Forjadora de campeones


Martha Marín es la entrenadora que ha revolucionado la marcha en Bolivia;sueña con lograr medallas olímpicas para el país

Tener a varios atletas en las olimpiadas es un trabajo de largo aliento; la mayoría de ellos lleva muchos años soñando y entrenando

Tener a varios atletas en las olimpiadas es un trabajo de largo aliento; la mayoría de ellos lleva muchos años soñando y entrenando

Alicia Bress Perrogón – Javier Mamani /Cortesía de Martha Marín



Su futuro como atleta era prometedor. Una rotura de meniscos terminó con su sueño olímpico, pero no con la pasión de Martha Marín Ibáñez (51), que la llevó, hace diez años, a dejar su trabajo como docente de Educación Física en un colegio para dedicarse de lleno a ser entrenadora de atletas. Su sacrificio no fue en vano. Con mucho esfuerzo y disciplina logró revolucionar la marcha atlética en Bolivia y hoy por hoy es el principal referente de este deporte en el país.

Su trabajo de tantos años ha dado buenos frutos. Cuatro de ellos son Wendy Cornejo, Ángela Castro, Marco Rodríguez y Ronald Quispe, los marchistas que representarán al país en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, a realizarse del 5 al 21 de agosto.

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Martha no solo es la entrenadora de su equipo sino también la manager. Hace de madre, sicóloga, consejera, confidente, fisioterapeuta, tramitadora y hasta prestamista para sus atletas. Ella siempre está pendiente de ver si comieron y descansaron bien, si están adoloridos, les da un buen masaje, cuando les toca viajar ve que todos sus papeles estén en orden, los aconseja y los escucha. Pasa tanto tiempo junto con sus ‘pupilos’ que no hay forma de que no se genere ese ambiente de confianza entre ellos.

Su jornada generalmente comienza a las 5 am, especialmente los martes, jueves y sábados, que son los días en que va con su equipo a entrenar a Pucarani, situado a 42 kilómetros de La Paz. Algunas veces van hasta el lago Titicaca o a otras zonas alejadas de la ciudad para que los atletas no se estresen con el mismo recorrido todos los días.
Los lunes, miércoles y domingo, duerme una hora más porque el entrenamiento es en el Colegio Militar.

A las 14:00 vuelve a su casa a almorzar, descansa media hora y se va al estadio Hernando Siles a seguir con su trabajo en el Club de Atletismo Spikes, hasta las 18:00.

Es una mujer que no para. Desde las 18:30 va al gimnasio por una hora a desestresarse y correr un poco. Muchas veces su trabajo se extiende más de lo debido, porque hay atletas que estudian durante el día y solo les queda la noche para prepararse.

“Trabajo más de 10 horas al día y es muy cansador para mí, pero no tengo más opción. Tampoco puedo pedirles a los chicos que dejen sus estudios y me toca sacrificarme por ellos, pero es algo que disfruto al máximo, más aún cuando veo sus logros y sus triunfos”, remarca.

Este sacrificio incluso implicó no haber formado una familia propia ni tener hijos. Se dedicó tanto al deporte que sin darse cuenta, pasaron los años y no tuvo tiempo para el amor. Sin embargo, afirma que cuenta con una hermosa familia, que es su más grande bendición, y con sus deportistas, que son sus hijos.

Martha nació en La Paz el 25 de febrero de 1964. Vive con su mamá, Aida Ibáñez, y con dos de sus seis hermanos: Carmen, Elizabeth, Rolando, Hugo, Marcelo y Fernando, con quienes es muy unida. Tiene 10 sobrinos a los que ama como si fueran sus hijos, cuatro en Santa Cruz; uno en Beni y cinco en La Paz. Su padre, Raúl Marín falleció en marzo de 2005.

No puede estar en muchos eventos familiares. Debido a su trabajo, la profe Martha no pudo estar en el matrimonio de su sobrina Paola Sejas, que vive en Santa Cruz. En esta gráfica está casi toda su familia.

No puede estar en muchos eventos familiares. Debido a su trabajo, la profe Martha no pudo estar en el matrimonio de su sobrina Paola Sejas, que vive en Santa Cruz. En esta gráfica está casi toda su familia.

Mntalidad ganadora
Resistir, persistir y nunca desistir es su frase favorita y lo que les inculca a sus deportistas. Le costó hacerles creer que se puede. Trabajó mucho para cambiar la mentalidad derrotista que hay en muchos de los competidores bolivianos, pero lo consiguió.

“La misma sociedad en nuestro país influye porque nos minimiza y tiene pensamientos negativos de que no se va a poder porque no hay apoyo, porque no tenemos las condiciones, etc. Pero si buscamos la forma, sin poner pretexto, nos trazamos metas y trabajamos para alcanzarlas, sí se puede. Así lo están demostrando los cuatro marchistas que irán a las olimpiadas en Río”, remarca la exatleta.

¿Cómo empezó su carrera?
Trabajaba en un colegio. En 1996 abrimos el club de atletismo y desde ese momento empecé a ser entrenadora. Luego hice cursos para dedicarme de lleno a esto.

Era buena deportista….
Era atleta hasta mis 26 años. Representé al país en muchas oportunidades, en la carrera San Silvestre, en Puerto Rico y en 1993 en los Juegos Bolivarianos corrí la maratón y ocupé el cuarto lugar. Siempre estuve entre las deportistas más destacadas en La Paz y a escala nacional.

¿Cómo optó por la marcha?
Ya me había retirado del atletismo a raíz de una lesión en la rodilla. Me apasiona el deporte y necesitaba hacer ejercicios. Como no podía correr, hacía caminatas. Fue así que mis alumnos comenzaron a interesarse. Siempre soñé con participar competitivamente en marcha, pero no se dio, por lo que traté de transmitir todos mis conocimientos a los chicos.
Cambió la historia de la marcha en Bolivia, ¿cómo lo hizo?
No es una casualidad.

Tener a mi cargo a cuatro de cinco atletas clasificados a las olimpiadas se logró con mucho trabajo, disciplina, perseverancia y conocimiento. Estar constantemente en cursos me ha permitido mejorar, crecer como entrenadora y, a la vez ayudar, a los deportistas, mostrándoles que con actitud, esfuerzo y disciplina podemos mejorar su nivel.

¿Qué los diferencia?
El marchista boliviano tiene la ventaja de entrenar en La Paz y eso le da mayor resistencia. Ellos combinan varias técnicas.

¿Cuál es la mejor técnica?
Lo ideal es combinar el movimiento de los brazos de los españoles, el de las caderas de los mexicanos, la perfecta técnica de pies de los polacos y la fuerza de los chinos.

¿Cómo motiva a sus atletas?
Siempre está la motivación de representar al país. Con mucha sicología les he ayudado a creer en ellos mismos y luego a trabajar y trabajar como debe ser.

¿Qué le hace falta al deportista boliviano?
Condiciones las tienen. El problema es la falta de apoyo que impide que un deportista mejore, salga al exterior y tenga competencias internacionales que es lo que les permite ganar experiencia. Con apoyo podemos llegar más lejos. Para tener una mentalidad ganadora hace falta mucha actitud y disciplina.

¿Cuántas horas al día le dedica a los entrenamientos?
Como 10 horas, en promedio, pero muchas veces son hasta 13 o 14 horas trabajando con ellos para cumplir metas y objetivos. Termino de entrenar con algunos y otros comienzan, como Pablo Rodríguez, que estudia toda la tarde Gastronomía y entrena en la noche, es agotador para mí, pero no les puedo decir que dejen sus estudios por el deporte.

¿Qué debe tener un deportista de alto rendimiento?

Mucha actitud, perseverancia, disciplina, fe, confianza en sí mismo y sobre todo humildad, trabajo y buena autoestima. Debe creerse el primero y el mejor para llegar al éxito.

Parece que el atleta boliviano tiene una mente derrotista…
Creo que sí. Incluso a mi me pasó. Siempre la gente te minimiza y cree que no vamos a lograr nada, que estamos perdiendo el tiempo. Si trabajamos y tenemos la actitud ganadora sí se va a poder. Así hemos logrado que cuatro marchistas vayan a los Juegos Olímpicos.

Este es un proceso largo, un trabajo de muchos años, no es de la noche a la mañana. Wendy, por ejemplo, lleva trabajando 15 años; Ángela, siete años; Ronald, 12 años, y Marco, ocho años. Estamos en buen camino, vamos mejorando de a poco. Nuestro objetivo es estar entre los 10 mejores del mundo.

Pero hay muchas trabas…
Siempre se nos presentan adversidades, pero no le damos importancia. Solo pensamos en trabajar, trabajar y trabajar y así se consigue todo. Además lo que se hace con amor da buenos resultados. Por más que un entrenamiento sea muy sufrido, los chicos lo disfrutan porque es lo que aman y lo que les gusta hacer.

¿Ha ganado dinero?
Esa es la parte más dura. Con esta carrera se tienen muchas satisfacciones, pero no es una carrera lucrativa. El sueldo que percibo no es lo que merezco, pero me da para vivir. Quizás profesionalmente hubiese ganado mucho más. De hecho cuando era docente en el colegio y trabajaba doble turno, ganaba mucho más. Cuando me dediqué al 100% a entrenar a los chicos con miras a los Juegos Olímpicos, dije que iba a valer la pena. No es lo que quiero, pero es la realidad de nuestro deporte.

¿Se menosprecia el trabajo?
Lamentablemente al profesional boliviano siempre se lo menosprecia. Se cree que los extranjeros están mejor preparados y tienen más conocimientos o que un medallista olímpico es mejor entrenador y sabe más y no es así, es menospreciar el conocimiento y esfuerzo de muchos bolivianos que sí lo podemos lograr.

¿Vale la pena el esfuerzo?
Por supuesto. Cuando nos vayamos de este mundo no nos llevamos nada, entonces ¿de qué sirve acumular dinero o riquezas? Lo más importante son los logros, las satisfacciones que nos da nuestro trabajo y nuestro esfuerzo.

¿Qué se necesita para ganar?
Para llegar lejos lo que determina es la actitud y la disciplina. En el deporte, muchas veces la indisciplina es la causa del fracaso, porque para ser un atleta de alto rendimiento sacrificas muchas cosas. Dejas de lado la familia, el entretenimiento, las fiestas, porque te abocas un 100% a tu sueño olímpico. Mientras los jóvenes los sábados salen a divertirse, ellos están entrenando duro y deben descansar para reponer las fuerzas y volver a entrenar el domingo.

Muchos desertan…
Esa es una de las causas para que muchos deportistas abandonen. Otra es el estudio, porque la familia presiona y dicen que no van a poder cumplir con las dos cosas. Yo les digo que sí se puede. Tengo a Ronald, ya graduado como profesor de Educación Física y muchos otros están cursando una carrera. Las dos cosas se pueden, pero demandan mucho esfuerzo. Si le aumentas una tercera actividad que son fiestas, seguro que no va a dar.

¿Cuál es su mayor sueño?
Una medalla olímpica. Es el sueño de los entrenadores, quizá no a corto plazo, pero con esfuerzo y dedicación lo podemos lograr. Dios quiera que en los próximos Juegos Olímpicos podamos acercarnos a una medalla.

Realizada y feliz
Eso hizo que no tenga una familia propia…
Quizá, pero es una decisión personal. Para ser feliz no siempre necesitas un marido e hijos. Parte de la felicidad es hacer lo que más amas en tu vida. Realizarte profesionalmente, viajar, disfrutar de tu libertad, que para mí es lo que más quiero. Si me hubiese casado, no sería entrenadora, me hubiese abocado a mi familia.

En lo que decides ser, debes ser excelente; yo elegí ser la mejor entrenadora de marcha y lo estoy cumpliendo. No me arrepiento en absoluto de mi elección.

¿Cómo fue su niñez?
Muy linda. Viví rodeada de mucho cariño, en medio de la naturaleza, disfrutándola porque mis padres eran profesores rurales. Me crié en un pueblo y paraba en la calle por todos lados con mi bicicleta, siempre inquieta, me gustaba correr. En el campo se vive muy lindo. A mis 12 años me vine a La Paz, a vivir con una tía, a proseguir con mis estudios. Mis hermanas fueron a un internado. Fue una etapa muy hermosa

¿Con quien vive?
Con mi mamá y mis dos hermanos menores, Hugo, que es agrónomo y Fernando, que es abogado. Además tengo mis cinco hijitos de cuatro patitas, y mi loro parlanchín, Hipólito. Pobrecita mi mamá que la dejo al cuidado de todos, durante gran parte del día, pero le gusta.

¿Nunca se enamoró?
Claro que sí, pero no le di mucha importancia.

¿Es feliz?
Soy muy feliz, he logrado todo lo que me propuse en la vida. Amo a mi familia, a mis sobrinos y a mis hijos de cuatro patas. Me gusta la vida misma y trato de vivirla y de disfrutarla a mi manera. El deporte me ha dado muchas satisfacciones, tengo el apoyo de mi madre y de mis hermanos. Cuento con bendición de mi padre que falleció hace 12 años y que me inculcó buenos valores.

¿Es una tía consentidora?
Soy una tía demasiado consentidora. Valeria es la que acaba con todo, tengo mis sobrinos en Santa Cruz a los que amo mucho, Juan Pablo, Paola, Gabriela, Julio, Wálter, Ignacio, Nicol, Raúl y Valeria.

De su vida, ¿qué aspectos aplica a los entrenamientos?
La disciplina personal. Soy muy disciplinada en todo. Desde que me levanto hasta que me acuesto. Eso me ha llevado al éxito. He dejado de lado todo lo que me distraía de mis metas y no me arrepiento porque soy así. Para muchos, soy demasiado exagerada, pero para disciplinar al resto yo tengo que dar el ejemplo para que los demás me sigan. Si voy a andar de fiesta en fiesta o bebiendo, ¿cómo puedo decirles a los chicos que no salgan, que no se desvelen o que no tomen bebidas alcohólicas? Quiero que sean excelentes, ser mediocres no es una opción.

En su vida personal, ¿cuáles son sus medallas de oro, plata y bronce?
La de oro es Dios y mi fe. Es lo fundamental y lo más importante en mi vida. Para todo ser humano, la bendición más grande es tener esa fe, después viene todo lo demás. No hay verdad absoluta que no sea la de Dios. La de plata, haber tenido mis padres y la familia que tengo. La de bronce, son mis deportistas.

Con sus atletas en el Sudamericano. En el sudamericano de marcha Marco Rodríguez, Ángela Castro y Wendy Cornejo trajeron medallas para el país.

Con sus atletas en el Sudamericano. En el sudamericano de marcha Marco Rodríguez, Ángela Castro y Wendy Cornejo trajeron medallas para el país.

Pasatiempos y algo más

¿Cómo es su día a día?

Me levanto a las 6 am. Padezco del síndrome de limpieza, no sé si es una virtud o es un defecto, pero exagero mucho. Acomodo, dejo todo limpio y me voy a los entrenamientos. Mi día puede terminar a las 19:30 o a las 22:30, dependiendo de mis atletas. Al volver a la casa, llego a limpiar. También me gusta mucho leer.

¿Qué lee?
Ahora estoy leyendo un libro de autoestima para ayudar a los chicos, se llama Si crees puedes. También estoy leyendo Lesiones frecuentes, sobre fisiología deportiva. Me gusta actualizarme y con el internet hay muchas facilidades.

¿Y su pasatiempo favorito?
Escuchar música, me encanta.

¿De no ser deportista, qué hubiese sido?
Una gran trabajadora social. Me formé en la UMSA e hice mi trabajo dirigido en el Club Bolívar del 2000 al 2004. Quizá cuando me retire del deporte, me dedique a esta carrera, que me encanta. Amo ayudar a las personas.

Cuando no está trabajando, ¿qué hace?
Estar en familia. Amo estar en la casa rodeada de mis sobrinos y de mis hermanos. Somos una familia muy unida. Tengo la bendición de contar con una familia que me da su apoyo, que es el más importante de mi vida. Disfruto de compartir un almuerzo con ellos.

¿Qué le gusta comer?
De todo, pero me encanta la comida camba, en especial el majadito, la sajta de pollo y el picante de lengua que prepara mi mamá.

¿Hace dietas?
Trato de comer sano y de mantenerme bien haciendo ejercicios por salud, para que mi vejez no sea tan triste.

¿Alguna rutina de belleza?
No soy muy afecta al cuidado de la piel. Llego tan cansada que solo quiero dormir. Un buen baño y algo de crema y descansar es lo que hago todas las noches.

¿Defecto?
Reniego mucho y con facilidad. Me gusta la perfección y que se hagan las cosas como digo y como quiero, y cuando no salen así, me enojo. Soy muy exigente conmigo misma y con los demás. Ese es mi mayor defecto.

¿Algún vicio?
Me encanta el chocolate, siempre tengo uno en mi bolsillo. Cuando compiten los chicos me llevo un chocolate a la boca porque así me controlo de no gritar, para no poner nerviosos a los chicos. Si tus atletas te ven inquieto, ellos se ponen igual

Fuente: eldeber.com.bo