Déficit de trigo: falta de rentabilidad, sequías y costos altos frenan la producción


Bolivia atraviesa una crisis en su producción de trigo

Bolivia atraviesa una crisis en su producción de trigo

Por Rodolfo Aliaga

Bolivia continúa dependiendo de las importaciones para cubrir su demanda de trigo. La falta de rentabilidad, sequías costos altos y la incertidumbre sobre el mercado frenan la producción triguera; factores que impiden que el país alcance autosuficiencia.



Fuente: La Razón

El país necesita alrededor de 850.000 toneladas de trigo al año, pero su producción nacional apenas alcanzará las 123.000 toneladas en 2026, volumen que representa menos del 15% de la demanda interna. La brecha obliga al país a depender de las importaciones de trigo y harina, un problema que, según la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), responde principalmente a la falta de condiciones económicas y productivas para incentivar a los agricultores a sembrar este importante cereal.

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El gerente general de Anapo, Jaime Hernández Zamora, considera que el problema de fondo radica en la baja rentabilidad del cultivo y la incertidumbre que enfrentan los productores al momento de decidir qué sembrar. Cuando el trigo deja de ser atractivo económicamente, los agricultores optan por alternativas como el sorgo, el girasol o el maíz, que ofrecen mejores perspectivas de comercialización.

Trigo

«Si el trigo no es rentable, es reemplazado por sorgo, girasol o maíz, que tienen un mercado más claro. Y eso es una pérdida doble: el trigo es la base del pan de las familias bolivianas y además es clave en la rotación con la soya, porque ayuda a conservar el suelo y a controlar malezas», explicó Hernández al periódico La Razón.

El dirigente identificó cinco factores que frenan la expansión del cultivo: la falta de un precio que otorgue certidumbre, el incremento de los costos de producción, los riesgos climáticos, el rezago tecnológico y la competencia del trigo y la harina importados, incluido el contrabando.

Uno de los principales problemas surge cuando los agricultores deben sembrar sin conocer cuánto recibirán por su producción. Hernández señaló que este año los productores reciben entre Bs 2.800 y Bs 3.000 por tonelada, un precio que no cumple sus expectativas. A esto se suma que algunos molinos dejaron de comprar durante la cosecha porque ya habían completado sus requerimientos de acopio.

La situación se complica con el encarecimiento del diésel oíl, los fertilizantes, los agroquímicos, los fletes y otros insumos importados. El incremento de la cotización del dólar también elevó los costos de producción, mientras que el precio del trigo no acompaña esa tendencia.

«Todos estos factores están influyendo en los márgenes de rentabilidad del cultivo de trigo», manifestó Hernández Zamora, quien también advirtió sobre el grave impacto de los mayores costos financieros y la falta de créditos específicos con tasas de fomento.

Dependencia

Las dificultades económicas y climáticas también redujeron el interés de los productores nacionales por ampliar la superficie triguera. En 2026, los agricultores sembraron 57.210 hectáreas y esperan una cosecha cercana a las 123.000 toneladas, con un rendimiento promedio de 2,2 toneladas por hectárea.

En 2025, Bolivia produjo 92.010 toneladas, equivalentes aproximadamente al 11% de su demanda interna. El restante 89% tuvo que cubrirse con compras externas de trigo y, principalmente, harina.

Según datos de Anapo, el país destinó 79,3 millones de dólares a estas importaciones durante la gestión 2025 y el 92% de las compras provino de Argentina.

La dependencia externa también preocupa por su impacto en la seguridad alimentaria, debido a que el trigo constituye la principal materia prima para elaborar harina y, posteriormente, pan, uno de los productos esenciales de la canasta familiar.

Dato

En julio de este año, el Gobierno anunció la importación de 30.000 toneladas de trigo como parte de sus medidas para complementar la oferta nacional, garantizar el abastecimiento de materia prima para la industria panificadora y contribuir a la estabilidad del mercado interno.

Desde el sector productivo, el presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Klaus Frerking Adad, advirtió sobre el deterioro de las condiciones para sembrar y la incertidumbre que enfrenta el agricultor boliviano.

«Tenemos cadenas productivas totalmente en terapia intensiva, ahí está la producción del trigo, hace 30 años no sembrábamos lo que estamos sembrando este año por la incertidumbre en la que se enfrasca el productor por la escasez de combustible», puntualizó.

Sequías

El clima representa otro obstáculo para la producción triguera. En Santa Cruz, donde se concentra la mayor parte de la actividad agrícola, los productores siembran durante el invierno, una época seca en la que el cultivo depende de la humedad acumulada en el suelo y de las precipitaciones que recibe durante su desarrollo.

Hernández recordó que las sequías de las gestiones 2022 y 2024 provocaron importantes pérdidas económicas que muchos agricultores todavía no lograron recuperar. La falta de un seguro agrícola con cobertura suficiente también dejó a los productores expuestos a nuevos eventos climáticos.

El problema no termina con una campaña de bajos rendimientos. Las pérdidas reducen la capacidad financiera de los agricultores y los obligan a disminuir o abandonar la siembra de trigo en los siguientes ciclos agrícolas.

El investigador de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM), Marín Condori, coincidió en que Bolivia mantiene históricamente un déficit de producción y advirtió sobre la reducción de la superficie cultivada.

«En el tema del trigo siempre hemos sido un país deficitario, pero esta ha sido una de las peores campañas en tema de área de siembra», afirmó Condori.

Explicó que en 2025 los rendimientos se ubicaban aproximadamente entre 500 y 600 kilos por hectárea, mientras que actualmente existen registros de producciones que alcanzan las dos toneladas por hectárea.

A su criterio, esta mejora demuestra que el país tiene capacidad para elevar su productividad. Sin embargo, el desafío consiste en conseguir que los agricultores mantengan el trigo dentro de sus planes de producción y no lo sustituyan por otros cultivos.

En esa línea, Hernández destacó la aprobación del evento biotecnológico HB4, tolerante a la sequía, que ahora ingresa en una etapa de validación de genética adaptada a las condiciones de suelo y ambiente de Bolivia.

Plan

Frente a este escenario, Anapo plantea al Gobierno central la elaboración de un Plan Nacional de Fomento a la Producción Triguera que permita recuperar la superficie de siembra y reducir progresivamente la dependencia de las importaciones.

La propuesta contempla tres componentes: investigación y transferencia de tecnología para mejorar rendimientos, seguro agrícola para proteger la inversión frente a eventos climáticos, financiamiento con condiciones favorables que garanticen la compra de la producción a precios de oportunidad de importación.

Jaime Hernández recordó que Bolivia alcanzó en 2015 una superficie de 150.000 hectáreas. Ese antecedente refleja, según él, que el país puede incrementar significativamente su oferta cuando existen condiciones adecuadas.

Fuente: La Razón