Erika Brockmann QuirogaLuego de sumar un capítulo a su historia de heroica resistencia, desde Potosí se anticipa una férrea campaña contraria a la aprobación del Estatuto Autonómico (EA), con ocasión del referendo del 20 de septiembre. Además del voto castigo, se cuestiona e incluso se demanda la prematura renuncia de autoridades departamentales. El malestar y la frustración persisten.En este escenario, se condimenta un desabrido y poco entusiasta proceso de consulta que pondrá en vigencia los EA en cinco departamentos. Sin embargo, preocupa que el referendo, reconocido como una forma de democracia directa y participativa, corra el riesgo de desvirtuar los buenos motivos que lo inspiran. En otras palabras, al parecer el voto no será reflejo de una opinión (informada) sobre los EA propiamente dichos, sino una manifestación plebiscitaria a favor o en contra del presidente Morales y su Gobierno. En el caso potosino, la consigna se impone ante la soberbia y las ofensivas respuestas del núcleo de poder que intenta corregir los efectos de su propia demagogia.En otros departamentos prevalecerá la desinformación resultante del insuficiente debate plural sobre el contenido y alcance de los EA. Y es que el proceso de redacción de los EA careció de convicción y de un verdadero impulso autonómico, coincidente con la dilución progresiva de la promesa autonómica ante la incontenible fuerza recentralizadora del Gobierno y la omnipresencia presidencial.En medio de este apático panorama, el partido oficialista bate palmas. Son muchas las restricciones informativas impuestas por la ley de régimen electoral a procesos consultivos y pocas las organizaciones opositoras habilitadas para realizar campañas mediáticas sostenidas. El MAS confía tener la voz cantante y sonante para inducir el voto a su favor. No le resultó difícil hacerlo en el pasado cuando volcó la opinión de los cinco departamentos originalmente opuestos a las autonomías, maliciosamente confundidas como separatistas.Rodeados de falsos dilemas y conceptos, se desdibujan el referéndum y el concepto mismo de la autonomía. Lejos de reinstalarse la buena Política (con mayúscula), persiste el discurso antipolítico. Más allá de las peticiones fundadas en obras, el conflicto de Potosí y el escenario pos fiestas patrias demandará la necesidad de encarar el debate – eminentemente político– sobre los desafíos del proceso de implantación de institutos democráticos como el referendo, así como de la construcción del proclamado Estado Plurinacional con autonomías en un contexto minado de una lógica rentista y económicamente más desfavorable.El Deber – Santa Cruz