La historia es una mezcla de causalidad y casualidad. Los imponderables existen y los escenarios prospectivos no están escritos en piedra. Esta verdad tan sencilla no parece reflejarse en las apreciaciones de muchos analistas, que dan por sentada una victoria inexorable de Evo Morales en primera vuelta y por amplio margen.
Dejando a un lado algunos comentarios interesados, que en realidad buscan promover esa victoria en una suerte de argumento pro domo, es posible que la mayor parte de los alegatos fatalistas se produzcan por el soslayo de dos factores que pueden conducir al fenómeno del voto oculto.
Por una parte, la instalación en el Occidente del país de una “cultura del miedo” espoleada por procedimientos de dictadura sindical, represalias de todo tipo y crecientes mecanismos de presión antidemocrática, está provocando que la clase media y amplios sectores populares opten por no revelar su intención de voto a los encuestadores.
En segundo lugar, las encuestadoras aún no ajustaron sus marcos muestrales al nuevo padrón biométrico, donde los departamentos de la “Media Luna” tuvieron un crecimiento porcentual superior al del resto del país. Por lo tanto, habría un aumento del electorado de tierras bajas –mayormente opositor- del que los sondeos no estarían dando cuenta cabal.
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El fenómeno del voto oculto benefició al propio Evo Morales en diciembre del 2005, en momentos en que declararse votante del MAS era mal visto. Ahora, en una realidad inversa, el voto oculto puede ser ese “cisne negro”, al decir de Karl Popper, el imponderable que mueva los resultados más allá de las previsiones fáciles.
Vale la pena repetirlo: el futuro no está escrito en piedra. Mucho menos cuando se trata de acciones humanas colectivas, influidas por infinidad de variables.
* Escritor y periodista. Autor del libro “Ciudadano X”.