La ‘política de choque’ de David Choquehuanca


Diplomacia de confrontación. El Gobierno está resuelto a hacer respetar los derechos de Bolivia por las buenas o por las malas. ¿Quién se beneficia con esta política? Analistas y excancilleres alertan porque, al final del proceso, Bolivia tendrá que dialogar con Chile

relaciones turbulentas bolivia acusa a chile de violar el tratado de 1904; santiago lo niega  David Choquehuanca resolvió mover sus fichas en Arica y Antofagasta

Relaciones turbulentasBolivia acusa a Chile de violar el Tratado de 1904; Santiago lo niega
David Choquehuanca resolvió mover sus fichas en Arica y Antofagasta

Carlos Morales Peña – [email protected]



Por momentos pareciera que la sangre amenaza con llegar al río. No al río Lauca ni a los ‘manantiales’ del Silala en la frontera que comparten Bolivia y Chile, sino a las turbulentas relaciones entre los gobiernos de los ‘socialistas’ Evo Morales y Michelle Bachelet. De fondo: la demanda marítima boliviana por un acceso soberano al océano Pacífico.

Dos juicios internacionales están en marcha en la Corte Internacional de La Haya. Uno presentado el 24 de abril de 2013 por La Paz para obligar a Chile a negociar una salida soberana para Bolivia; y, el otro, elevado por Santiago contra Bolivia para que el Tribunal Internacional defina si el Silala es o no un río de cauce internacional.

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“Si bien puede ser beneficioso políticamente hacia adentro y coadyuvar al posicionamiento de David Choquehuanca como presunto candidato en reemplazo electoral del actual presidente, en el exterior es potencialmente contraproducente y le resta credibilidad a la posición boliviana”, dice José Rafael Vilar.

Lo anterior es condimentado por la decisión del canciller David Choquehuanca de encabezar una comisión nacional para inspeccionar los puertos de Arica y Antofagasta para denunciar el presunto incumplimiento del Tratado de Paz de 1904. Esto fue considerado en La Paz como un hito en esta política “más allá de los tribunales”. Todo, en el contexto de una realidad política compleja en ambos países.

Especialmente para el Gobierno de Evo Morales, cuya popularidad se ha puesto en riesgo después de escándalos que estallaron a comienzos de este año y que golpearon en los resultados del referéndum del 21 de febrero, que le cerró la puerta -por ahora- a otra reelección en 2019. El tema marítimo tiene efecto inmediato, enciende fervores nacionalistas y los sondeos se modifican al compás de las afrentas, y la retórica belicista ya entró en escena.

“Cuando un boliviano ve el Lauca le hierve la sangre. Y uno dice: estoy dispuesto a derramar sangre, a pelear para recuperar lo que es nuestro, para reclamar nuestro derecho”, dijo Choquehuanca al diario Página Siete. El vicepresidente Álvaro García Linera tampoco se contuvo y arengó ante efectivos militares que las FF.AA. de Bolivia estaban preparadas para defender su integridad territorial y acusó al Gobierno chileno de convertir a Chile en un “Estado pirata”, que “utiliza la diplomacia del matonaje de los siglos XVII, XVIII y XIX”.

Con la sangre
“Hay una constante en el accionar externo del Gobierno de Evo Morales en los últimos 10 años: su política exterior está destinada más a conseguir réditos internos que a obtener propósitos que coadyuven los altos intereses del país más allá de nuestras fronteras”, dice Fernando Salazar Paredes, exministro de Estado y ex representante de Bolivia ante la OEA a principio de los 80. De hecho, le correspondió negociar la resolución de ese organismo en 1983, una de las pruebas usadas por Bolivia para demandar a Chile en La Haya.

Según el exministro, las declaraciones de personeros del Gobierno boliviano son más para consumo interno, pues hay una necesidad apremiante de convencer a las grandes mayorías del patriotismo del que están imbuidos sus actuales dirigentes: “En lo externo, a más de aumentar el distanciamiento con un país con el que supuestamente queremos dialogar, no tiene ninguna significación real ni trascendencia en términos de conseguir algo que nos reporte un beneficio a nuestros intereses”.

Las críticas también son compartidas por otro ex representante boliviano ante la OEA. Se trata de Marcelo Ostria-Trigo, exviceministro de Relaciones Exteriores y ex secretario general de la Presidencia de Hugo Banzer. De hecho, estuvo en la comitiva boliviana en el Acuerdo de Charaña celebrado entre los gobiernos de Banzer y Pinochet.

“Es un lenguaje lastimero, alejado del que es usual entre dignatarios de Estado. Tiene, además, una elevada dosis de confrontación. Estas autoridades sugieren la posibilidad de un conflicto armado boliviano-chileno con víctimas, seguramente convencidos de que, por lo menos en esta etapa de la historia de América, no se va a producir una guerra”, dice Ostria-Trigo, quien agrega: “Es parte de una pose que no convence a nadie. Hay otras formas -civilizadas, por cierto- de reclamar derechos de un país a otro; son formas respetuosas, claras en la demanda y con objetivos precisos apoyados en afirmaciones creíbles. Esto está consagrado en el trato diplomático cuando se negocia, reclama o denuncia. Los golpes de efecto, si no son en este contexto, resultan contrarios a lo que se pretende conseguir”.

El político sostiene que la demanda presentada por el país ante La Haya apunta a establecer la obligatoriedad de Chile a negociar una salida al mar con Bolivia. Ante un eventual fallo positivo para su país, las declaraciones confrontacionales no contribuyen a crear un clima proclive a la negociación.

Los analistas políticos de La Paz tampoco ven con buenos ojos la arremetida del Palacio Quemado. José Rafael Vilar, experto en política internacional y procesos globales apunta, incluso, a que la estrategia esté enfocada en una eventual candidatura presidencial de Choquehuanca. “En lo exterior -más en un contexto regional cada vez menos proclive a la política del país- potencialmente es contraproducente y le resta credibilidad a la posición boliviana”, explica.

Quien pone otro foco es Iván Finot, analista internacional, ex asesor de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) y miembro de las Maestrías para el Desarrollo de la Universidad Católica Boliviana (UCB), quien sostiene que el lenguaje belicista es aceptado porque, de alguna forma u otra, interpreta el sentir de la mayoría de los bolivianos. Apunta, eso sí, a que el problema estuvo en la comitiva que encabezó David Choquehuanca a los puertos del norte de Chile.

“Las palabras del canciller no me parecen confrontacionales, sino que nacen de un sentimiento que compartimos los bolivianos”, argumenta. “En cambio, la visita no concertada de una delegación de altísimo nivel ocasionada porque nuestros choferes se habían quedado sin garajes y alojamiento en Arica, sí me parece inadecuada: la humanidad fue desarrollando protocolos diplomáticos universales para entendernos entre culturas diferentes; en relaciones internacionales para dialogar hay que seguir obligatoriamente esos caminos para evitar la confrontación”.

José Vilar apunta a que la visita de Choquehuanca a Chile fue negativa para los intereses marítimos bolivianos. “Circunstancialmente, en lo que refiere a dificultades para el transporte boliviano en los puertos asignados, cumplió el cometido de constatar falencias y dificultades y denunciarlas. En las relaciones internacionales, fue mal diseñada y realizada, aprovechando Chile para denunciarla con ribetes de ‘intromisión extranjera’”.

Pasión autodestructiva
Fernando Salazar Paredes ensaya, incluso, una crítica más profunda y generalizada a la política exterior del Gobierno de Morales. “En una evaluación serena y objetiva de la política exterior del actual Gobierno desde sus inicios, tendremos que concluir que hay una pasión autodestructiva que emerge de la belicosidad con la que se maneja la relación con ciertos países y la dócil sumisión para con otros”, sostiene.

Explica que su país muestra una preocupante tendencia “impulsivamente pendenciera”: “En política internacional, hay reglas de juego objetivadas en tratados, convenciones y convenios. No podemos pretender estar por encima de ellos, debemos respetarlos. No somos todopoderosos, ergo, toda acción que se toma, basados en esa ilusoria noción de que somos el ombligo del mundo, tendrá una reacción”.

Morales sostiene que Chile comete atropellos en la zona del manantial Silala, pero pide diálogo a Bachelet

Morales sostiene que Chile comete atropellos en la zona del manantial Silala, pero pide diálogo a Bachelet

¿Diálogo? ¿Cuál diálogo?
Pese a todo, el Gobierno boliviano demandó abrir diálogo entre Morales y Bachelet. ¿Es razonable el pedido en este contexto? La visión de los expertos consultados es pesimista.
“Quienes manejan la política exterior boliviana ¿recién ahora se dan cuenta de que Muñoz es un obstáculo para el diálogo? Siempre lo fue, y si lo cambian o no es irrelevante ya que vendrá otro con la misma posición”, dice el exministro Fernando Salazar.
“La guerra verbal con Chile ha llegado a extremos que no se puede solucionar con un pedido de diálogo”, dice Salazar.

El punto es que, según los expertos, el Gobierno necesita tomar conciencia de que el retorno al diálogo será, en adelante, cuesta arriba y cuando, inevitablemente se llegue a él, habrá que iniciar un largo camino para recuperar la confianza, requisito indispensable para sentarse en una mesa de negociación. En política internacional, dicen, no hay borrón y cuenta nueva. Todo queda registrado e incide en futuras negociaciones.

Marcelo Ostria-Trigo advierte: “Parece que ya está resuelto. Chile no acepta un diálogo en este contexto. Habrá que esperar que cambie el ambiente, con una baja de tensiones que produjeron la torpeza compartida. Habrá que explicar que estos excesos se producen porque se trata de un tema muy sensible en la opinión pública, y los personeros oficiales de los dos países se embarcan en una absurda competencia de quién es el más patriota”.

José Vilar apunta a que las declaraciones confrontacionales a ambos lados de la mesa hacen del diálogo un elemento inviable. “En el actual momento en que hay una escalada de declaraciones confrontacionales de ida y vuelta y sin la necesaria distensión, para la opinión pública chilena el diálogo en medio de ello puede percibirse como una claudicación, y para la boliviana como una victoria estratégica. Debe primar una distensión que anteceda al diálogo, posiblemente mediada por un organismo creíble; descarto Unasur”, explica.

El factor Muñoz
También llaman la atención las respuestas de parlamentarios chilenos, especialmente de quienes han sido más activos en esta miniguerrilla de declaraciones, como el senador Jorge Tarud, quien disparó hace pocos días en EL DEBER: “Es mejor que Evo Morales guarde el celular y no llame a la presidenta Bachelet”, advirtió a raíz del llamado de Morales para abrir un diálogo directo con Bachelet.

Marcelo Ostria-Trigo responde: “Lamentablemente eso es parte de la escalada de agravios. Me parece que esos senadores y diputados han caído en lo que debían evitar: la confrontación estridente que muestra a funcionarios de ambos países como protagonistas de una discusión de muy bajo nivel”.
Pero el político chileno más cuestionado en Bolivia es, quizás, el canciller Heraldo Muñoz.

Al respecto, Fernando Salazar Paredes califica la historia de la relación entre Morales y Muñoz como incoherente. “La incoherencia es una característica de la política exterior de este Gobierno. Recuerdo cómo el presidente Evo Morales recibió a este personaje (Muñoz) en el 2012 en palacio con bombos y platillos. Era un funcionario de tercer nivel del PNUD, pero se dio el lujo de ser recibido por el presidente, el canciller y otras autoridades y creo que hasta jugó fútbol con el primer mandatario. Nadie revisó su pasado, nadie reparó en sus antecedentes”, sostiene y agrega: “Muñoz es uno de los pocos cancilleres chilenos que han conocido la Bolivia profunda, pues en los años 80 recorrió gran parte del territorio nacional”.

Vilar tiene una opinión algo diferente. “Aunque Muñoz haya sido el más activo en las confrontaciones hasta el momento desde el lado gubernamental -del lado político el protagonismo lo ha tenido el senador Tarud-, no lo considero como obstáculo para el diálogo”. Lo que teme, dice, es que de ser reemplazado sea sucedido por alguien más confontacional, como José Miguel Insulza o Jorge Tarud. Y así el remedio podría ser peor que la enfermedad

Fuente: eldeber.com.bo