Renzo AbruzzeseLa crisis del agua que asola a la ciudad de La Paz y a algunas otras regiones del país desvela la naturaleza de un gobierno cuando todo el Estado es considerado un botín de guerra. Seguramente, los argumentos que el oficialismo esgrimirá pretenderán encontrar las razones en el pasado ‘neoliberal’, en una oposición sin proyecto, en el calentamiento global. Argüirán que las grandes capitales del mundo pasan situaciones similares (falso por cierto) y si todos estos enunciados caen por su propio peso, nada raro sería escuchar de algún prominente miembro del Gobierno que judicializará a San Pedro y a todo su séquito celestial.Lo cierto es que, en este particular caso, todas las explicaciones caen en saco roto. Que las represas que proveen el líquido vital a las ciudades de La Paz y El Alto estén en sus niveles más bajos nunca antes registrados, solo es posible cuando se toman las instituciones del Estado como si fueran feudos de un partido, sin ningún otro criterio que no sea el político. Solo bastaría recordar que el gerente de Epsas es estudiante universitario de una carrera en el campo de las ciencias sociales; de recursos hídricos y toda la compleja mecánica que supone su control, distribución, procesamiento y manejo sabe tanto como yo sé de física cuántica, es decir, apenas lo elemental.Que el Gobierno se defienda diciendo que en los 20 años de neoliberalismo nunca se invirtió tanto en agua como en los 11 que lleva Evo Morales, solo hace evidente el carácter de botín con que se manejan los puestos públicos o, en su defecto, la absoluta ineficiencia para administrar técnica y adecuadamente tanto dinero. Con seguridad, los neoliberales, que no disponían semejantes cantidades, lo hicieron infinitamente mejor.Que el presidente hubiera pedido disculpas y echado de sus puestos a los ineptos que crearon semejante situación en la población de ambas ciudades no lo exime de responsabilidad alguna. Los funcionarios que llevaron a más dos millones de ciudadanos en ambas ciudades al extremo de no poder darse un baño o lavarse los dientes, no eran alienígenas, fueron activos militantes del MAS, parte de esta tienda política, privilegiados y premiados por el Gobierno para escarnio de hombres, niños, mujeres y ancianos que confiaron en un Gobierno que prometía hacerlo mejor y que, a la luz de estos y otros escándalos, solo ha probado (al menos en este orden de cosas) ser peor que todos los gobiernos anteriores juntos.El Deber – Santa Cruz