Sospechábamos que usted, si no era totalmente misógino, algo así era, o andaba rondando por ahí. Vale decir, alguien que siente desprecio por las mujeres, las discrimina, se pone violento y/o desdeñoso al hablar con ellas, o que hace ‘bromas’ de muy mal gusto cuando se refiere a ellas.
No era sospecha gratuita. Ya sabíamos que estuvo a punto de perder sus derechos políticos, previo juicio y sentencia ejecutoriada, por no pasar la mensualidad de ley que le corresponde a sus hijos: ¿responsabilidad paterna cero?. Ya lo habíamos oído decir, medio en serio, medio en broma, que le gusta hacer llorar a la mujeres: ¿sádico?. También que quisiera irse al Chapare con una moza de 15 años: ¿le gustan las menores?. Y, además, inducir a las dirigentes mujeres del Movimiento al Socialismo-¿cuál socialismo?- a afirmar que como ellas no están preparadas para cumplir con la paridad de género en las listas de candidatas a parlamentarias, mejor que ocupen los hombres esos puestos. ¿Dónde queda la Constitución Política que hizo aprobar con muertos, dolor, heridos y contusos, que habla de paridad-igualdad entre hombres y mujeres en el ejercicio de la función política y pública?
¡Vaya hoja de vida! Y ahora resulta que su misoginia desnuda un machismo-sexismo grosero, provocador y atentatorio a todas la mujeres de Bolivia. Porque si hubo algunas exaltadas que pretendieron halagarlo, o fueron inducidas a hacerlo, con groseros estribillos como “ardiente, ardiente, Evo presidente”, “caliente, caliente, Evo está presente” o “aguanta, aguanta…” no recuerdo que disparate seguía, en lugar de repetirlos ufano y victorioso, usted debió rechazarlo para no quedar como ha quedado.
Se lo aclaro, presidente: un macho-machote vulgar, poseedor de un falo irreverente y ofensivo, que no se condice de la condición de su portador, nada menos que un presidente de la extinta República de Bolivia, hoy Estado Plurinacional, que no acepta que hombres y mujeres, siendo biológicamente diferentes, tenemos los mismos derechos: respeto. ¿Sabe usted que apenas es uno más de muchos machos iguales, independientemente de su cargo?
=> Recibir por Whatsapp las noticias destacadas
¡Que vergüenza presidente! Aunque sea portador de tales u cuales atributos, a su cerebro no le ha llegado el significado de un verdadero proceso de cambio. No ese del que tanto hablan y sobre el que tanto machacan usted y todos los/las masistas, cada vez más parecido a lo ya conocido: ‘cambiar para que nada cambie’, dejando de lado, entre otros cambios, el más necesario, aquel que debe empezar por desmontar los perversos atavismos de la sociedad y la cultura patriarcales. Aquellos que sostienen que el hombre, por haber nacido hombre e intervenir en el proceso de reproducción del género humano, se convierte en ‘patris familie’, núcleo de la civilización greco-romana y de las religiones monoteístas: un solo Dios-hombre-padre.
En otras palabras, el poder de ese padre-hombre sobre la familia, dueño absoluto de todo patrimonio y propietario privado de vidas, haciendas e hijos, incluidas las mujeres. Estando él por encima del bien y del mal, tiene derecho a hacer, decir y actuar con las mujeres como su propiedad privada, por lo tanto, subordinadas a sus designios y caprichos, entre ellos los de naturaleza sexual, muchas veces sádica, violenta, a golpes y patadas.
¡Que vergüenza presidente! Le repito la consigna de una campaña por la igualdad de la mujer: “de todo los hombres que haya en mi vida, ninguno será más que yo”, así sea presidente o portero.
(El Deber-18-XI-09)