La cárcel como mecanismo de liberación


Alejandro Peña Esclusa

ape Desde hace dos años he estado esperando mi encarcelamiento, debido al trabajo tan efectivo que vengo realizando en contra del señor Chávez y de sus aliados del Foro de Sao Paulo. En los próximos días y semanas se irá divulgando el alcance de dicho trabajo.

Amigos y conocidos, e incluso mis compañeros de UnoAmérica en todo el continente, me insistieron en que debía salir de Venezuela y trabajar desde afuera. “En el exterior podrás ser más útil a la causa; en la cárcel estarás anulado”, me decían.



Sin embargo, yo les contestaba: “Venezuela necesita líderes dispuestos a sacrificarse por su patria. Hay tanto desencanto, tanto descreimiento, que debemos proporcionarle al país, dirigentes que den testimonio de su amor por Venezuela. Es la única forma de levantar la moral del pueblo”, les dije.

También les he reiterado a mis compañeros que esta lucha no es sólo política, sino primordialmente espiritual. A un modelo materialista y ateo no se le vence con recetas políticas, sino con valores y principios trascendentes, encarnados en líderes que, con su ejemplo, infundan optimismo y esperanza.

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Fue Juan Pablo II quien derrotó el comunismo en Polonia y no la actuación política, aunque la colaboración de Solidarnosc fue fundamental. Aquí aprovecho para acotar que Fuerza Solidaria, la organización que presido, está inspirada en aquella misma lucha; de allí su nombre.

Por lo dicho anteriormente, mi encarcelamiento no sólo podría contribuir a la liberación de Venezuela de las garras del Castro-Comunismo, sino que paradójicamente también me ayuda a liberarme a mi mismo.

Siento que mi vida cobra un significado especial, porque no vivo para mi propio beneficio, sino para una causa que es superior a mí.

Si con la cárcel mis adversarios pensaban mantenerme prisionero, han logrado justamente lo contrario, han liberado sentimientos y emociones indescriptibles, de aquellas que hinchan el corazón de amor por la patria.

A mis queridos compatriotas les reitero:

¡No tengan miedo! ¡Animo, tengan esperanza!