Polémica en tiempo de campaña


La desconexión entre el poder departamental y los sectores populares afincados en espacios urbanos y rurales de Santa Cruz sigue siendo la debilidad de esta estrategia político-electoral. Un reto difícil porque se trata de sectores que ya tienen sus propias dinámicas.

laRazon Editorial La Razón



En el ejercicio de la política, la generación y control de la polémica sobre posturas, ideas, acciones o la suma de ellas es capitalizable. Sirve para mantenerse vigente y, en coyunturas electorales, es útil para distinguir con mayor claridad a los adversarios de cuidado, a los aliados naturales y de conveniencia, y a quienes se puede convencer con un proyecto político. Es una herramienta para consolidar o reposicionar un discurso o a un personaje, más aún si este último tiene objetivos políticos de corto plazo.

Las últimas acciones y declaraciones del Prefecto de Santa Cruz parecen transitar por esa línea que, dicho sea de paso, tiende a agotarse cumplido el objetivo del posicionamiento. Haber señalado que su región se ha convertido en una suerte de oasis de bandas internacionales de narcotraficantes y haber enviado señales discursivas sobre un eventual acercamiento con el Gobierno central, tras el duro enfrentamiento verbal y físico que se produjo entre las dos visiones de país, han conseguido la polémica buscada y colocaron al prefecto-candidato nuevamente en el escenario político y mediático.

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Poner los ojos sobre el tema que más le preocupa a la gente en Santa Cruz —violencia producto del crimen organizado—, según encuestas de percepción ciudadana, y sobre un tema importante para las élites cruceñas —nuevo relacionamiento con el poder central—, produce capital político-electoral, pero, al mismo tiempo, son desafíos que deben ser bien medidos para no quedar entrampados en ellos y no provocar efectos contrarios a los esperados.

La crítica con tono agresivo y amenazante a las posturas del Prefecto cruceño, espetada desde su propia región, no hace más que alimentar la polémica deseada y coloca a la autoridad departamental como pionero en tratar aspectos que, a la luz del nuevo mapa político-institucional que será dibujado en los comicios de diciembre y abril, deben ser considerados por líderes, instituciones, organizaciones y, en lo posible, habitantes de Santa Cruz.

De ahí la importancia de haber generado la controversia y hasta el rechazo sin que haya un argumento de fondo. Desde Santa Cruz surgieron voces que criticaron duramente la posibilidad de acercamiento y hasta calificaron el hecho como traición a los intereses de ese departamento.

El Prefecto está en campaña por la reelección y hasta ahora tiene la ventaja de manejar las herramientas políticas e institucionales para posicionarse mejor y producir iniciativas que rápidamente hacen carne en sectores de decisión y en las clases medias de su departamento. Dos de sus cartas ya están sobre la mesa; habrá que observar qué otras pone en juego para consolidar la imagen de “candidato necesario”. A ello deberá adosar un esfuerzo mayor por mejorar los niveles de eficiencia y transparencia en la gestión de la Prefectura y, sobre todo, en la atención inmediata a las provincias, principalmente las que son golpeadas por los efectos del cambio climático.

La desconexión entre el poder departamental y los sectores populares afincados en espacios urbanos y rurales de Santa Cruz sigue siendo, empero, la debilidad de esta estrategia político-electoral. Un reto difícil porque se trata de sectores que ya tienen dinámicas políticas, económicas y sociales propias.