Amboró, Tunari, Sama y Cotapata son reservas de agua y energía en peligro


La contaminación y la sequía afectan las reservas de agua dulce. Muchos ríos y lagunas están por debajo del nivel normal. Hay problemas por el despilfarro de agua y por la contaminación sin solución, que se produce en varias regiones de Bolivia

el lago  poopó es el símbolo de que las fuentes de agua dulce están en peligro Este lago era el segundo más importante del país. Fue perdiendo agua hasta quedar seco

El lago Poopóes el símbolo de que las fuentes de agua dulce están en peligro
Este lago era el segundo más importante del país. Fue perdiendo agua hasta quedar seco

Tres de las 22 áreas nacionales protegidas (Amboró, Tunari y Sama) son las mayores fuentes de agua potable para Santa Cruz, Cochabamba y Tarija, mientras que el parque Cotapata, en La Paz, es energía en potencia.



Sin embargo, amenazas como la sedimentación y materiales de arrastre que bloquean los canales de agua en el río Paraguay amenazan la existencia de Laguna Cáceres, en Puerto Suárez, humedal que es una de las joyas del parque nacional Otuquis. “Ya se secó en 1969, incluso la lotearon de tan reseca que estaba y fue difícil expulsar loteadores”, recordó Erwin Salinas, presidente de la empresa local del agua.

“El canal Tuyuyú, que alimenta a este espejo de agua del Pantanal boliviano, actualmente está obstruido un 60%”, dijo, ante la preocupación del subgobernador David Yovío y el alcalde Sebastián Hurtado.

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Entre el altiplano y las estribaciones cordilleranas, los parques Amboró, Tunari, Sama y Cotapata brindan funciones ambientales al eje central y sur que, por su cercanía y provisión de agua, sostienen cerca del 50% del sector productivo del país, señala un estudio de PacsBio, el programa de conservación sostenible de biodiversidad que realizan el Servicio de Áreas Protegidas (Sernap) y la Unión Europea.

El parque nacional Cotapata, cercano a las represas más importantes de la ciudad de La Paz, almacena recursos hídricos que generan electricidad, principalmente en Zongo.

Uno de los resultados esperados por el Sernap y PacsBio es determinar el escenario futuro de oferta y demanda hídrica para los próximos 50 años en las ciudades de Tarija, Santa Cruz y Cochabamba, cuantificando beneficios económicos por la provisión de agua y la generación de energía. De un total de 123 áreas protegidas, reservas de vida silvestre y parques de conservación existentes en Bolivia, 23 son departamentales y 78 municipales, mientras que las 22 áreas protegidas nacionales albergan embalses y ríos que los convierten en la mayor reserva hídrica en todo el país.

Día Mundial del Agua
Bolivia celebró el Día Mundial del Agua en medio de la desecación parcial o casi total de tres importantes humedales, junto con desastres por la combinación de sequía e inundaciones, especialmente en este año de calentamiento global en el que impactaron sobre 50.000 familias.

Y aunque en paralelo avanzan diferentes esfuerzos nacionales para adaptarse al cambio climático preservando fuentes y reservas de agua, los desafíos mayores tienen que ver con insuficientes plantas de tratamiento para descontaminar arroyos y torrentes, y generar conciencia contra abusos en el consumo.

“El fuerte consumismo derrochador y despilfarrador, contaminador e irresponsable está agotando la capacidad de la Madre Tierra, tenemos que modificar los patrones de consumo”, advirtió el director del sistema boliviano de regulación, Benecio Quispe, cabeza de la Autoridad de Agua Potable y Saneamiento (AAPS).

“Hay que cuidar el recurso agua en sus fuentes –bofedales de altura, pastizales y turberas son como esponjas y grandes almacenes de agua– e impulsar su uso adecuado y eficiente”, dijo Mariana Daza, secretaria municipal de Gestión Ambiental de la Alcaldía paceña. “Estamos involucrados en la responsabilidad de ahorro de agua: ya no tinas llenas, sino duchas de 5 a 10 minutos, reutilizar el agua del baño en los inodoros y tener un cambio de actitud”, afirmó.

Entre sequías e inundaciones
Las lluvias tardaron en llegar esta temporada. De noviembre a enero se hicieron esperar, reduciendo los espejos de agua, pero las precipitaciones intensas de febrero bastaron para obligar a declaratorias de desastre por inundaciones, deslizamientos, daños a carreteras y mortandad animal. El saldo oficial: más de 60.000 familias damnificadas, 31.000 hectáreas de cultivos afectadas y 16.000 cabezas de ganado perdidas, según Defensa Civil, además de la desecación casi total del lago Poopó en Oruro, y parcial pero hasta un 70 y 85% en Laguna Colorada, Potosí, y la cuenca Tajzara, en el altiplano de Tarija.

A mediados de enero, la represa de Tacagua, en Challapata, verdadero oasis agropecuario frente a la orilla oeste del agonizante lago Poopó, contenía solo 28 millones de los casi 50 millones de metros cúbicos al año que embalsa desde la cordillera de los Azanaques, informó su alcalde Martín Feliciano.

En febrero, un recorrido por la cuenca de Tajzara, en el altiplano tarijeño, verificó la reducción de su espejo de agua hasta un 15%, mientras que Laguna Colorada y Verde sobrevivían en un 30%, según el director del Sernap, Félix Gonzales, previéndose para las ‘lagunas de colores’ trasvases de fuentes cercanas como las aguas del Silala, en un proyecto apoyado e impulsado por la Cancillería.

Otras más pequeñas de la región convergente con Argentina y Chile se habían secado casi completamente, igual que el Poopó. El embate conjunto de sequías e inundaciones, heladas, granizo y nevadas caracterizan en Bolivia al denominado fenómeno meteorológico El Niño.
Su hermana, el fenómeno La Niña, suele seguirlo con frentes fríos, que recrudecieron los años 2000 y 2010 y que, según las previsiones, volverán en junio, activando alertas y respuestas oficiales de difícil pronóstico y efectividad.

Arcillas y ríos
En el sur del país, en diciembre los ríos Guadalquivir, San Juan del Oro, Bermejo y Pilcomayo estaba en general por debajo de su nivel regular. “Con tanto gas e ingresos es una ironía que Tarija sufra de falta de luz y de agua”, dijo en febrero el director de la Oficina Técnica Pilcomayo-Bermejo, Pablo Canedo, que coordina los esfuerzos nacionales con Argentina y Paraguay.

La colmatación de materiales de arrastre en la frontera trinacional afecta a poblaciones nativas con meandros cambiantes y lechos abandonados, pero un proyecto de gran alcance se sobrepondrá a la sedimentación y vastos arenales para tender incluso una vía férrea Pacífico-Atlántico, anticipó Canedo.

Los excesos preliminares del Carnaval potosino llevaron a la empresa local a prevenir sobre el uso descontrolado del agua, dijo el director de la empresa del agua en Potosí, Rolando Montesinos, preocupado por la baja en las lagunas de KariKari asediadas por diques de colas que ya cumplieron ciclos de vida recibiendo residuos de la explotación minera.

En marzo, las represas de La Paz habían recuperado su nivel de embalse, pero otras amenazas permanecían al acecho: el viejo alcantarillado con redes oxidadas y filtraciones debilitando suelos, y la falta de plantas de tratamiento de aguas residuales, que como al río Rocha en Cochabamba, convierten al Choqueyapu en la “cloaca principal” de la sede de Gobierno.

En la frontera con Brasil, donde está el área protegida de Otuquis y laguna Cáceres, similares problemas impactaban también en el Pantanal boliviano, por la degradación de las nacientes y cursos que fluyen hacia la planicie anegada sobre el río Paraguay. En 2012, un análisis de riesgo ecológico de WWF alertó que la mitad de la cuenca del Pantanal “está bajo un riesgo ambiental alto o medio, y que es necesario proteger urgentemente el 14% de su superficie”.

Los derechos
El acceso al agua es un derecho fundamental, garantizado por la Constitución, pero en ciudades intermedias sometidas a racionamiento como Cotagaita (Potosí), Camargo (Chuquisaca) o Colquencha (La Paz), no se cumple. “El agua es vida pero está expuesta a muchos riesgos”, observó el director de la reguladora AAPS. “Por efectos del cambio climático la producción de agua está disminuyendo, hay deshielo de los nevados, escasez de lluvia en las partes altas y el altiplano, hay mayor deforestación y menor compactación de suelos, cuando llueve ya no filtra, sino que erosiona y arrastra materia fértil del suelo”, agregó Benecio Quispe.

“En el otro extremo, la demanda de agua crece por aumento poblacional, pero también por derroche y despilfarro”, enfatizó. “Si antes se consumía cinco metros cúbicos al mes, ahora la gente consume 10, 20 o 40 cubos porque lavamos paredes, patios, vehículos, cantidades de ropa y regamos jardines. También aumenta la contaminación agrícola o minera o por falta de tratamiento de aguas residuales en La Paz”

Fuente: eldeber.com.bo