Las manifestaciones por los salarios y contra la carestía en Francia habían reunido a comienzos de la tarde a cientos de miles de personas fuera de la región parisina, aumentando la presión sobre el Gobierno para que conceda una subida importante del salario mínimo (Smic).

La CGT contabilizaba más de 250.000 manifestantes en 73 marchas a las 13H00, mientras que el entorno del ministro del Interior daba, para la misma hora, la cifra de 270.000 manifestantes en 180 movilizaciones, que se desarrollaban «en líneas generales con normalidad», fuera de París.
Se trata de una movilización masiva, convocada por casi la totalidad de los sindicatos y respaldada por organizaciones juveniles, después de las importantes protestas de los días 17, 24 y 31 de octubre.
«Ya sabemos que esta jornada será un éxito», declaró la líder de la CGT, Sophie Binet, al frente de la manifestación parisina en la plaza de la República.
La salida de la marcha, en la que participaron los candidatos presidenciales Jean-Luc Mélenchon, Raphaël Glucksmann (recibido con silbidos) y Marine Tondelier, estuvo precedida por un minuto de silencio en homenaje a las víctimas del atentado racista ocurrido en Yvelines.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
«La CFDT recibe también muy buenos reportes de movilización sobre el terreno», celebró por su parte la secretaria general de la CFDT, Marylise Léon.
«La cuestión hoy no es si vamos a ganar», sino «cuánto vamos a ganar», afirmó Sophie Binet, que exige un aumento del 10 % del salario mínimo.
Marylise Léon, que reclama un incremento extraordinario de 100 euros para el Smic, pidió «respuestas concretas» tanto «al Gobierno en su papel de empleador público como a los responsables de las empresas y de las organizaciones patronales», para responder a la dificultad actual de los franceses para «llegar a fin de mes».
El ministro encargado de las Relaciones con el Parlamento, Laurent Panifous, mencionó en Franceinfo el anuncio “probablemente mañana” (viernes) de una «medida sobre el salario mínimo».
«Estamos hartos»
«Llevamos tres semanas movilizándonos y es completamente estéril. No hay ninguna toma de conciencia de lo que está pasando; solo se habla de los violentos y de los contenedores que arden», lamenta Raphaël, un agricultor de 50 años que acudió a manifestarse con sus hijos en Bayona. Como la mayoría de las personas entrevistadas este jueves, prefirió no dar su apellido.
En Marsella, Léa, de 31 años, asegura que está «harta de tener que contar cada euro». «Este movimiento social da esperanza», estima esta trabajadora social.
En Lyon, la prefectura contabilizó 30.500 manifestantes y la CGT 55.000, más que durante las protestas contra la reforma de las pensiones de 2023. Se produjeron tensiones en la cabecera de la marcha y un fotógrafo de la AFP, que llevaba el brazalete de prensa, recibió cinco golpes de porra durante una carga policial de los CRS.
Esta primera convocatoria desde el inicio del curso para reunir a los sectores público y privado ha logrado sumar a estudiantes de secundaria y universitarios, con intentos de bloqueo en ciudades como Estrasburgo, Marsella o Burdeos; también a los chalecos amarillos, que han reanudado desde hace tres sábados las protestas contra el alto coste de la vida, así como a los agricultores de la Confederación Campesina, entre otros colectivos.
En el centro de París, decenas de estudiantes de secundaria se concentraron por la mañana en la rue de Rivoli frente a un importante dispositivo policial. Catherine, de 61 años, profesora de Historia y Geografía, estaba presente desde primera hora junto a una decena de docentes para «velar por que los alumnos estén lo más seguros posible».
Cerca de un millar de institutos están bloqueados o cerrados administrativamente, según el Snes-FSU, principal sindicato de enseñanza secundaria, mientras que Matignon solo contabiliza 81 de los 3.700 centros del país. Según el Ministerio de Educación, cerca del 16 % del profesorado está en huelga.
En la enseñanza superior, un tercio de los centros se encuentran «afectados» por las movilizaciones, según el Gobierno. Por su parte, la Unión Estudiantil asegura que el 90 % de las aproximadamente 70 universidades francesas están «movilizadas», es decir, bloqueadas o cerradas.
La Torre Eiffel y el Arco del Triunfo, cerrados
Decidido a evitar nuevas imágenes de disturbios como las del 17 de octubre, que dieron la vuelta al mundo, el ministro del Interior, Laurent Nuñez, había anunciado el despliegue de 70.000 policías y gendarmes, prometiendo una respuesta «de extrema firmeza».
Tras varias semanas de manifestaciones marcadas por episodios de violencia y enfrentamientos con las fuerzas del orden, esta jornada de movilización viene acompañada de protestas por supuestas vulneraciones de la libertad de manifestación. Los organizadores denuncian las prohibiciones impuestas en varias ciudades para desfilar por determinadas zonas céntricas, como Toulouse, Burdeos, Lyon o Estrasburgo. En París, finalmente lograron autorización para marchar por el centro tras un pulso con la prefectura.
Aunque en Angulema no circulaba ningún autobús, el transporte se vio globalmente poco afectado durante esta jornada de huelga.
En la estación de Montparnasse, Jeanne, psicóloga, tuvo que esperar cuatro horas para llegar a Tours, pero se mostró comprensiva: “Es molesto levantarse temprano, esperar y ver cancelado el tren, pero es normal que haya huelga”.
Sin embargo, los turistas que esperaban visitar la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo se llevaron una decepción: ambos monumentos permanecieron cerrados.
