Un proyecto generó o mejoró la resiliencia de 20 comunidades de Bolivia.
- Puerto Yumán. El albergue servirá para que niños, mujeres y ancianos se resguarden en las riadas. Foto: Jorge Castel
“Me han capacitado sobre las riadas y también sobre planes de contingencia para las familias”, sostiene el vigía, antes de recordar que 2014 fue el año más complicado para su comunidad. “La mitad somos collas y la otra, cambas”, dice el responsable de dirigir las acciones cuando el río Beni amenace con sus crecidas y vela por el bienestar de la población, lo que sucede en especial en época de lluvias, más precisamente en enero y febrero.Los planes de contingencia para afrontar las crisis son diseñados por cada comunidad, aunque lo esencial es poner a la gente a buen resguardo (en los refugios), organizar el salvataje y tener alimentos asegurados. Cada comunidad tiene delegados para cumplir con estas tareas y para velar por el buen uso de los equipos proporcionados por el proyecto.Luz Marchani, tesorera de Altamarani, relata que el mayor problema para las mujeres era conseguir agua para consumo, porque el pozo del que sacaban el líquido se volvía inservible cuando las riadas impedían el transporte del diésel que alimenta el extractor. “El agua volvió con la tecnología. Se instaló un panel que hace funcionar la bomba que lleva el agua desde el pozo de 32 metros” de profundidad “hasta el tanque elevado”, el cual “tiene una reserva para tres días. Ahora no nos falla” el abastecimiento, “tenemos agua todo el día”, cuenta con una sonrisa de alivio.“Cobramos por el agua que se utiliza y ese fondo lo ahorramos en el banco para cualquier emergencia o repuestos”, indica Marchani. “Otra ventaja es que el panel fotovoltaico es fácil de desarmar si es que surgiera una emergencia”, añade.DESARROLLO. Con estas mismas bases Soluciones Prácticas capacitó a la población de Puerto Yumán, ubicada en el municipio de Rurrenabaque, en la provincia Ballivián de Beni, comenta Felicia Yumani, secretaria de Hacienda de la comunidad.“Aquí, con la inundación, el agua llega a un metro y medio, ese es el problema. Ahora tenemos un albergue —porque lo necesitábamos— que nos servirá para subir a los niños, a las embarazadas y a los ancianos. La ONG dio una parte del dinero para la construcción de la cabaña “y la comunidad puso la contraparte con la mano de obra”, asevera.Otro de los avances, agrega, fue la cosecha de lluvia. “Próximamente perforaremos un pozo para replicar la experiencia de Altamarani”. Jafed Porko, secretario de Agricultura de la comunidad, afirma que ya tienen 5.800 plantines de naranja tardía, mandarina y cacao, “para que ayuden a los ingresos de la comunidad en los próximos cuatro años”.Los agentes de cambioRecursosEl proyecto de incremento de resiliencia fue financiado por la Unión Europea e implementado por el consorcio Victoria Regia, integrado por el PNUD, Unicef, Soluciones Prácticas, Ayuda en Acción, OIM, Christian Aid y la Fundación Salud Río Beni, liderada por la FAO.BeneficiosEl trabajo conjunto redujo la vulnerabilidad a los riesgos de desastres de más de 7.000 familias de 69 comunidades indígenas en el departamento de Beni y el norte de La Paz.
- Energía. El panel solar hace funcionar la bomba extractora de agua. Foto: Jorge Castel
Aluviones dañaron a 81 mil familias en 5 añosEn el periodo 2010-2014, los eventos climatológicos afectaron al menos a 81.000 familias en las cuencas hidrográficas de la Amazonía, de acuerdo con datos del Viceministerio de Defensa Civil que maneja Soluciones Prácticas.“De 2010 a 2013 se registraron 118 eventos, el 70% fueron inundaciones que afectaron a más de 60.000 personas. En 2014, más de 21.000 familias en 400 comunidades en las cuencas de los ríos Beni y Mamoré fueron afectadas con las inundaciones en temas productivos, de saneamiento y servicios básicos y de estructura familiar y comunal”, cita el reporte.Debido a las intensas lluvias estacionales que caracterizan a la región del trópico húmedo, agrega, las cuencas hidrográficas de la Amazonía suelen registrar severas inundaciones que, a su vez, provocan efectos adversos en la salud y en la seguridad alimentaria de la población, y afectan la estabilidad social, ambiental y económica de la región, atentando incluso contra la vida del ser humano.“La mayor parte de esa población vive por debajo de la línea de pobreza, con servicios básicos inseguros o inexistentes”, indica la ONG, una de las ejecutoras del proyecto “Incremento de la preparación y resiliencia en las cuencas de los ríos Beni y Mamoré.

