Algunos trabajadores aseguran que los insumos subieron entre un 30% y 40%, mientras sus ganancias diarias disminuyeron.
Detrás de cada llave que se duplica, cada candado que se repara y cada puerta que vuelve a abrirse, hay familias que buscan salir adelante en medio de una economía cada vez más ajustada.
Es el caso de Carlos, un cerrajero que trabaja diariamente para sostener a su familia y cubrir las necesidades de su bebé de apenas 10 meses.
“Tenemos que buscar la manera. Hay que trabajar, de lunes a lunes”, expresó.
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Como muchos trabajadores independientes, asegura que el incremento de los costos ha reducido el margen que obtiene por cada trabajo.
Según Carlos, uno de los principales problemas está en el aumento del precio de los insumos que utiliza para trabajar.
“Por el tema del dólar, el material subió un poco y eso afectó”, señaló.
A este gasto se suma también el incremento de los alquileres.
Otros cerrajeros consultados aseguran que los materiales llegaron a subir entre un 30% y 40%.
“Nos afecta mucho porque los materiales han comenzado a subir bastante, casi un 30 o 40%”, relató otro trabajador.
Carlos calcula que anteriormente podía generar alrededor de Bs 200 por día. Ahora estima que sus ingresos se redujeron aproximadamente en un 30%.
Aunque reconoce que hay días con mayor movimiento que otros, asegura que el principal golpe no está necesariamente en la falta de clientes, sino en el costo de los materiales.
“Hay días que sí baja la demanda, pero más que todo lo que nos afectó fue el material”, explicó.
La situación se repite entre otros trabajadores del rubro. Uno de los cerrajeros entrevistados, padre de tres hijos, contó que anteriormente podía ganar alrededor de Bs 100 al día, pero actualmente sus ingresos rondan los Bs 70.
“Antes ganábamos unos 100 bolivianos y ahora unos 70”, comentó.
Esto implica que, mientras sus ingresos disminuyen, los gastos familiares y laborales continúan aumentando.
Pese a las dificultades, los trabajadores aseguran que todavía es posible mantenerse de la cerrajería.
Sin embargo, reconocen que ahora se necesita trabajar más para obtener resultados similares a los de antes.
“Sí se puede vivir, pero los materiales comenzaron a subir y eso hace que baje nuestra ganancia”, explicó uno de ellos.
Para quienes tienen hijos, cada jornada representa una lucha por garantizar alimentación, vivienda y otras necesidades básicas.
