Durante décadas, Julio Terrazas ha sido motivo de admiración popular. Desde mucho antes de ser obispo de Santa Cruz, cuando fue párroco en Vallegrande, después obispo de Oruro, su trabajo por los mineros y anteriormente su lucha por la democracia en La Paz.
Cuando fue nombrado Arzobispo de esta ciudad hubo verbena y todos recuerdan el gentío que se trasladó hasta el aeropuerto a recibirlo y posteriormente a aclamarlo en la plaza 24 de Septiembre cuando fue designado Cardenal, el primer boliviano en lograrlo, gracias a su intachable labor pastoral, su entrega como religioso, su impresionante formación y sus excelentes dotes para hablar y convencer con sus ideas y su doctrina.
El Cardenal fue valiente al jugarse por el pueblo, por la autonomía, por la lucha a favor de la libertad y a la hora de enfrentarse al autoritarismo, como lo hizo contra los dictadores en los años ’70 y principios de los ’80. La gente, la prensa, los intelectuales, la Iglesia de todo el país valoran el aporte que ha hecho Terrazas al país. Por eso es que no se merece el maltrato que ahora recibe de quienes actúan como buitres alrededor de su figura.
Bajo el penoco
Fuente: El Día