Congoja en Bolivia: Cuatro menores mueren en medio de violencia irracional en Potosí


Un joven de 24 años asesinó a cuchilladas a un menor de 9 años y a otro de 15 en un campo de juego en la región potosina de Agua de Castilla. Un padre de 22 años que fue abandonado por su esposa detonó dinamita matando a sus dos hijos de 4 y un año y murió también él en Colquechaca.

Un partido infantil acaba en baño de sangre por horrendo doble crimen

El presunto autor fue aprehendido ayer.

 



Un partido infantil acaba en baño de sangre por horrendo doble crimen

Dos menores, de 9 y 15 años, fueron asesinados a sangre fría en cuestión de segundos.

Fuente: El Potosí

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Marbin Valda Angulo • Potosí

 

Al menos seis niños compartían la cancha, ajenos a la tragedia que estaba a punto de consumarse. Eran cerca de las 19:30 del domingo cuando el partido de futsal infantil acabó en un baño de sangre tras violencia desatada en la pequeña cancha.

De acuerdo con las primeras pesquisas, una discusión y unos supuestos insultos lanzados en plena cancha marcaron la sentencia de muerte. El cruce de palabras hirió el orgullo de Carlos Y. M., un sujeto de 24 años que, lejos de zanjar la disputa con palabras, optó por la vía de la crueldad. Abandonó temporalmente el perímetro deportivo, caminó hasta su domicilio y regresó con un arma blanca con una sola misión: cobrar venganza.

El agresor no titubeó. Sin mediar palabra ni dar tregua, se abalanzó directamente contra las víctimas: un niño de apenas nueve años y un adolescente de 15. Los testigos presenciaron atónitos la extrema violencia. Tras asestarles múltiples heridas punzocortantes, el homicida les dejó tendidos en un charco de sangre, convulsionando y agonizando durante desesperantes minutos ante la impotencia de los presentes, antes de huir con rumbo desconocido en la oscuridad de la noche.

Joven de 22 años voló en pedazos con sus dos hijos
Joven de 22 años voló en pedazos con sus dos hijos

El suceso causó conmoción.
El Potosí.- El silencio en Colquechaca se rompió con un estruendo fuerte. No era una faena de minería, era el sonido de la desesperación llevada a su extremo más cruel. Javier Chile Torres, un joven de apenas 22 años, había decidido que su desdicha amorosa no tendría testigos vivos, arrastrando a la parca a sus dos hijos, de cuatro años y un año y seis meses de edad.

El plan criminal y autodestructivo se maquinó tras un resentimiento. Según el comandante departamental de la Policía, coronel Roger Villazón, el detonante fue el abandono de su pareja sentimental. Incapaz de procesar el rechazo y consumido por una obsesión enfermiza, el padre optó por una vía más despiadada.

Chile Torres condujo a los dos pequeños hijos hasta un sector descampado de Colquechaca. Allí, en medio de la nada, ejecutó su macabro plan. El hombre los envolvió en un abrazo final que simulaba protección pero que en realidad era una trampa mortal, y accionó una carga de dinamita.

La onda expansiva pulverizó la inocencia en milisegundos. Cuando el personal especializado de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) irrumpió en la escena del crimen, el cuadro dantesco superó cualquier manual policial.