Experto: Por comer peces con mercurio, «estamos afectando la capacidad intelectual de nuestra futura generación»


Experto aclara que en la contaminación por mercurio lo importante es medirla en los peces y no en el agua.

Un estudio realizado en la Amazonía boliviana sobre la composición nutricional y el contenido de mercurio en diez especies de peces del río Beni/UMSA

 

Fuente: Brújula Digital



El docente e investigador del Instituto de Ecología de la Universidad Mayor de San Andrés Darío Achá Cordero advirtió que la contaminación por mercurio puede perjudicar el desarrollo intelectual y motor de las futuras generaciones. Explicó que las mujeres embarazadas que presentan niveles de entre 1 y 2 partes por millón de este metal pueden exponer a sus bebés a efectos nocivos.

“Ahora no va a ser algo así como que se va a morir el bebé o algo por el estilo, sino que va a afectar su desarrollo neuronal. (…) hay una relación entre cuánto mercurio te expones durante el embarazo y cuánto va a ser el IQ de tu hijo. Entonces estamos afectando la capacidad intelectual y motora de nuestra futura generación”, dijo Achá a Brújula Digital.

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El investigador señaló que las concentraciones superiores a 10 partes por millón representan un mayor riesgo, ya que podrían provocar consecuencias clínicamente perceptibles en la salud del embrión, sobre todo en sus capacidades cognitivas.

Al referirse a los estudios sobre contaminación por mercurio, Achá aclaró que la presencia de mercurio en el agua no refleja por sí sola el nivel de contaminación de un ecosistema. Por ello, sostuvo que los peces son las muestras más relevantes para evaluar la exposición a este metal.

 “Me dicen, queremos medir el mercurio en el agua, realmente no es importante. Importa para saber las cadenas tróficas, para la investigación que hacemos, pero para saber el grado de contaminación no es muy relevante. Los relevantes son los peces”, explicó.

La mayor parte del mercurio que se encuentra en el agua, aproximadamente el 98%, es inorgánico y no logra permanecer en el organismo. Sin embargo, en los peces, entre el 80% y el 98% de este metal se presenta como metilmercurio, que puede atravesar las membranas del cuerpo, indicó el investigador del Instituto de Ecología de la UMSA.

“En el agua, el mercurio, el 95% es inorgánico. (…) No se absorbe dentro de nosotros, no puede cruzar las membranas. En cambio, el metilmercurio si interacciona y puede atravesar las membranas. En los peces, del 80 al 98% del mercurio es metilmercurio”, explicó.

Según el investigador, es muy poco probable que una persona se intoxique al beber agua contaminada con mercurio, ya que este elemento generalmente está presente en cantidades muy pequeñas. Por ello, consideró que analizar el agua no es lo más relevante para determinar el grado de exposición.

“Es virtualmente imposible contaminarse con agua con mercurio porque está generalmente en concentraciones minúsculas. O sea, uno tendría que poder ver el mercurio en el agua para intoxicarse con el mercurio”, dijo.

Investigación examina el aporte nutricional y la presencia de mercurio en peces amazónicos

Una investigación desarrollada en la Amazonía boliviana analizó el valor nutricional y la presencia de mercurio en diez especies de peces del río Beni. Los resultados muestran que estos alimentos representan una fuente importante de nutrientes para los habitantes de la región.

El estudio se desarrolló en Rurrenabaque, ubicado en la cuenca del río Beni, una zona de gran biodiversidad que provee pescado amazónico a diferentes regiones del país, entre ellas La Paz. Las muestras analizadas fueron compradas en el mercado local y procedían de la pesca artesanal.

El análisis reveló que el blanquillo concentra la mayor cantidad de mercurio entre las especies estudiadas, con 1,9 ± 1,0 ppm. Le siguen el surubí, el pantalón y la corvina, cuyos valores fueron intermedios, pero sobrepasaron el límite de 0,5 ppm de la norma europea. Mientras tanto, el paiche, el pacú, el tambaquí y la yatorana mostraron niveles bajos.

El trabajo científico contó con la colaboración de la Wildlife Conservation Society (WCS-Bolivia) y el financiamiento del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. En el equipo participaron Mauricio Peñarrieta, del Instituto de Investigaciones Químicas, y Darío Achá, del Instituto de Ecología, ambos investigadores de la UMSA, entre otras instituciones.