Francia miró de frente el abismo y colapsó


El escritor francés Gustave Flaubert y autor de la célebre novela Madame Bovary, señaló que de vez en cuando llega una avalancha de mierda y lo sacude todo. Y así fue. Este fin de semana en Francia se produjo un estallido social que es un aviso sonoro de lo que puede suceder cuando se extiende la idea de que la política es incapaz de resolver los problemas apremiantes básicos y se vulneran los derechos humanos de cientos de miles de jóvenes, literalmente, echados a su suerte.

Jóvenes precarizados, sin ninguna posibilidad de adquirir un cuarto donde dormir, muchísimo menos un monoambiente. No tienen un futuro medianamente bueno. El acceso a la salud es prohibitivo ni qué decir de un imposible ingreso a una educación superior. Los precios son inaccesibles para hacer las compras mínimas del mes y la juventud francesa se siente en una completa orfandad. No hay solidaridad, cooperación y políticas públicas que protejan a sus jóvenes.

El grave riesgo es que este síntoma recorra toda Europa, en especial en Alemania, España e Italia donde los ultraderechistas y los ultraizquierdistas azuzan a sus anchas. Ambas tendencias son destructivas y peligrosas para la estabilidad democrática occidental.



Baste un dato altamente preocupante, de acuerdo con las propias autoridades francesas salieron a las calles a protestar violentamente unos 550 mil manifestantes, de los cuales 110 mil se concentraron en París.  Los datos también señalan la detención de más de 2 mil jóvenes con un saldo de más de 600 policías, gendarmes y bomberos heridos.

Otro dato preocupante es el que dio el presidente de la Federación de Comercio y Distribución quien denunció que más de 1.500 comercios fueron saqueados y destrozados. El ayuntamiento de Limoges – patrimonio arquitectónico de Francia – quedó completamente destruido por un incendio provocado por los manifestantes y los ayuntamientos de Marsella y Lille también fueron invadidos y destrozados.

=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas

Fue una batalla campal en Francia y que puede, ciertamente, contagiar a Bélgica, Alemania, Italia, Portugal y Albania.

Europa se juega mucho en estos días por su radicalización política, la crisis de la migración, la crisis de la economía y los ultras radicales que todos los días echan abundantes litros de gasolina.

La juventud se planta ante un futuro sin salidas como lo hizo ya en la revolución de mayo del 68 cuyo basamento tuvo su origen precisamente en los jóvenes cuya mecha se prendió desde la Universidad de Nanterre y la Sorbona, mientras que las protestas recientes surgieron de manera descentralizada en colegios secundarios y sectores estudiantiles.

En ese año emblemático, como fue 1968, el movimiento estudiantil – en su momento – logró articular una convergencia histórica entre los sindicatos y la clase obrera, desatando una huelga general de casi 10 millones de trabajadores que puso en jaque al gobierno del general Charles de Gaulle, héroe de la Segunda Guerra Mundial.

Todo parece indicar que aquello que albergábamos como una buena cantidad de acuerdos sociales y políticos, hemos dedicado estas últimas décadas a demolerlos sin contemplación. Hay una rabia contenida descomunal.

Si esta tendencia se agrava mucho más, el conflicto será generalizado y la propia unidad de la Unión Europea esta en un serio riesgo de colapsar. Muchos buitres que detestan las democracias occidentales se regocijan mientras empujan sus prácticas belicistas y los ultras se disponen a destruir todo el escenario europeo que logró una paz mundial por más de 80 años.

La ola de mierda que advierte Flaubert, ha caído sobre toda Europa.