La política no llena el estómago y esta vez la cortina de humo de las «nacionalizaciones» al por mayor no tiene el efecto que esperaba el gobierno.
Esposas de policías ingresaron este lunes en el primer día de huelga de hambre en rechazo al 3% de incremento salarial. Foto ANF.
La “nacionalización” de cuatro empresas generadoras de energía eléctrica y una planta de fundición de antimonio, como ya se ha hecho costumbre en el actual gobierno tiene un sentido más político que económico, aunque se duda si en esta oportunidad la medida será bien acogida por los sectores populares como ocurrió con los hidrocarburos cuando fue anunciada en medio de grandes fanfarrias y despliegue militar hace cuatro años.
El gobierno del MAS siempre tiene un as bajo la manga y lo muestra cuando la papas queman. La efectividad económica de las llamadas “nacionalizaciones” resulta muy dudosa, más aún si se toma en cuenta que los masistas no han demostrado eficiencia alguna en la gestión pública.
Es axiomático que después de cada viaje de Evo Morales a Venezuela debemos esperar algunas sorpresas casi siempre desagradables. Estas sorpresas eran más previsibles en un momento como este, en el que los trabajadores de un país que el gobierno describía como rico gracias a sus medidas, deben conformarse con incrementos salariales míseros porque resulta que todo había sido cuento; que seguimos siendo tan pobres como antes y con menos inversión.
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La “nacionalización” de los hidrocarburos (migración de contratos), recibió el respaldo mayoritario de la población pero es indudable que a cuatro años de la medida la percepción ha cambiado mucho, como no podía ser de otra manera cuando de país abastecedor de energéticos, hemos pasado a ser comprador de carburantes.
Las consecuencias de la falta de inversiones para realizar trabajos de prospección y explotación ya se están viendo y es claro que Bolivia no podrá mantener los mercados de Brasil y Argentina por la sencilla razón de que su producción no alcanza para abastecerlos. Ni que decir de la tan cacareada “industrialización” de los carburantes, que a estas alturas del partido no es más que un mito alimentado de tanto en tanto con rimbombantes actos de carácter puramente simbólico.
Los últimos anuncios no pueden menos que mover a la preocupación por la indisimulada tendencia de Evo Morales a imitar a Hugo Chávez, particularmente en lo malo, si es que algo bueno hace.
No es que se quiera pecar de agoreros pero se viene a la mente la situación que confronta Venezuela con un severo racionamiento de energía eléctrica y “baños comunistas” de un máximo de tres minutos de duración, que según Chávez, son más que suficientes.
Por otra parte se sabe que la fundición de antimonio en Colquiri, que era propiedad de la suiza Glencore, está prácticamente desmantelada. Entonces ¿que objeto tiene “nacionalizar” una empresa desmantelada?. Parece que detrás el disfraz “nacionalizador” se esconde un interesante negociado, ya que no puede ser calificado de otra forma hacerse de una empresa inservible por la que deberá pagarse varios millones de dólares en contante y sonante.
Sin embargo salta a la vista que la cortina de humo de las «nacionalizaciones» de empresas no ha generado el impacto popular que esperaban Evo Morales y sus asesores; la cuestión salarial sigue siendo la preponderante en esta crítica coyuntura que no se muestra muy favorable para el gobierno, toda vez que los sectores asalariados van entendiendo que la propaganda y la política adormecen pero no llenan el estómago.