En estas especiales circunstancias los cruceños han mostrado una acentuada carencia de liderazgo a nivel nacional. Pareciera que existe confusión, desaliento y hasta resignación ante un inevitable triunfo del MAS en la venidera compulsa electoral.
La dirigencia cruceña no sólo es un baluarte en su región, sino que resultó ser el ideal de civismo constructivo a imitar en otros departamentos de la República. Sus demandas sobre las regalías petroleras, que luego se extendieron al resto del país; sus luchas por las autonomías municipales; su actitud firme y convincente sobre el régimen de autonomías departamentales; la elección, mediante voto popular, de los prefectos; su participación y respaldo pleno al exitoso modelo productivo cruceño, fueron acciones claves que hicieron de Santa Cruz la región con mayor fortaleza dada la confianza que la población depositaba en sus dirigentes.
Hasta hace poco más de un año, Santa Cruz era el departamento líder de la llamada media luna, y su exhortación a aprobar, mediante voto ciudadano, el sistema de autonomías y sus respectivos estatutos resultó determinante. La convocatoria a los multitudinarios cabildos donde se proponían planteamientos al pueblo cruceño y exigencias al Gobierno, recibieron una respuesta contundente.
Sin embargo, a consecuencia del referéndum revocatorio, cuyo resultado fracturó el Consejo Nacional Democrático (Conalde), y a las violentas intervenciones posteriores de jóvenes —universitarios, cívicos y delincuentes infiltrados— en algunas instituciones del Estado, que causaron destrozos y zozobra, el discurso de los líderes cruceños menguó notablemente. A eso se sumaron las acusaciones del Gobierno contra algunas personalidades del departamento, inculpándolas de haber colaborado —y hasta financiado— al grupo de mercenarios que fue abatido a tiros por la Policía boliviana en el hotel Las Américas, en abril.
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El tema relacionado con las muertes en el hotel Las Américas está plagado de dudas, existe un informe de la Cámara de Diputados que las alimentan. Además de afectar a la dirigencia cívica cruceña, el documento apunta también contra la dirigencia empresarial.
Como resultado de lo anterior surgieron desavenencias entre la clase dirigente y críticas de algunos sectores contra el prefecto, Rubén Costas, por presunta indiferencia y único interés en sus propios asuntos. Luego sobrevino el proceso electoral que concluye el próximo domingo, en el que Santa Cruz no tuvo la presencia que se esperaba, como había sucedido anteriormente. Las opiniones y las opciones se dispersaron ante una evidente complacencia del Gobierno, que ahora ve mayores posibilidades políticas en una región que le era infranqueable.
Ningún cruceño mostró perfil necesario como para encumbrarse como candidato a la Primera Magistratura y ni siquiera a la Vicepresidencia, con perspectivas reales. Costas se abstuvo de toda opinión sobre los aspirantes; Germán Antelo se alió a la candidatura de Manfred Reyes Villa; Óscar Ortiz se sumó a Doria Medina; Branko Marinkovic optó por tomar distancia del tema político. Luis Núñez, presidente del Comité Cívico, es una voz de protesta pero alejado de la política partidista. Santa Cruz ha dejado de ser, pese a su creciente caudal de votos, el bloque férreo con ideas símiles y determinantes.
En estas especiales circunstancias los cruceños han mostrado una acentuada carencia de liderazgo a nivel nacional. Pareciera que existe confusión, desaliento y hasta resignación ante un inevitable triunfo del MAS en la venidera compulsa electoral.