El jugador de Madeira pone fin a su trayectoria internacional reivindicando el legado emocional de su paso por la selección por encima de los récords estadísticos.
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Cristiano Ronaldo aplaude al público tras ser sustituido en el partido de la Nations League entre Portugal y Gales, en Lisboa. (Reuters/Pedro Nunes)
Cristiano Ronaldo ha oficializado su retirada definitiva de la selección de Portugal. El capitán luso ha emitido una declaración de despedida en la que anuncia que ha llegado el momento de ceder su histórica camiseta al futuro del combinado nacional. «A los portugueses, ha llegado el día de devolver la camiseta siete de la selección de todos nosotros», arranca el comunicado del jugador, que concluye así una etapa ininterrumpida que comenzó en agosto de 2003.
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En su mensaje, el delantero subraya el peso institucional que ha supuesto defender la equipación de su país en estadios de todo el mundo. «Nunca la sentí como exclusivamente mía, pero durante 23 años tuve el privilegio y la responsabilidad de vestirla», detalla Ronaldo, reconociendo que dar este paso «no ha sido una decisión fácil, porque hay decisiones que no se toman solo con la cabeza, se toman también con el corazón».
Un legado más allá de las estadísticas
A la hora de hacer balance, el capitán portugués prioriza el impacto sociológico de su trayectoria sobre las cifras deportivas. «Cuando miro hacia atrás […] no veo solo partidos, goles, récords o trofeos. Veo personas. Veo inmigrantes que durante 90 minutos sentían a Portugal un poco más cerca», reflexiona el jugador, sentenciando que «al final de todo, el fútbol es mucho más grande que un juego, el fútbol son las personas«.
El futbolista asume con naturalidad la exigencia de su carrera —»quisé ganar, quise ser el mejor, quise hacer historia»—, pero también admite los momentos de fracaso y sufrimiento de los que nunca desistió. Ante la temporalidad de los éxitos, Ronaldo reivindica el lugar que su figura ocupará en la memoria de los aficionados: «Los goles pasan, las copas se quedan en los museos, los récords acaban por ser batidos, pero hay algo que el tiempo nunca consigue borrar: el lugar que ocupamos en el corazón de las personas».
La transversalidad del himno y el futuro
Uno de los pasajes más institucionales del discurso se centra en el poder vertebrador del fútbol en la sociedad lusa. Ronaldo destaca el momento en que comienza el himno nacional como la imagen que se llevará para siempre: «No existen clubes, no existen colores, no existen clases, no existen profesiones, no existen opiniones, existe apenas una pasión: Portugal».
En el tramo final de su declaración, además de agradecer la labor de todos los entrenadores, cuerpo médico, trabajadores de la federación y a su propia familia, el jugador se dirige a las nuevas generaciones advirtiendo que «un país que continúa creando nuevos héroes es un país que nunca deja de creer en sí mismo».
Ronaldo concluye su etapa internacional asegurando que abandona el terreno de juego «con la cabeza levantada» y confirmando que, a partir de este momento, asume el papel de un aficionado más. «Hoy comprendo que la mayor victoria fue haber merecido representar al mejor país del mundo. […] La camiseta siete se queda. El orgullo de haberla vestido será mío para siempre», finaliza.
