Venezuela, el país más corrupto de América Latina y uno de los más deshonestos del mundo. Bolivia, Ecuador y Nicaragua están cerca.
Editorial
Miércoles, 18 de Noviembre, 2009
La organización Transparencia Internacional acaba de publicar el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) en el mundo en el que se observa un rebrote de este problema en América Latina. 21 de los 31 países de la región han recibido una puntuación por debajo de cinco, considerada altamente crítica. Bolivia, donde se ha producido un retroceso en relación al año pasado, obtuvo un 2,7 e integra el grupo peor ubicado, junto con Nicaragua, Paraguay, Ecuador, Honduras, Argentina y Venezuela, esta última, considerada la nación más corrupta del continente y entre las 15 más espurias del mundo.
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Son nueve los países que se encuentran con niveles alarmantes, todos ellos con puntuaciones por debajo de tres. Además de los mencionados arriba, figuran Cuba, El Salvador y Guatemala, el único país que ha mostrado cierta mejoría en los niveles de control y manejo de los recursos públicos. Sobra afirmar que, con excepción de uno o dos, los “campeones” de la corrupción están en manos de gobiernos populistas, de izquierda o bajo regímenes socialistas donde supuestamente se están produciendo procesos revolucionarios, “de cambio” y que –esto sí es evidente-, reniegan de las viejas estructuras de poder que han llevado a América Latina a ostentar altos niveles de pobreza, atraso e inseguridad.
Recientemente la organización Fundar publicó el Índice Latinoamericano de Transparencia Presupuestaria y el mismo grupo se repite en la lista de los países donde no existen los controles ciudadanos en el manejo de los dineros del Estado. Nos referimos especialmente a Bolivia y Venezuela, los peores y también a Argentina, Ecuador y Brasil.
Transparencia Internacional apunta a un problema básico y recurrente que fomenta los altos niveles de corrupción. Se trata de la ausencia de instituciones sólidas y transparentes que puedan facilitar el desarrollo económico. La evidencia de esta afirmación se la encuentra justamente en aquellos países mejor considerados por el estudio de la organización que mide la corrupción y donde este problema no representa grandes desafíos. Es el caso de Chile, Uruguay y Costa Rica, donde las leyes, la institucionalidad, los sistemas de control y el concepto de autoridad se aplican con mayor rigurosidad. Tampoco es casual que en estas naciones estén presentes las mejores condiciones de desarrollo humano, con índices de pobreza, analfabetismo y exclusión.
Lo interesante del estudio es la relación que hace entre la libertad de prensa y corrupción. En ese sentido dice que en aquellos países con manejos más deshonestos, “los periodistas se enfrentan a un entorno cada vez más restrictivo y donde se han propuesto leyes destinadas a silenciar al periodismo crítico, lo que atenta contra la posibilidad fundamental de denunciar la corrupción y su impacto”.
La investigación no deja lugar a dudas de lo que representa la amenaza del populismo en la región cuando dice que “los medios de comunicación desempeñan un rol clave en la prevención de la corrupción. Debilitar a estos actores, especialmente en un momento en que las instituciones democráticas también están siendo puestas a prueba en varios países, limita la posibilidad de alcanzar una prosperidad duradera y reducir las desigualdades».
Venezuela, el país más corrupto de América Latina y uno de los más deshonestos del mundo. Bolivia, Ecuador y Nicaragua están cerca.