Máximo Mamani: del sueño a la pesadilla en 10 meses


Argentino de nacimiento, por sus raíces familiares la FBF tramitó su nacionalidad boliviana. En enero debutó inesperadamente en la selección. Lo contrataron Always Ready y Oriente Petrolero. Hoy sufre una grave lesión por rotura de ligamento.

Máximo Mamani cuando llegó para la selección. Fue el propio presidente Fernando Costa quien le entregó la camiseta nacional. Foto: Archivo FBF

Fuente: Brújula Digital



Hasta el año pasado Máximo Mamani era jugador de la reserva de Vélez Sarsfield de Argentina, su país natal, donde sobresalía. Su vida en Buenos Aires cambió de pronto: las buenas referencias que sobre su juego había obtenido el cuerpo técnico de la selección nacional rápidamente lo convirtieron en convocable para la Verde.

Gracias a sus raíces familiares por parte de uno de sus abuelos, en enero ya era boliviano. La dirigencia de la Federación Boliviana de Fútbol (FBF), a sugerencia del técnico de la selección Óscar Villegas, se había movido rápido para conseguirle los papeles necesarios.

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Ese primer mes del año fue para Mamani un sueño, no solo por su nueva nacionalidad del país del cual solo tenía referencias, sino por un debut inesperado en la selección boliviana que parecía abrirle nuevas puertas hacia el fútbol profesional.

Su corto paso por la selección

El domingo 11 de enero, Mamani se incorporó a la selección boliviana que estaba concentrada en Santa Cruz para los amistosos contra Panamá y México.

Previamente había completado —junto con la gente de la FBF— los trámites que condujeron a que obtuviera el carnet boliviano.

“Estoy disfrutando, que es lo más importante. Es algo lindo, tengo mucha motivación para afrontar lo que viene”, decía.

Una semana después Bolivia recibía a Panamá en Tarija. Ese domingo 18 de enero, Mamani ingresó a la cancha en el segundo tiempo luciendo la camiseta con el número 7. Se inclinó por la derecha, pidió el balón y generó un ataque que llevó peligro al arco contrario. La afición aplaudió esa primera acción. Estuvo 31 minutos en el terreno de juego. La Verde igualó a un gol (1-1).

Días después también ingresó ante México para los últimos 15 minutos. Ese encuentro fue jugado en Santa Cruz de la Sierra. Bolivia perdió como local (0-1).

Always Ready y después Oriente

Always Ready se fijó en el futbolista para reforzarse a fin de encarar la temporada 2026, que incluía la participación del flamante campeón boliviano en la Copa Libertadores de América.

Los momentos soñados continuaban para Mamani, que tenía nuevo club y la oportunidad de disputar un certamen internacional de peso en Sudamérica.

Pero las cosas no se dieron como esperaba. En la Libertadores estuvo apenas 28 minutos repartidos en tres ingresos.

De paso, Villegas ya se había olvidado de él para la selección. La FBF que lo había traído al país pensando en reforzar el equipo nacional para la repesca de clasificación al Mundial 2026 no lo llamó nunca más.

Su vínculo con la banda roja terminó rápido. A mitad de temporada, cuando fue habilitado de nuevo el libro de transferencias, arregló con Oriente Petrolero, donde tampoco le fue bien.

En resumidas cuentas, en la División Profesional boliviana apenas jugó 10 partidos incompletos: seis en la Liga, donde sumó 113 minutos; y cuatro en la Copa Bolivia, con 143 minutos.

La pesadilla

En octubre, el décimo mes de su estadía en Bolivia, Máximo Mamani acaba de recibir una muy mala noticia: los estudios médicos a los que fue sometido confirmaron una rotura de ligamento de su rodilla izquierda, una de las lesiones más temidas por los futbolistas, y también una de las más frecuentes.

Mamani tiene que ser sometido a una intervención quirúrgica. Al estar bajo contrato, Oriente Petrolero deberá hacerse cargo de todo. Si bien tiene vínculo solo hasta diciembre, por norma FIFA el club está obligado a ampliar el vínculo de manera automática por lo menos hasta que el futbolista esté recuperado.

Mamani solo quiere irse a su natal Buenos Aires para comenzar la recuperación lo antes posible. Y después decidirá cuál será su futuro.

“Me lesioné en un entrenamiento. Tengo contrato hasta diciembre y me toca analizar ahora qué voy a hacer. Son ocho meses los que voy a estar fuera de la cancha…”.

Solo pasaron diez meses entre el sueño hecho realidad por haber debutado con la camiseta de la selección del país de su abuelo, un efímero paso por dos clubes en los que no tuvo continuidad y esta grave lesión que ahora lo aleja temporalmente de las canchas y que pone marcadas interrogantes a su futuro en el fútbol.

BD/