Una investigación asegura que las comparsas son la célula básica de la sociedad. Cristianos y ateos se rinden a los brazos de Momo, aunque renieguen de la fiesta. La libertad viola derechos

No hay ningún otro acontecimiento que logre detener a la ciudad y al país por cuatro días. No hay paro cívico, feriado religioso, conflicto político, que logre que comerciantes, empresarios, religiosos y ateos hagan un alto en su vida y se entreguen a los brazos del Rey Momo. Unos alistan casacas, pinturas y alcohol para festejar tres días. Otros aprovechan el feriado para huir de la ciudad y otros se encierran en retiros espirituales para reforzar su fe, mientras el caos y la anarquía autorizada se apropian del centro de la ciudad.
Karin Hollweg ya había participado de las investigaciones Élites políticas y autonomías departamentales y Huellas Migratorias, cuando decidió afrontar un estudio sobre el Discurso político en el Carnaval Cruceño. Analizó la coronación de Maricruz Ribera, hoy primera dama de La Paz, y descubrió que quien hizo el guión de la coronación fue el mismo que confeccionó el discurso de Rubén Costas en el cabildo autonómico. Era un relato correlativo, lo único que en el espectáculo de coronación, el escritor se había permitido ser más agresivo.
Hollweg cree que el Carnaval es el último espacio donde el ser cruceño se expresa con absoluta libertad. En esos días, ve que el que no participa de la fiesta queda relegado, pierde el derecho a la libre circulación y hasta la posibilidad de ser atendido de forma inmediata si vive en el centro y tiene una emergencia médica. En su investigación llegó a la conclusión de que la comparsa era la célula básica de la sociedad, el inicio del grupo de poder que se regenera en cada Carnaval. “Sin equivocarnos podríamos asegurar que todos los profesionales que tienen puestos directivos en las instituciones y empresas más importantes de Santa Cruz pertenecen a una comparsa importante, afiliada a la ACCC”, escribió Hollweg.
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El exprefecto Carlos Hugo Molina está de acuerdo. “El Carnaval responde a una forma legítima de comportamiento colectivo y la pasión puesta en la defensa de sus valores primarios, sirven para explicar el volumen de las relaciones y la profundidad de las reacciones cuando la sociedad se siente atacada en aquello que considera importante”, escribió en su muro de Facebook, desde España. Para él, las reacciones suscitadas en las redes sociales ante la destitución de la reina no son muy distintas a las de hace 50 años, cuando se tocaban las campanas de las iglesias cuando algo importante afectaba al pueblo. En su opinión, los Pichones no midieron que se metían con dos instituciones muy cruceñas simbolizadas en Valeria I: el Carnaval y la mujer cruceña.
Para Bismarck Kreidler, comparsero, organizador del Festival de Bandas con la Crema Camba, el Carnaval moviliza a la población, genera movimiento económico y expectativa nacional. La considera una de las cuatro grandes fiestas del cruceño, junto con la Semana Santa, la Fexpo y los desfiles cívicos.
Es tan importante que la música folclórica cruceña está estrechamente ligada al Carnaval. “Si no fuera por el Carnaval seríamos un pueblo sin identidad”, dispara.
La reacción
Para el domingo pasado, las cinco noticias más leídas del portal de EL DEBER estaban relacionadas con el tema de la destitución de Valeria I. No importaba que hubiera reportajes internacionales o entrevistas a los cancilleres de Bolivia y Chile, la atención total estaba sobre la reina. Incluso provocó que gente que se había alejado del Carnaval vuelva a involucrarse, como Memo Capobianco, expresidente de los comparseros convertido al cristianismo, que decidió opinar nuevamente para que “el Carnaval no sea politizado”.
“El evento carnavalero en sí tiene la misma importancia para el cruceño que la política -dice Capobianco-. Y recibe la misma cobertura mediática. Si quisieron los políticos intervenir el Carnaval no es para mejorar la fiesta, sino una estrategia comunicacional”.
Hollweg ve peligros en la intervención. Observa que la energía invertida por los comparseros en una coronación no será la misma que la de los políticos. Dice que los comparseros están allí porque quieren, porque lo disfrutan. Cree que si los que acompañan a la reina son funcionarios pagados por el municipio, se perderá algo de la esencia de la fiesta grande y la población lo notará y lo repudiará
Fuente: eldeber.com.bo