El encarecimiento de los productos y del transporte obliga a las familias a ajustar sus compras y postergar gastos que no consideran prioritarios. El sector informal enfrenta el dilema de subir costos o perder ventas.
En Santa Cruz, el kilo de pollo se comercializaba a Bs 15,50, frente a los Bs 13,50 de la semana anterior. Aunque este producto todavía resulta más económico que la carne de res de primera que llega a costar a Bs 75 el kilo, la de segunda a Bs 65 y la carne molida a Bs 56. En La Paz el kilo de pollo se vende en Bs 16 y el kilo de carne a Bs 88.
En algunos departamentos del país el costo del pan también suma presión, ayer se aplicó un incremento de 20 centavos a la unidad. Los panificadores advierten un alza debido a la subida del quintal de harina en casi Bs 100, al igual que el quintal de azúcar y el sector independiente plantea alternativas.
“Buscamos opciones para evitar que suba el pan, hemos rebajado gramaje y pido a la población empatía y comprenda que también tenemos hogares”, expresó la presidenta de Panificadores Independientes, Elizabeth Galarza.
A esto se suma el alza de otros productos. La papa que antes compraba a entre Bs 40 y Bs 50 la arroba, ahora se compra entre Bs 80 y Bs 90. El aceite pasó de Bs 18 a precios de entre Bs 20 y Bs 25; el quintal de arroz, que costaba alrededor de Bs 350, ahora se encuentra entre Bs 400 y Bs 600.
El economista y exministro Ramiro Cavero advierte que la inflación acumulada en los últimos años no se traduce en una recuperación equivalente de los ingresos. “Solamente tomando en cuenta desde el 2024 y el 2025, básicamente ahí tienes más de 30% de inflación, y eso no se ha visto definitivamente reflejado en un aumento salarial”, señala.
Sin embargo, el ajuste no se reduce a la cantidad de alimentos que llegan a la mesa. El incremento de los gastos también condiciona a los hogares a priorizar el pago de servicios básicos, la alimentación y otras necesidades.
“Los hogares reducen primero gastos postergables: entretenimiento, restaurantes, ropa no urgente, viajes y compras de bienes duraderos. Después pueden cambiar a alimentos más baratos, disminuir el consumo de ciertos productos, postergar consultas médicas o educación complementaria y reducir el ahorro”, indica el economista Fernando Romero.
Ambos expertos señalan que la situación afecta de manera distinta a los trabajadores según la forma en que perciben sus ingresos. Mientras quienes reciben un salario fijo dependen de los ajustes que puedan negociar, más del 80% de la población que trabaja por cuenta propia y obtiene ingresos variables, sujetos a la demanda de sus productos o servicios.
En ese segundo grupo, el incremento de los costos puede reducir directamente los márgenes de ganancia. Los comerciantes deben pagar más por la mercadería y el transporte, mientras que los pequeños negocios enfrentan el dilema de trasladar esos aumentos a sus clientes o absorberlos para evitar perder ventas.
“Lo que ocurre con este aumento de precios en el sector informal tienes dos opciones: uno para no perder clientela, te aguantas y ganas menos (…) o para recuperar tu poder adquisitivo, no te queda otra que subir el precio de tus servicios”, explica Cavero.
Romero por su parte subraya que comparar el salario mínimo con la inflación puede sobreestimar o subestimar la situación real.

