El Acre devasta frontera boliviano brasileña y amenaza 6.000 vidas; Evo y Dilma no hacen nada


Una franja de tierra de 15 m de ancho, que funge como represa, resiste la fuerza del río en dos sitios críticos. Un experto dice que informó al Gobierno de Bolivia del riesgo para Cobija. No hay obras preventivas.

El Acre devasta la frontera y amenaza 6.000 vidas

EL DEBER, Santa Cruz

imageLa presidenta Dilma Rousseff intervino en el área costera del Acre con más de $us 4 millones en obras



Ayer llovió. Hoy las ciudades alojadas a orillas del río Acre, la frontera entre Bolivia y Brasil, despiertan bajo un cielo nublado, sin chaparrones. El jueves también cayó agua. Y eso, a estas alturas del año, para los que viven en Brasiléia (Brasil), significa que vendrán los aguaceros fuertes. Raymunda Avelino Gómes, una residente brasileña de más de 60 años, lo sabe. Y cuando se vive a orillas de un caudal amazónico que es capaz de tragarse de un solo golpe el patio de una casa, como le pasó a ella durante las inundaciones de 2012, eso preocupa.

“Si el agua sube yo me voy de la casa”, dijo sin mostrar miedo. Hace 20 años, detrás de su casita de madera había un corral, un depósito e incluso un baño. El río Acre se lo ‘tragó’. Hoy su terreno es devastado por el agua al punto de que los cimientos de su cuarto son la evidencia de que algo fuerte pasó: la erosión.

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Raymunda vive en Samaúma, más precisamente sobre una franja de tierra de 15 metros de ancho que une a ese barrio de 3.000 moradores con el resto de Brasiléia. 20 años atrás ese lugar tenía más de 70 metros de ancho. Las imágenes satelitales que ofrece Google Earth muestran al distrito en cuestión como una ‘cabeza’ que se vincula al Estado de Acre, en Brasil, y cuyo contorno es dibujado por el sinuoso cauce del río. Al frente está Cobija, en Bolivia.

Ahí llegó la Red O Globo, de Brasil, y alertó sobre cómo el afluente limítrofe amenaza con ‘decapitar’ esa barriada con forma de cabeza y convertir a sus habitantes brasileños en bolivianos, cuando desaparezca el pedazo de tierra en el que vive Raymunda. Esa es la más optimista de las hipótesis: la otra dice que si en la época de lluvias el Acre embiste con un turbión esa franja estrecha, no solo se cortará la continuidad territorial de Brasil, sino que se producirá una gran inundación capaz de sepultar los barrios bajos de Mapajo, Junín y Villamontes de Cobija, justo en frente, donde viven alrededor de 4.000 bolivianos.

Así, según el trabajo de investigación y monitoreo Riesgos del corte de meandro Brasiléia y Cobija 2012, del ingeniero civil e hidraúlico Óscar Soria Martins, hay más de 6.000 vidas humanas que corren riesgo, de acuerdo con la proyección del desastre natural. De modo que lo de la ‘anexión’ de Samaúma al lado, como dice la alcaldesa de Cobija, Ana Lucía Reis, “es un chiste”. Allí llegó EL DEBER.

Última advertencia

Soria Martins es un ingeniero civil pandino que vive en Brasiléia y que pasó por el Servicio de Encauzamiento de Aguas y Regularización del Río Piraí (Searpi) de Santa Cruz cuando se fundó tras el desastre. Luego de hacer una especialidad en ingeniería hidraúlica en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), en 1992, al volver a Cobija notó que el distrito de Samaúma registraba un problema serio de erosión y que podía desencadenar en un desastre.

“Cuando regresé para trabajar acá, había unos 70 metros de entrada y de salida en esta lengua. Ahora solo tenemos 15 metros”, relata. Su proyección es sencilla: en época de lluvias, el Acre crece y golpea a Samaúma con la energía que acumula al atravesar 1.200 metros en línea recta antes de impactar con una curva del lado brasileño, de modo que el nexo de tierra entre el barrio y la ciudad funge como represa natural (revisar la infografía).

“Si el río corta la continuidad de Brasiléia, el mayor efecto de destrucción lo tendrá Cobija, porque el río Acre actuará como una enorme masa de agua que libera su energía cuando hay una rotura de represa, inunda y arrastra todo a su paso hasta buscar su nivel”, explicó el ingeniero hidráulico, parado en uno de los barrancos desde donde se ve Mapajo.

La advertencia no es nueva. Dilma Rousseff entró a la región con una obra de reconstrucción de la costa del río Acre con una inversión aproximada de $us 4,6 millones. En el terreno, las obras del Gobierno Federal de Brasil se traduce en la reconstrucción de algunos barrancos de Brasiléia con relleno de tierra que acomoda un equipo de maquinaria pesada. Pero se puede evidenciar que las obras se desarrollan muy lejos de los puntos críticos de Samaúma.

El diputado pandino del MAS Galo Bonifaz explicó que en 2013 ya hubo reuniones entre el gobernador del Estado de Acre de Brasil, Tião Viana, y personal diplomático de la Cancillería de Bolivia, para proyectar obras de prevención en dos fases, de Bs 1 millón para invertir en cada fase. Aunque en los puntos críticos de Samaúma aún no empezó ninguna obra. “He visto falencias en el Gobierno Departamental de Pando, que no hace un seguimiento al caso”, dijo Bonifaz.

El miércoles se buscó en Cobija al gobernador Luis Adolfo Flores para conocer su opinión al respecto, pero sus colaboradores explicaron que se encontraba de viaje en las provincias. La alcaldesa cobijeña, Ana Lucía Reis, citó los ‘muros de contención’ de tierra que reconstruye Brasil como fruto de acuerdos entre ambos gobiernos, que el tema se está moviendo a nivel de cancillerías, que si hay desastre ella cree que la mayor afectación la tendrá el lado brasileño. El estudio de Soria la contradice.

Precisamente, los barrios de baja altura de Cobija, Mapajo, Ingavi y Villamontes, se encuentran justo en frente a la hipotética trayectoria de la inundación que provocaría el desborde.

“La fuerza del río, que se disipa en una vuelta de 3.600 metros alrededor de Samaúma, si se rompe la franja de tierra de 15 metros, cargará con toda su furia sobre Cobija”, explicó Soria, parado sobre la estrecha avenida Um, fuera de la casa Raymunda Avelino Gómes. El ingeniero lleva años alertando los riesgos a las autoridades de ambos países. Perdido entre la maleza de Samaúma, recuerda que un día de 2012 explicó el caso al vicepresidente Álvaro García Linera y que todavía espera su respuesta