas lo que estaba ocurriendo y las consecuencias que podía tener.
Tenemos la impresión de que inicialmente no se tomó el caso con la seriedad necesaria. Se pensó que sería un procedimiento normal, pero consideramos que se han vulnerado garantías fundamentales.
Lo más grave es que se está destruyendo la propia evidencia que podría servir para demostrar que las empresas no cometieron ningún delito.
Hemos cuestionado también los análisis realizados en Chile y solicitado la intervención de instituciones internacionales con capacidad técnica para efectuar nuevas pruebas.
El Gobierno boliviano debió acompañar con mayor firmeza al sector frente a esas irregularidades. Ahora existe una apelación ante una instancia superior, pero si continúa la destrucción corremos el riesgo de quedarnos sin mercadería y sin las pruebas necesarias para defendernos.
—¿Puede este conflicto afectar la visita del presidente chileno y el intento de recomponer las relaciones entre ambos países?
Por supuesto. Queremos un nuevo comienzo en las relaciones entre Bolivia y Chile. La visita del presidente chileno es una oportunidad importante y debería desarrollarse en un ambiente de transparencia y confianza.
Pero lo que está ocurriendo con la madera no contribuye a generar esa confianza.
Chile ha sido históricamente un referente de institucionalidad. Por eso nos preocupa que un caso como este pueda afectar una relación bilateral que ya ha tenido muchas dificultades.
Además, no debemos olvidar que miles de bolivianos viven y trabajan en Chile. Nosotros, como sector empresarial, tenemos posibilidades de hacer escuchar nuestros reclamos. Pero también debemos pensar en los ciudadanos que pueden enfrentar problemas ante la justicia de ese país.
Un conflicto de esta magnitud puede convertirse en una carga muy pesada para el acercamiento que ambos gobiernos intentan construir.
—¿Los cargamentos destruidos tenían seguro? ¿Qué alternativas están utilizando las empresas para continuar exportando?
Por lo que conocemos, los cargamentos no contaban con seguro. Además, una parte importante de esa madera ya había sido pagada por compradores extranjeros. Es decir, también hay empresas internacionales directamente perjudicadas.
En Europa ya se han producido reclamos por lo ocurrido, incluso desde el ámbito político.
El comercio no puede detenerse. Por eso las empresas están buscando otras rutas de exportación, principalmente por puertos de Perú y Brasil. También se está utilizando otro puerto chileno, Iquique.
Sin embargo, cambiar las rutas no elimina el problema de fondo. Necesitamos recuperar la confianza de nuestros compradores, garantizar que la mercadería pueda circular y encontrar una solución al conflicto con Chile.

