ENTRE PARÉNTESIS…Cayetano Llobet T
Doria Medina se equivocó de elección. Pensó que estaba en un escenario en el que la noción de libertad en la política y en la economía era un valor compartido. Y entró a un concurso de propuestas liberales, en un medio en el que no hay más liberales. Jamás asumió que lo que está en juego, no tiene nada que ver con la modernidad, sino con la implantación de un esquema de poder absoluto, basado en ideas arcaicas de la economía que, por lo demás, ya ha demostrado su más rotundo fracaso en la experiencia venezolana: hay que usar linterna para ir al wáter.
Samuel trabajó un esquema más o menos bien calculado: “ante la ausencia de oposición -la regional había sido derrotada y no apareció ninguna partidaria-, todo el electorado que está en contra de Evo no tendrá más remedio que votar por mí”. El efecto en las encuestas -de las que es devoto-, era el más lógico: siempre salía segundo y con muy buenas posibilidades de ser un interlocutor interesante del próximo gobierno.
Porque Samuel nunca fue un opositor. No lo fue en la Constituyente, no lo fueron sus parlamentarios en el Congreso, no lo fue en su posicionamiento cotidiano. Aparecía en las encuestas frente a Evo porque no había oposición. Cuando, en un golpe magistral de política, Manfred abre la cárcel de San Pedro y pone a Leopoldo en la contienda, Samuel se desinfla. No es que la nueva candidatura sea una síntesis programática genial o la fórmula para convertirnos en potencia: es la expresión simple y sencilla de lo que mucha gente quiere decir: no a la arbitrariedad, no a la cárcel sin proceso, no a la judicialización de la política, no a la apropiación gubernamental de la justicia, no a la instrumentalización del Ministerio Público. Es la concreción del NO a la comilona de Estado y de país que hacen Evo y su gente. Es la forma de expresar el cabreo ante el “todo puedo” gubernamental. Es, simplemente, la oposición.
Y Samuel no puede ser opositor. Cuando se tienen tantos intereses, la disyuntiva es clara: o tienes el poder para defenderlos e incrementarlos -es la historia mundial de las burguesías-, o tienes la fuerza para impedir que te los quiten. Cuando no tienes ni el poder ni la fuerza, tienes que negociar con quien los tiene. No es una casualidad que, en las actuales circunstancias, tantos empresarios, sobre todo en Santa Cruz, estén apostando a negociar con Evo, y vean en Samuel el ejemplo de cómo sobrevivir con este gobierno. Obviamente, el mayor esfuerzo gubernamental se centra en demostrar a los empresarios cruceños -García Linera es el eficaz y elegante mensajero-, que sus negocios seguirán muy bien, ¡porque de verdad están muy bien! Pregúnteles a los banqueros.
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Samuel, Cainco, Óscar Ortiz, algunos dueños de medios, varios empresarios fuertes, están jugando a ser buenos interlocutores del próximo gobierno de Evo. Creen, ingenuamente, que su posible entendimiento con Evo es una asociación entre iguales. Están convencidos de que apoyar a Evo, vía Samuel, los protege y protege sus intereses: ¡metiendo al tigre a cuidar la casa!
Lo grave es que Evo ya les ha dicho lo que piensa del capitalismo y de los capitalistas. Ya ha contado que su modelo es el cubano y venezolano. Ya están aquí los cubanos y venezolanos y ellos van a ser sus interlocutores y asociados en empresas y en medios y son ellos lo que van a orientar la economía. El objetivo es llegar al “modelo linterna”.
El mayor problema de Samuel es creer que se puede domesticar a los lobos para cuidar ovejas. Cierto, no es necesario que el lobo se disfrace de oveja: puede hacerlo de Miss Universo. Igualito se va a comer a las ovejas.