La movilización del 5 de noviembre reunió a trabajadores de distintos sectores y a representantes de la enseñanza. Entre las preocupaciones de los participantes se repitieron el encarecimiento de la vida, las dificultades presupuestarias de las universidades y la falta de recursos para acompañar a los alumnos con discapacidad.

“Pienso que es muy fácil de entendernos, pero no sé si el Gobierno está listo para entender”. Así resumía un joven manifestante en París el reclamo de quienes salieron a la calle el 5 de noviembre: hacerse escuchar frente al deterioro del poder adquisitivo y las dificultades que atraviesan los servicios públicos.
La marcha parisina recorrió el trayecto entre la plaza de la República y la plaza de la Nación. Entre los participantes había representantes sindicales y trabajadores de la administración estatal, los hospitales y la educación superior. Las reivindicaciones salariales se mezclaron con demandas de más recursos para la enseñanza y mejores condiciones de estudio.
Alberto Guinda, profesor universitario español en la Universidad Paris-Sinclair, acudió para denunciar la situación de la educación superior francesa y acompañar las demandas de otros sectores. “La situación de las universidades, de la enseñanza superior en Francia, es muy precaria. Tenemos grandes problemas presupuestarios”, explicó. Su presencia respondía también a un gesto de “solidaridad con las otras reivindicaciones, tanto de la función pública como de la empresa privada”.
Para Guinda, las dificultades no se limitan al ámbito laboral. El aumento del costo de vida se siente en los gastos cotidianos y modifica la economía de los hogares. “Soy español y en España la situación es similar”, señaló. “La inflación está desatada. Se ve muy claro en el combustible, pero no solamente: en la cesta de la compra también”.
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
A su juicio, ese deterioro alcanza a sectores que antes podían afrontar sus gastos con menos dificultades. “Ya no toca solamente a las capas más humildes, más desfavorecidas, sino que realmente hay una clase media que está empezando a sufrir esa inflación de manera muy evidente”, sostuvo.
De Dijon a París para defender la enseñanza
La profesora Virginie Álvarez viajó desde Dijon, a unos 300 kilómetros al este de la capital. La huelga había generado dudas sobre la posibilidad de llegar en tren. “Es una huelga nacional entre privado y público. Entonces dijimos: ‘A lo mejor ya no hay tren’, pero sí”, contó.
Presidenta de un sindicato de enseñanza preescolar y primaria en su ciudad, Álvarez llevó a la movilización una preocupación concreta: los recursos destinados a la atención educativa de los niños con discapacidad. “Estamos aquí hoy para defender la enseñanza de especialidad con los niños discapacitados, porque el gobierno corta los recursos”, afirmó. Esa falta de medios, explicó, impide acompañarlos y educarlos como necesitan.
Una Mariana entre los manifestantes
Entre los participantes también estaba Luna, vestida con una túnica larga y un gorro frigio rojo. En la mano derecha llevaba una bandera azul, blanca y roja: su atuendo representaba a Mariana, la figura alegórica de Francia. “Mariana es la libertad y la libertad de expresión”, explicó, antes de manifestar su preocupación por lo que considera una amenaza a ese derecho en el país.
