


- El impostor. Alguien que pretende ser algo que no es, como un novio, una hermana mayor, un padre, etcétera.
- El proveedor. Alguien que se ofrece para encargarse de las necesidades de la persona, como el vestuario, la comida y el lugar donde vivir, o de sus deseos, como tener los mejores celulares y carteras, asistir a las mejores fiestas, etcétera.
- El que promete: Alguien que promete acceso a grandes cosas, como un trabajo increíble, un elegante estilo de vida, viajes, etcétera.
- El protector: Alguien que usa el poder físico o la intimidación para proteger (pero también para controlar) a una persona.
- El castigador: Alguien que usa la violencia y las amenazas para controlar a una persona. Cuando los disfraces anteriores ya se han agotado, un explotador suele convertirse en este último personaje para mantener el control.
El programa no sólo ayuda a los jóvenes y adultos a reconocer esos disfraces sino que les enseña a los jóvenes cómo cultivar relaciones sanas y auténticas que permitan que tengan una vida exitosa en el futuro.El poder de la empatíaComo músico, cuando tenía 20 años o algo así, fui invitado a ser mentor de un acercamiento con rap y hip hop a miembros de pandillas de Nueva York y jóvenes en riesgo. Muchos de ellos habían sido explotados bajo la forma del reclutamiento, y a medida que iba conociendo sus historias, deseaba haberlos encontrado antes de que hubieran caído en el crimen.Nuestros jóvenes experimentan situaciones que no pueden controlar y los victimarios se aprovechan de ello para tomar ventaja. A medida que aprendíamos de las formas de presión y atracción de los demás, comenzábamos un intercambio de empatía. Nos hicimos amigos, empezamos a colaborarnos mutuamente y a ponernos en los zapatos del otro.Para entender la empatía hay que compararla con la apatía y la simpatía. La apatía es la indiferencia frente al sufrimiento de alguien. Conduce a un estancamiento social que hace que los problemas que enfrentamos como comunidad sean prácticamente imposibles de resolver. La simpatía es sentirse mal por el sufrimiento de otros. Pareciera ser una buena respuesta, pero sentirse mal por alguien no arregla el problema porque no es algo activo. La empatía, en cambio, es una respuesta activa al sufrimiento de los otros. No podemos resolver la explotación y el tráfico humano mirando para otra parte. Sólo podremos combatirlos si participamos de la solución.Tanto niños como niñas necesitan entender los deseos y presiones de los otros. Las mismas presiones que pueden hacer que una niña sea vulnerable a la explotación pueden hacer que un niño lo sea también. Ambos pueden ser víctimas. Ambos pueden convertirse en los victimarios. En ambos casos, llevar una conversación con base en la empatía ayuda a niños y niñas a entender y empatizar con el otro.Podemos lidiar con la injusticia en nuestras comunidades poniendo sacos de arena hacia abajo y reaccionando al problema, o podemos usar de manera intencional estrategias hacia arriba, antes de que el problema se agrave.La buena noticia es que cuando la explotación se encuentra con una comunidad de empatía, pierden la apatía y la explotación, y la justicia gana. En las próximas décadas, veremos al problema de la explotación infantil y nos tendremos que preguntar: ¿Atacamos las raíces del problema para proteger a nuestro jóvenes?Fuente: www.cnnespanol.cnn.com