Mimos con Irán


Bolivia hace el ridículo por quedar bien con el tirano presidente de Irán. Tolera la humillación de mujeres en un hospital sólo por halagarlo.

ElNuevoDia Editorial El Día



Con tal de irritar a Estados Unidos y de seguirle a pie juntillas los pasos de Venezuela, al Gobierno no le importa hacer el ridículo, como aceptar que enfermeras y médicas de un hospital que ha sido donado por el Estado iraní sean obligadas a usar el velo islámico, en un acto denigratorio y abusivo contra las mujeres que no profesan esa fe religiosa.

Es curioso que esa humillación sea tolerada por gobernantes que han estado machacando que van a aceptar cualquier tipo de cooperación extranjera, siempre y cuando no se impongan condiciones. Y no se trata aquí de hacer polémica por un detalle insignificante, como lo ha mencionado el oficialismo, porque lo que en realidad ocurre en ese hospital de El Alto es obligar a mujeres profesionales a usar un disfraz para agradar a un tirano, al que también se halagó organizando manifestaciones a favor suyo, de  bolivianos dizque convertidos al islamismo.

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El supuesto salvador de la dignidad y de la soberanía boliviana no sólo ha hecho quedar al país como un vulgar pedigüeño que es capaz de cualquier cosa para devolver los favores recibidos, sino que también, se ha incurrido en una zalamería pegajosa destinada únicamente a lavar la espuria imagen de un gobernante que se mantiene en el poder gracias al fraude y que sofoca las manifestaciones en su contra a través de un feroz sistema de fuerzas paramilitares que gozan de la protección de una teocracia fascista y anacrónica.

La relación entre Bolivia e Irán no tiene trascendencia más allá de la pose antiimperialista que se pretende sostener y de la necesidad de un Gobierno acosado por la comunidad internacional, desprestigiado por sus violaciones a los derechos humanos y ávido de generar vínculos en el exterior para no quedar en el aislamiento, incluso dentro del Medio Oriente. Inversiones en la industria petrolera, desarrollo de la producción del litio, compra de lana y otras ventajas económicas, son apenas especulaciones y es muy difícil llegar a desarrollar un intercambio comercial significativo con el país asiático. Es un caso similar a lo que ocurre con el tan mentado ALBA-TCP. La población sigue aguardando por el desarrollo de los mercados en Nicaragua, Cuba y Ecuador, al menos en una proporción que ayude a contrarrestar las plazas que se han perdido por razones netamente políticas e ideológicas.

La gran novedad en la gira que ha realizado esta vez el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad por América Latina ha sido su encuentro con el mandatario brasileño Lula da Silva, quien además de regalarle una invalorable fotografía que le servirá al tirano para mostrar que no está solo en el mundo, le ha dado un espaldarazo al programa nuclear que lleva adelante el gobierno de Irán. Lo que muy poco se ha mencionado es que detrás de esa relación aparentemente orientada en la misma dirección de Hugo Chávez o Evo Morales, existe un fuerte vínculo entre las economías iraní y brasileña, la que ha obtenido sólo en el 2008, más de dos mil millones de dólares de superávit en el intercambio bilateral. Actualmente, Brasil figura en la lista de los diez países que más exportan a Irán y la tendencia es hacia el aumento. Lo de Lula se entiende, lo de Bolivia son sólo mimos.