Oscuridad a mediodía


image Alejo Cespedes

Las últimas manipulaciones de la justicia boliviana, emprendidas al día siguiente del magnífico triunfo de Evo Morales, recuerdan al perro del árabe que por querer ser el más fiel de los fieles , mordía con saña a los amigos de su amo.

Esas triquiñuelas judiciales que no engañan a nadie, están empañando la inobjetable victoria de Evo.



Ocupar tierras del enemigo, elaborar expedientes rápidos contra el adversario electoral, no son ni deportivamente explicables.

Y lo peor es que no se dan cuenta que así se va acumulando el odio que tarde o temprano explota en un cruento arreglo de cuentas.

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En los regímenes estalinianos, los remedos de procesos abundan tanto en la realidad como en la ficción: Arthur Koestler en su clásico "Oscuridad a medio día" o Kafka en la maraña de "El Proceso". Más cerca a nosotros, el paraguayo Augusto Roa Bastos, retrata en "El Fiscal" los remedos de juicios de la dictadura stroessniana:

Pero la pregunta de todos es: hace falta esa innecesaria persecución ?

Todos sabemos que el aparato judicial del antiguo régimen estaba podrido. Basta citar al semita René Blatman cuyo invento de "medidas cautelares" en el Código Penal, llenaron de delincuentes las calles de la República y hoy, la no existencia de mínima seguridad jurídica, es el espantoso caos legal en que se encuentran solo los estados fallidos, como Somalia, donde los piratas han resucitado los mares del Siglo XV.

Ojalá que los abogadillos que rodean al Primer Mandatario, le adviertan del peligro emergente de esa catástrofe.