Un lío familiar dentro de un poderoso clan dedicado a la prostitución y la trata de personas ha desnudado una sórdida realidad que viven miles de jovencitas en el país que caen en manos de empresarios sin escrúpulos y con solventes contactos políticos. El caso Katanas muestra que esta actividad ha florecido tan espectacularmente como otros negocios típicos del «proceso de cambio» y se ha mantenido intocable seguramente por las mismas razones que llenan de sospechas a nuestras autoridades nacionales. De no haber sido porque los proxenetas pelearon entre ellos y se denunciaron, este caso, que desafía en crudeza a las realidades que pintan las películas, se hubiera quedado en el anonimato. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta del tamaño del problema y solo falta dar una simple ojeada a los avisos de solicitud de personal que aparecen en algunas publicaciones para llegar a la conclusión de que este ilícito es de gran tamaño y con seguridad está relacionado con el auge del narcotráfico que, ante tanta saturación, ha decidido diversificarse. El rumbo que tomen las investigaciones del caso Katanas demostrará si nuestras sospechas están equivocadas o no.
Fuente: eldia.com.bo
