La humanidad enfrenta uno de sus mayores desafíos: recuperar la esperanza, especialmente entre los jóvenes, que tienen derecho a mirar el futuro con ilusión y confianza.
Las palabras de la princesa Leonor en la ceremonia de los Premios Princesa de Asturias 2026, que motivó el título de la presente nota, nos invitan a reflexionar sobre el mundo que estamos construyendo y el que dejaremos a las próximas generaciones.
En mi criterio, recuperar la esperanza debería convertirse en uno de los grandes objetivos de la humanidad. No podemos aceptar como algo natural que millones de personas, particularmente las nuevas generaciones, vivan atrapadas entre la incertidumbre, la desigualdad, la inseguridad y la falta de oportunidades.
Esta realidad también nos obliga a prestar atención a la salud mental. La ansiedad, la depresión y otros problemas emocionales constituyen una preocupación creciente, especialmente entre los jóvenes. No corresponde atribuirlos a una sola causa, pues intervienen factores personales, familiares, sociales y económicos. Sin embargo, la incertidumbre sobre el futuro, la presión social, el aislamiento, la precariedad y la falta de oportunidades pueden agravar el sufrimiento de muchas personas.
Es hora de que los líderes mundiales hagan un profundo examen de conciencia. Las ambiciones desmedidas, el individualismo, los conflictos, la intolerancia y la búsqueda del poder por encima del bien común están contribuyendo a deteriorar la convivencia y a hipotecar el futuro de las próximas generaciones. El progreso de una sociedad no puede medirse únicamente por sus indicadores económicos, sus avances tecnológicos o su capacidad de producir riqueza, sino también por su capacidad de garantizar dignidad, justicia, seguridad y bienestar a sus habitantes.
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Pero sería insuficiente exigir cambios únicamente a los gobernantes. También debemos preguntarnos qué estamos haciendo, como ciudadanos, para construir una sociedad mejor. La familia, la escuela, las universidades, las empresas, los medios de comunicación y las organizaciones sociales tienen una responsabilidad fundamental en la formación de personas íntegras, solidarias y comprometidas con los demás.
Necesitamos recuperar valores esenciales: el respeto, la honestidad, la responsabilidad, la solidaridad y la tolerancia. Debemos aprender a escuchar, convivir con nuestras diferencias y anteponer el bien común a los intereses particulares. La educación no puede limitarse a preparar personas para competir en el mercado laboral; debe contribuir también a formar seres humanos capaces de pensar críticamente, actuar con ética y comprometerse con su comunidad.
Por ello, el mensaje de la princesa Leonor debería trascender el ámbito de una ceremonia y convertirse en un llamado a la acción colectiva. No podemos resignarnos al desencanto, ni permitir que el pesimismo y la indiferencia terminen imponiéndose sobre nuestra capacidad de transformar la realidad.
Todavía estamos a tiempo. Pero recuperar la esperanza exige que dejemos de ser simples espectadores de los problemas y asumamos, cada uno desde su lugar, la responsabilidad de contribuir a las soluciones.
El futuro de nuestros hijos y nietos depende, en buena medida, de las decisiones que tomemos hoy. No les heredemos solamente los avances de nuestra época; heredémosles también una sociedad que haya recuperado los valores, la solidaridad y la confianza en el ser humano.
¡Reivindicar la esperanza es reivindicar nuestra humanidad!
Fernando Crespo Lijeron
