Carlos Federico Valverde BravoLa verdad es que ya no debiera sorprenderme la diatriba ‘anti-Valverde’ de la ministra Marianela Paco, que cree que todo lo que ella dice bajo el ala de su sombrero es una verdad irrefutable, pero sigue sorprendiéndome cuando dice que “lo de Valverde fue una mentira”, sin tomar en cuenta que hasta el 3 de febrero existía un certificado de nacimiento de un hijo del presidente (no ha sido declarado nulo por autoridad competente) y que el propio primer mandatario lo reconoció en los medios (luego supimos del reconocimiento legal en Oficialía de Registro Civil en 2007), de manera que “no hubo mentira en nada de lo presentado; todo respaldado”.Lo preocupante del caso es que se ligue la existencia o no del niño al tráfico de influencias (la hipótesis que presenté acerca de la probable no existencia del mismo toma cada vez más cuerpo), cuando lo claro es que lo del niño simplemente confirmó la relación entre el presidente y Gabriela Zapata y que el tráfico de influencias se manifiesta en las posiciones de poder asumidas por Zapata desde, más o menos, el año 2010.Zapata estuvo en Citic Group y trabó relación comercial con Comibol (reconocido por el ministro César Navarro). El presidente estuvo en 2011 en China y visitó Citic Group. ¿Casualidad? No, posible consecuencia; ¿los negocios no se concretaron? Igual hubo relación y visita. Zapata se movía por el Ministerio de la Presidencia como por su casa (Juan Ramón Quintana mostró la red en ese ministerio a partir de la señora ‘Z’, exagerada y poco precisa, pero la mostró). ¿Casualidad? No, ‘Z’ fue pareja del presidente, tenía el poder de hacerlo. ‘Z’ entró a CAMC sin ninguna experiencia ni título profesional que la avale, ¿casualidad? No, fue pareja del presidente, sin ese ‘currículum vitae’ probablemente no entraba ni de portera. ‘Z’ tenía escolta personal y, a veces, se movía en vehículos oficiales (antes de tener los propios, tal vez) y viajaba por todo el país ‘gestionando’ negocios y contratos (eso lo debe investigar el Ministerio Público a fondo).Gabriela Zapata Montaño usó lo que tuvo a su paso para lograr sus objetivos, casi lo logró; la pena es que la víctima principal se llama Evo Morales y es el presidente de los bolivianos, lo que lo pone en una terrible situación de soledad y desprotección. ¿Cómo puede ser que, de confirmarse que el niño no existió nunca, el presidente lo hubiera reconocido y que la señora hubiese logrado tanto poder a su nombre?Alguien debe explicar esto, porque se está exponiendo demasiado al presidente, que queda como el ‘rey desnudo’.El Deber – Santa Cruz