El gobierno como religión


maggy__talavera_Maggy TalaveraNos repiten hasta el cansancio que vivimos en un país laico, pero cada vez actúan de tal manera que es fácil confundirlos con los mandantes de una nueva orden religiosa, con su propio dios, Iglesia, credo y libro sagrado. Las similitudes van desde las gracias que ofrece un ser divino, hasta los castigos con los que amenaza a quien ose desobedecerle, comer el fruto prohibido o, simplemente, confrontar sus dogmas con alguna duda o pregunta.Hablo de nuestros gobernantes, cada vez más envalentonados de palabra y hecho, a los que les está resultando cada vez más difícil vivir de acuerdo con la laicidad que pregonan y a la que reconocen solo como letra muerta en la Constitución, el libro rector de este país que se precia de ser libre y soberano. Sus discursos y actos públicos los están mostrando de cuerpo entero como testigos-de-EMO, antes que como servidores de un Estado laico.No es una exageración ni parte de una supuesta tramoya de herejes para derrumbar a la nueva deidad que insisten en construir desde hace más de una década. Sus acólitos ya lo han comparado con Jesús, otros le llaman “tata” y alguno hasta le ha atribuido el don de hacer aparecer o desaparecer el Sol, la Luna, las viviendas sociales, los bonos y hasta uno o más derechos históricamente adquiridos. Le construyen templos y ritos de adoración.Nada es eso. Lo que realmente preocupa es que a partir de la nueva deidad quieren, ellos también, imponer una nueva religión a la que habrá que adscribirse sin miramientos, si es que se pretende salir ileso de la inquisición a la que ya están sometiendo, poco a poco, a quienes hacen peligrar la vigencia de sus dogmas y ponen en duda su verdad única, como la presentada sobre el Fondo Indígena o la que construyen sobre el caso Morales-Zapata.Para lograr su cometido, están echando mano de los recursos públicos y de los poderes del Estado. Recurren a la estrategia del terror, sin miramientos de ningún tipo. La muerte de los que ellos identifican como enemigos del proceso-de-cambio-de-religión no es una cruz, sino el trofeo de una nueva victoria. La celebran con cantos, bailes y coca.La pregunta es: ¿cómo es posible que los hacedores de esta nueva religión vayan por ahí, sueltos de cuerpo, asestando puñaladas impunemente, sin que haya fuerza capaz de decir ‘¡basta!’? Creo atisbar una de muchas posibles respuestas en la masa movilizada estos últimos días en contra de una ley favorable a unos supuestos ‘demonios’ y en el pánico a ser libres para pensar, dudar, decidir y amar.El Deber – Santa Cruz