El embrujo del poder


torCarlos Toranzo RocaSi lo tienes es difícil que quieras dejarlo, pues te acostumbras a él. Al tenerlo ya ni siquiera es necesario que te amarres los zapatos, habrán muchos que se agachen para hacerlo, no por admiración, sino por querer quedar bien, por temor a tus represalias o con la intención de invertir para que los vean haciendo el esfuerzo de congraciarse con tu poder.Al tener poder, las mujeres más bonitas, las mises, las presentadoras de TV, las artistas de cine se te acercarán, te pedirán bailar con ellas. Hasta te pueden ofrecer matrimonio, aunque, claro, antes de que tuvieras ese poder no te miraban, no te dirigían la palabra. Pero, como bien saben todos, el mejor   brebaje amoroso es el poder, con él aumenta tu estatura, crecen tus méritos, con él dirán que tu perfil es el perfecto, que tus ojos son de fascinación, que tu mirada es profunda, que tus palabras son esclarecedoras y proféticas, que tu cuna es la mejor para convertirte en historia.Con el poder aumenta la cohorte que te aplaude, que te mima, que te quiere, que te adora, que escribe libros sobre tu historia, sobre tus grandezas, sobre tus ideas. Sobre tus planes de salvar al país y salvar al mundo de la crisis, de los desastres, de los males del capitalismo y de los males de ojo también.Cuando tienes poder ya no necesitas pensar qué comer, hasta quisieran aliviarte la pesada carga de masticar. Habrán muchos obsecuentes que te traerán el plato, que te llenarán el vaso. Ellos tendrán la capacidad de adelantarse a conocer tus antojos y tus odios. Habrán muchos que te pondrán la mesa, que probarán la comida para que tengas la certeza de no ser envenenado; ellos se encargarán de decirle al mundo que tus gustos son los mejores.No tendrás que pensar dónde viajar, a quién visitar, pues te presentarán los mejores planes de viaje.   Los obsecuentes harán fila para ver cómo los sastres, los modistos te miden, te prueban los trajes que ante el mundo son los que te quedan mejor. Ellos se encargarán de escoger tu ropa deportiva. Hasta podrán sugerirte los pijamas, las camisas, camisetas, poleras y zapatos que vayan mejor con tu atuendo.Claro, nunca escogerán los libros que debas leer, en el intento pueden salir trasquilados, pero, para hacerte fácil la vida, te pueden hacer resúmenes de todo aquello: libro, artículo, noticia que acreciente el tamaño de tu poder. Hasta te pueden aliviar el odio, pues esos círculos cercanos te pueden sugerir cómo castigar, cómo enjuiciar a los que no comulgan contigo.Al hacer las listas de los enjuiciados, al sugerir cómo castigar  a   quienes  disienten de tu palabra y de tu éxito, lo que hacen es tratar de ganar méritos para seguir subiendo   en la escalera del poder. Con esas actitudes lo que buscan es ganar tu aprecio y conseguir tus favores. No sabemos cómo podrían ser ellos si pierdes tu poder. Por de pronto sabemos que ellos perderían más rápido los favores y los poderes que les prestas.Esos obsecuentes cada día te contarán historias donde tú eres el centro, el núcleo de mundo, el predestinado para salvar a la humanidad. Por eso cuando tú mismo te miras ante el espejo, lo que oyes con recurrencias son los salmos que ellos rezan en tu honor. Tu espejo ya no es el antes, donde ese vidrio plano te mostraba cuál eras, ahora el espejo es el que tú construyes a través de los cánticos de alabanza que cada día cantan en tu honor; de las palabras de admiración por tu persona, por tu forma de ser, por tu destreza para gobernar, por tu sapiencia para conocer el mundo, por tu capacidad de conocer el futuro y de construirlo a tu semejanza.Este espejo, que te cuenta cuán grande eres, es el espejo de Grecia, de Roma, de Moscú, de la Habana, de Caracas, en cada lugar donde se han creado poderes muy grandes. El poder transformó a las personas, solía deshumanizarlas, usualmente las convertía en máquinas de la reproducción del poder. Pero en todos esos lugares, a pesar del séquito de obsecuentes, a pesar de las centenas de los «íntimos” que  elevan oraciones por el dueño del poder, éste suele estar cercado por la soledad. Normalmente es un solitario que desconfía de su entorno, pero que no por ello detesta el poder, sino que, ante todo, desea mantenerlo para no caer rendido a una realidad donde ella lo convierta  en humano.Página Siete – La Paz