El Movimiento de Países No Alineados, una reliquia de la Guerra Fría con declinante protagonismo diplomático, inauguró su cumbre 2016 en la Isla Margarita, en Venezuela, con muy escasa convocatoria.De 120 países integrantes del bloque sólo participan siete mandatarios, incluyendo al anfitrión Nicolás Maduro. Han llegado el dictador cubano Raúl Castro, el tirano de Zimbabwe Robert Mugabe, el circunstancial jefe de gobierno de la teocracia iraní Hasán Rohani; los déspotas electivos de Ecuador y Bolivia, Rafael Correa y Evo Morales; más el presidente de El Salvador, el redundante Salvador Sánchez.La minicumbre de autocracias no es, por tanto, el escenario que el chavismo deseaba para simular algún tipo de respaldo internacional, sobre todo tras el duro revés sufrido por Miraflores en el Mercosur y la presidencia pro témpore justamente negada.En lo que va de la reunión, los delegados han hecho gala de la tradicional retórica tercermundista, tan pomposa como hueca, donde únicamente sobresalen dos puntos detectables entre líneas: el discurso de la “defensa de la soberanía y la no injerencia”, con lo que se busca el mutuo blindaje entre regímenes antidemocráticos; y la apelación a una “mayor cooperación norte-sur”, lo que en buen castellano equivale a pedirle más platita a los denostados imperios capitalistas.En suma, toda la parafernalia del turismo revolucionario con fondos públicos implementada en la Isla Margarita no ha hecho otra cosa que corroborar lo que el analista Andrés Oppenheimer llama “la soledad de Maduro”…[email protected]