El papa debe reconciliar a los bolivianos


William Herrera ÁñezWILLIAMLa visita del papa a nuestro país es fundamental no solo por tratarse de la máxima autoridad de la Iglesia católica y por lo que representa para el universo de fieles y seguidores, sino porque abre la posibilidad de que haya una verdadera reconciliación entre los bolivianos.Tal es la expectativa por esta visita que hasta los no creyentes y agnósticos se suman a esta singular fiesta religiosa y buscan la forma de estar lo más cerca de su santidad para escuchar sus mensajes de paz y esperanza.El Gobierno es, sin embargo, el más interesado por hacer buena letra con el primer papa latinoamericano, después de haber confrontado abiertamente con la jerarquía eclesiástica nacional desde un principio. Como se recordará, el cardenal Julio Terrazas ha sido víctima de este hostigamiento político, pese a que el mismo Evo Morales siempre fue bien recibido ―y hasta cierto punto protegido―, por algunos miembros de la Iglesia cuando era dirigente cocalero y sindical.En todo caso, desde que Evo Morales visitó el Vaticano y particularmente desde que se confirmó la venida del papa Francisco, comenzó a disminuir la agresividad política. Lo cierto es que ahora se trabaja conjuntamente en el recibimiento que tendrá el santo padre, así como en el acondicionamiento de los lugares elegidos para difundir sus mensajes, que siempre son loables y altamente positivos para la convivencia social.Hay que recordar que el mismo presidente, en la reciente posesión de los gobernadores, cambió su discurso y se mostró (por lo menos de boca para afuera) conciliador y dispuesto a trabajar en pro de todos los bolivianos. Corresponde, en este sentido, que el Gobierno honre su nuevo discurso y muestre que la venida del papa supone el inicio de una verdadera reconciliación nacional.Y como prueba de esta conversión espiritual el Gobierno debería dar señales muy concretas; por ejemplo: decretando la amnistía para los presos por el supuesto caso terrorismo y permitiendo el retorno a los exilados políticos que deambulan, como parias, fuera de nuestras fronteras.El único delito de los ciudadanos acusados de terrorismo y de los numerosos exilados y refugiados (según el Alto Comisionado de la ONU existen más de 700 refugiados en Brasil) ha sido pensar diferente al Gobierno. Ambos casos se constituyen en una suerte de “testigos mudos” del abuso del poder y desnudan además cómo se ha instrumentalizado la poderosa maquinaria del Estado contra ciudadanos que tienen el derecho de tener una visión diferente de las cosas.El hecho de que haya un proceso judicial por hechos inexistentes, exilados y refugiados, contrasta en principio con las libertades democráticas que pregona el Gobierno. Un sistema democrático se caracteriza fundamentalmente por la tolerancia, el disenso, la libertad de expresión y una oposición política que permita fiscalizar y supervisar al oficialismo en la conducción del Estado.En tal sentido, la grata visita del santo padre debe servir para que el Gobierno haga un alto, reflexione y promueva una verdadera reconciliación nacional, imprescindible para la convivencia ciudadana. Nadie en su sano juicio rechazaría esta maravillosa oportunidad que brinda la visita de su santidad; por tanto, es hora de pasar del discurso a la concreción de este anhelo nacional.En cualquier caso, el Gobierno debe contagiarse de la humildad que irradia el papa, la Iglesia católica y sus pastores. Hay que terminar con el abuso de poder, la prepotencia, la soberbia, entre otras miserias humanas, para garantizar días mejores a todos los bolivianos como un justo reconocimiento al papa Francisco.El Deber – Santa Cruz