Aníbal Crespo Ross«La mucha luz es como la mucha sombra: No deja ver…»En aparente oposición o desafío al aserto de Octavio Paz, hace pocas semanas se dio a conocer -en la FIL de Santa Cruz- el libro Introducción al método de la noche de Emilio Martínez Cardona, publicado por editorial La Hoguera.Decimos aparente, pues la poesía -y de eso se trata- de Emilio Martínez nos traslada desde el primer momento al silencio de la noche, es decir, al tiempo de deshora que viene después de la dura jornada. Este es el tiempo que alarga la vigilia, aún en desmedro del cuerpo que flaquea; son las horas del poeta, que busca, que necesita acallar el mundanal ruido, bajar la intensidad de las luces que encandilan y no dejan ver el verdadero perfil de las cosas y de los seres.Por eso, en varios niveles orbitan y, a veces, se confunden los mundos que habita el poeta; la intrincada ciudad, la vastedad de las montañas con su primordial silencio, el laberinto de los sueños, la eterna angustia del alma; mundos siempre en franco duelo y que gravitan inexorablemente en sus versos: «Escritura de diamante/sobre ala de cuervo». Del escritor, analista y periodista, conocemos su prosa precisa, fantástica, premonitoria… Cabe entonces la pregunta: Emilio Martínez, el poeta, ¿intenta o trata de recuperar esa vida que, día con día, vuelca en sus crónicas, en el cielo misterioso de la poesía?Introducción al método de la noche descorre el velo y nos lleva a esa realidad esencial que subyace en toda vida y en todo acontecer: «Junto al poeta durmiente había una jarra de vino,/bebí una copa y entonces supe que Li Po/también a mí me soñaba…».